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- 17/09/2023 00:00
Decodificando valores: celebraciones
Este mes de septiembre judíos en todo el mundo celebran un intenso periodo de fiestas anuales. Entre ellas está Rosh Hashana, el año nuevo (según este calendario el año 5784); Yom Kipur, día de ayuno en el que se pide perdón o expiación; Simjat Tora, la fiesta en el que se termina de leer el Pentateuco y Sukot 'la fiesta de las cabañas' que celebra la cosecha y el Éxodo egipcio. ¿Cuál es la razón de ser, la raison d´etre, de estas y todas las celebraciones? ¿Cuál es su valor práctico?
Biológicamente, los humanos recordamos más experiencias negativas que positivas, como qué tipo de planta es dañina y en que cueva se esconde el predador. Celebrar nuestro nacimiento puede ser agradable, pero no me salvará la vida. Pero como reconoció Aristóteles hace unos 2300 años, somos un “animal social” y estas celebraciones evolucionaron para acentuar eventos positivos e importantes a la sociedad, fortificándola. No habría lógica en celebrar algo estando solos en una isla, como señaló famosamente John Donne, “ningún hombre es una isla”.
Con el crecimiento de las sociedades, líderes crearon celebraciones según el clima, la agricultura y para enraizar su poder. Las fiestas refuerzan la identidad nacional, impulsan el comercio y en general alientan a la población trabajadora y pagadora de impuestos. El cumpleaños del rey, por ejemplo, pasó con el tiempo a celebrarse popularmente hasta las conocidas canciones, regalos y cake, que forman parte del canon festivo mundial de hoy, sin ningún vínculo local o religioso. Celebraciones como El Nouruz, el año nuevo persa que se celebra hasta hoy, se calcula comenzó hace unos tres mil años, coincidiendo con la cosecha y el equinoccio primaveral (el 21 de marzo).
Estas y demás celebraciones exponen los valores sociales de la sociedad. Si se celebra el Pentateuco, se celebran los 10 mandamientos; si se celebra la naturaleza, la tierra; si se celebra el cumpleaños, la vida, etc. Estas celebraciones reflejan la escala de valores de la sociedad, ya sea la apreciación de la naturaleza o del materialismo como pasa con la Navidad y el Black Friday. Es nuestro deber enseñar a los jóvenes sobre los valores originales de estas celebraciones como en el pasado, cuando probablemente valoraban lo material, pero menos que hoy.
Estas celebraciones también se crearon para romper con la monotonía agonizante de la rutina diaria que se vivían en esos tiempos agrícolas, mucho antes del transporte y las comunicaciones en masas. Actualmente, más que un enmarcamiento religioso o personal, ellas optimizan nuestras vidas dentro de una declinante vida social, víctima del aislamiento físico y mental de las redes sociales y el smartphone. Una persona que reside sola podrá sufrir menos de la soledad al ser invitada a celebrar un cumpleaños o una cena de Navidad. El simple hecho de salir de su casa una vez al día o a la semana, a la casa de oración o a reunirse con otras personas, aumentará su bienestar y disminuirá su soledad.
Estas celebraciones anuales son tan populares que se han expandido a 'días internacionales' como el día del teatro, del periodista, del gato (el 8 de agosto) y hasta del amante (el 13 de febrero, qué sorpresa). Algunos podrán parecer ridículos, pero igual no hacen daño. Lo importante es celebrar la vida en sociedad, pues en cualquier momento podemos caer en la soledad o nuestras vidas podrán cambiar negativamente. Lo importante es compartir con los demás, celebrando el simple hecho de estar vivos, conscientes y capaces, de tener familia, amigos o compañeros, algo que podríamos no valorar hasta que ya sea muy tarde.
La soledad es un sufrimiento oscuro y la sociedad fue creada para ofrecer esa luz que contrarreste nuestra primitiva naturaleza de recordar más las dificultades de la vida que sus beneficios. La amistad proporciona significado a la vida y las celebraciones forman parte de esta alianza social. Por eso le pido, estimado lector, que celebre todo lo que pueda, ya sea el cumpleaños de su vecino, la graduación de su sobrino o una simple visita. Toda celebración es mejor cuando la compartimos con nuestras amistades, el origen de la felicidad. Piense en aquellos que quieran celebrar con usted y que, por alguna razón, usted no los invita. Piense en ellos, pues quizás la próxima vez, el que no sea invitado sea usted.