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- 26/03/2021 00:00
A los 405 años de la muerte de Cervantes
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Agrega La Estrella en Google ↗️Aunque parezca ser una irrelevancia o contradicción, ¿vale igual ser un “quijotista” que un “cervantista”? Si bien la vida de Cervantes se mezcla con la de su don Quijote de la Mancha y con la de su Sancho Panza, fue esa transformación de lo vivido por él lo que convirtió a ambos protagonistas en figuras heroicas e inmortales y a su novela “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” en literatura universal de primer orden.
Cervantes, en el otoño de sus años (tenía 58 cuando publicó la primera parte su novela y 68 la segunda), con su imaginación y sus palabras le dio vida tanto a ese idealismo quijotesco -tan necesario para enderezar entuertos y asentar el bien en la tierra- como a la lealtad sanchopancesca que, a pesar de su sensatez, siempre mantuvo su fe en la cordura del Caballero de la Triste Figura, por saber cuan cuerdo era don Quijote en su locura. Así nos lo cuenta el propio Cervantes: “Solo Sancho Panza pensaba que cuanto su amo decía era verdad, sabiendo él quién era y habiéndole conocido desde su nacimiento”. (Cap. XIII, pg. 116, Edición IV Centenario).
Esa experiencia de creación literaria del propio Cervantes es, a la vez, la experiencia de la literatura que nosotros sus lectores experimentamos, pensamos y sentimos cuando leemos su novela. La pasión cervantina de gloria, heroísmo e inmortalidad se perpetúa en nosotros, siendo parte integral de esa influencia del arte en la vida humana.
Por eso se dice que el arte inspira a la vida y que la vida imita al arte, concepto histórico global, que vemos en el pensamiento filosófico de la antigua Grecia o en el humanismo chino o en la filosofía hindú de hace miles de años. De allí que la pregunta absurda inicial pareciera una tautología sin respuesta, pero no es así, porque en toda creación artística existe un poder extraño y enigmático que muchos llaman inspiración, fruto del inconsciente -las musas o espíritus malignos o benignos de la antigüedad-, cual misterio filosófico, teológico o psicológico de lo que es escribir una obra literaria.
En el caso de Cervantes, su obra posee una innegable unidad que se asemeja a la asentada llanura manchega, donde don Quijote “vino a perder el juicio” (pg. 30 ibid.) haciéndolo más heroico, al ser más “loco” que cuerdo. Tras esa primera paliza que le dio el mozo de mulas que lo dejó tendido en el suelo sin poder levantarse (Cap. IV op. cit.), al ser rescatado y reconocido por su vecino, don Quijote le dice: “¡Yo sé quién soy!” (pg. 58 ibid.), como arrogante respuesta al creerse un caballero andante y no Alonso Quijano, como insistía su vecino.
Así nos diría Cervantes al responder la pregunta inicial, a sabiendas de que su obra es un todo, fruto de una sola voluntad transformadora. En esto estriba su fuerza y su desgracia, porque como los otros no lo saben, eso les basta para pensar que su creatividad, como la heroicidad de don Quijote, es señal de una locura inspiradora.
Es aquí cuando la sensatez y lealtad de Sancho Panza en la novela se hace aún más grande, si cabe, que el idealismo justiciero de don Quijote, al asumir como suyo ese quijotismo creado por Cervantes, para dar cordura a sus acciones. Tanto así, que don Quijote le dice a Sancho: “A fe, Sancho, que a lo que parece no estás tú más cuerdo que yo” (pg. 247 ibid.) cuando lo envía a entregarle a Dulcinea una misiva de amor.
Ortega y Gasset (“Meditaciones del Quijote”) considera que el verdadero quijotismo es el de Cervantes y no el de don Quijote y el insigne don Miguel de Unamuno (“Vida de don Quijote y Sancho”) piensa que el mundo cervantino, o sea lo que entendemos por quijotismo o sancho-pancismo, es una lastimosa historia de un sueño de locura. ¿Qué piensan ustedes?