• 16/09/2008 02:00

Balbina es Balbina

Si algo en política me ha dolido han sido los ataques injustos y difamadores a mujeres involucradas en política. Recuerdo la bajeza de t...

Si algo en política me ha dolido han sido los ataques injustos y difamadores a mujeres involucradas en política. Recuerdo la bajeza de tantos al atacar a Mireya Moscoso, al margen de su habilidad o no en dirigir los destinos del país. Hoy nuevamente tengo dolor por el uso de correos electrónicos, faxes y llamadas anónimas a programas, difamando a otra gran mujer en política, Balbina Herrera.

Conozco a Balbina Herrera hace muchos años, he sido admirador de su tenacidad, espíritu y lealtad, fuera de su gran capacidad y dedicación al asumir una posición. Balbina viene de abajo, de las clases marginadas en un país donde no tenían oportunidades. En aquellos tiempos de juventud, el que tuviese deseos de surgir tenía que aspirar a una revolución social, a luchas contra una oligarquía que mantenía una explotación real, sin sindicalismos, sin igualdad en educación, con carreras nocturnas destinadas a los pobres, diurnas sólo para los de clase media o pudiente. Sus hijos estudiaban fuera de Panamá, los pobres aspiraban a becas tras la cortina de hierro.

El pobre tenía en su futuro trabajo doméstico, conducir taxis o buses, trabajar para un empresario. La izquierda prosperaba en Panamá, las condiciones sociales eran su mejor caldo de cultivo. La explotación de las transnacionales en las bananeras, las luchas en el interior contra los latifundistas presagiaban una revolución social en los cincuenta y sesenta. Vivimos Cerro Tute, luego la invasión de los cubanos, otros intentos revolucionarios. Eventualmente se da un 11 de octubre y las clases populares llegan, de la mano de policías nacidos en cuna humilde, al poder.

Balbina tenía 13 años, su vida, finalmente, cambiaría, su futuro era al consolidarse la revolución, otro. Termina su formación y estudia Ingeniería Agrónoma en la Universidad de Panamá, ya no restringida a las clases media y altas. Comienza su carrera profesional interesada en la política, que la lleva en 1984, a los 29 años, a buscar la Alcaldía de San Miguelito. Joven, con sueños e ideales de justicia y equidad, triunfa y hace una alcaldía excelente, comprometida con la clase social de donde provenía. Pero empieza a ver el otro lado de la moneda, los problemas del empresario, la necesidad de las inversiones privadas, la posibilidad de tener empresarios con conciencia y sentido de justicia social.

En 1990 comienza una nueva vida, legisladora y Torrijista, ahora en democracia aplica toda la experiencia ganada. La Unión Soviética había fracasado, el socialismo entró en pausa mundial, el capitalismo buscaba nuevos modelos de desarrollo y Balbina Herrera aprende rápidamente las nuevas reglas. Atrás quedó la tendencia, las izquierdas, pero no el compromiso con las clases marginadas, pero no su profundo sentimiento por una justicia social, por una mejor distribución de la riqueza.

Es esa Balbina, la Balbina que lucha por lo que cree, la Balbina que conoce la pobreza y desea que todos tengan la oportunidad de superarla, esa Balbina Torrijista y comprometida con un proyecto de país diseñado y gestado en la revolución de octubre, mejorado con los años y la capacidad de sus nuevos dirigentes que produjo a Patria Nueva y Martín Torrijos. Por esa Balbina yo voté.

Balbina es Balbina, y no importa lo que quieran decir de ella, será una excelente presidenta, como ha sido excelente alcaldesa, diputada y ministra de Estado, pero, más que eso, extraordinaria y leal amiga.

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