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- 11/05/2023 00:00
Decodificando valores: Sobrevivencia social
Durante este pasado abril, con el comienzo de la primavera en el hemisferio norte, el pueblo judío recordó dos importantes eventos relacionados. El primero fue la salida de las tribus de los patriarcas de la esclavitud egipcia, hace 33 siglos, evento celebrado en la fiesta religiosa de “Pesaj”. Después del peregrinaje desértico, este abatido, pero libre, pueblo se estableció en la “tierra prometida”, prosperando por siglos, hasta que, en el año 70 E. C., los romanos destruyeron su templo y los expulsaron para difundirse por el mundo, la diáspora. El segundo evento es el regreso a esta tierra, con el establecimiento del Estado de Israel en 1948, aprobado por las Naciones Unidas (entre ellas Panamá), después de haber atestiguado las atrocidades del régimen nazi (sobre esto léase “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl). ¿Cómo este pueblo conservó su identidad en exilio, por casi 20 siglos, aguantando tantos intentos de aniquilación? ¿Qué los motiva a regresar a Israel, a esta controversial y ensangrentada tierra, para crear, casi de la nada, una de las naciones más prósperas del mundo?
Esta sobrevivencia social está enraizada en una combinación de factores biológicos, culturales y políticos, menos religiosos. Primeramente, nuestro instinto humano social nos ha motivado a cooperar en una mayor cantidad y de forma más equitativa. Así, cientos de miles de exesclavos crearon, bajo el aislamiento desértico, las bases de una sociedad menos religiosa, menos tribal, más socialista y productiva, valores ignorados en el Egipto faraónico. Para esto son necesarias también una narrativa y una explicación sobre el mundo, necesidades resueltas en el judaísmo con la Biblia, explicando su origen y una justa vida social. La “Torá”, como se llama a la Biblia en hebreo, significa “instrucción” y explica, además de una breve historia sobre el origen del mundo, el humano y el judaísmo, las reglas para una sociedad civil, incluyendo la primera “constitución moral” de los 10 mandamientos. Estas enseñan valores humanos, como la modestia (ningún hombre es ser supremo), el respeto (a los padres y al prójimo), la verdad, la vida (no asesinarás) y no te sofocarás trabajando (descansarás uno de cada siete días).
Entre judíos esta moralidad se transmitió por siglos siendo constantemente desarrollada por sus líderes, filósofos y rabinos (la “religiosidad” de muchos judíos de hoy es relativamente nueva y no la que los mantuvo unidos durante milenios). Además de la constante recordación, estos valores son explicados y entendidos, no ciegamente creídos. Estos valores permiten una sociedad cooperativa, libre y tolerante, robusta ante toda amenaza, formando también parte de la base moral de la sociedad occidental actual que incluye el cristianismo y el islam. Vivir según estas reglas ha permitido a este pueblo sobrevivir en tierras lejanas, manteniendo su identidad y recordando que la esclavitud egipcia puede repetirse.
El Holocausto cambió este paradigma de sobrevivencia en el exilio. Después de siglos bajo líderes disímiles, entre amigables y hostiles, los judíos del mundo entendieron que deben establecer su propia nación, pues no pueden confiar más en Gobiernos que no compartan sus mismos valores. Así, a finales del siglo XIX, se constituyó el movimiento Sionista (de Sión, uno de los nombres de Jerusalén) liderados por Herzl, en el que judíos del mundo reconocieron el auge del antisemitismo y la necesidad de una nación. Pero en ese entonces muchos líderes no apoyaron la idea, considerando, erróneamente, que pueden arreglárselas. Desgraciadamente, solo después del Holocausto esta inocencia se esfumó.
Aun así, ¿cómo se crea un Estado de la nada? Fueron estas mismas tradiciones milenarias que motivaron a miles de judíos del mundo a regresar a su tierra perdida, la única que han conocido. Estas tradiciones no se transmitieron en la casa de oración, sino en las cenas de los viernes en la noche y en celebraciones como “Pesaj”, en las que se canta “el próximo año en Jerusalén”. Los soldados que hasta hoy pelean por este Estado no son religiosos. Ellos son criados con las tradiciones que los padres les cuentan a sus hijos sobre cómo sus antepasados combatieron la tiranía, valorando la vida y la sociedad bajo un alto sentido de moralidad.
Fue esta tradición moral la que permitió esta increíble sobrevivencia, ante imperios arrogantes, fuertes y ricos que ya no existen (los romanos, los otomanos y los británicos). El sacrificio de los pocos por los muchos, mezclado con una solidaridad entre extraños, es lo que ha permitido la prosperidad de este pueblo, hasta hoy, ante amenazas políticas y militares. Toda sociedad moderna debería aprender de estas lecciones escritas en sangre, pues, como saben bien los venezolanos, ucranianos y demás, la persecución y la tiranía pueden suceder en cualquier lugar y en cualquier momento. El liderazgo inmoral, de no ser condenado y detenido, se expande como una pandemia y el ignorarlo causa innecesarias muerte y sufrimiento.