• 15/02/2026 00:00

Cuando la vocación camina vestida de blanco y la ciencia se anuda la corbata de vida

Las campanas de la Catedral Metropolitana de Panamá anunciaban la misa dominical, palomas adornaban sus escaleras y revoloteaban sin temor ante la gran concurrencia de familiares y amigos que esperaban, emocionados, ver pasar a la Promoción Med 2025. El sol brillante iluminó la entrada de este grupo de estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, quienes recibieron en una hermosa mañana de febrero de 2026, la investidura que les da pase a una nueva etapa de su carrera profesional. Entre esos jóvenes está mi sobrino. A sus amigos y a él, en especial, les escribo esta carta para que la guarden y la lean cada vez que se sientan cansados o desanimados en su andar profesional. Chicos, la vida no es fácil, pero es muy hermosa. Y vivir es atreverse a sentirlo todo.

Querido sobrino: Has recibido una bata blanca y un estetoscopio. A los ojos de muchos podría parecer solo un acto académico más. Un requisito previo a la práctica en los hospitales. Sin embargo, sé que hoy cruzas un umbral de ilusiones a un futuro de servicio prometedor y humanamente enriquecedor. Has dado un paso firme, seguro y disciplinado hacia la meta soñada que un día te propusiste: ese llamado a ser médico, más que por un título, por el deseo legítimo de servir.

La bata blanca que portarás con orgullo no es solo un premio, es un símbolo que representa horas de estudio, sacrificios silenciosos, horas sin dormir, dudas, sueños y miedos, tal vez, no contados a nadie. Llévala como un estandarte de luz para quien la mire, porque los pasillos de los hospitales suelen ser fríos, tristes, oscuros y a veces hasta deshumanizados. Seguramente, un rayo de luz puede mejorarle el día a alguien.

Ella reflejará la pureza de tu corazón y la honestidad de tus actos. Que ella siempre sea un recordatorio de constancia, ética, empatía y admiración por la vida y por el conocimiento científico.

Con tu estetoscopio portarás en tu cuello una extensión de tu oído y afinarás esa sensibilidad acústica, esa que escucha el alma. Escucharás corazones ajenos, pero también silencios, miedos y anhelos. Entre cada latido escucha atento el compás fino y sutil de la obra más importante del Creador.

Haz que tu presencia se convierta en consuelo y paz. Que quien te vea sepa que aún existen manos dispuestas a sanar con amor y oídos atentos a escuchar, más allá de lo que los sentidos pueden captar.

Recuerda siempre: El don de la inteligencia que hoy te permite avanzar no es casualidad, es un regalo otorgado por Dios. Un precioso tesoro que no fue dado para enaltecer el ego, ni la vanidad, sino para ponerse al servicio de quien lo necesite. Cuando este invaluable don se une con la humildad -es sabiduría de verdad-.

En cada paciente que atiendas no veas un número, o una cama, o una historia clínica; mira con respeto y empatía al humano que busca refugio y fe en tus conocimientos, mira a un ser humano completo -no solo por áreas especializadas- mira al hijo de alguien, mira al hermano, al amigo amado de alguien, mira a quien espera afuera, que reza y que teme por la salud y bienestar de quien tú estarás atendiendo.

No olvides, que detrás de cada diagnóstico hay una vida que sueña, un corazón que late, una historia que a veces duele, pero que en ti verá, una vela encendida de esperanza. Ten presente que un gesto amable, una palabra oportuna y un trato cordial puede aliviar tanto como la medicina. Lucharás contra el cansancio, el tiempo, la presión, el conocimiento y la duda, pero arma un equilibrio entre ellas, la fe y la oración.

Sobrino querido, el verdadero médico no solo sana al enfermo del cuerpo, si no que acompaña y sostiene al que confía en él. Tu familia te acompaña en tus sueños y siempre seremos tu ancla sobre todo en los tiempos complicados que seguramente también llegarán. Hoy celebro tu logro y el de todos los jóvenes que inician esta etapa. Ruego que sus manos sean instrumentos de la voluntad de Dios. Nunca olvides lo que te trajo aquí. Que la vocación camine con humildad y que el servicio sea tu norte. Sobrino, el mundo necesita médicos brillantes, pero necesita mucho más médicos con corazón. ¡Enhorabuena!

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