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- 04/02/2023 00:00
Decodificando valores: Tradiciones (III)
Después de analizar el propósito (I parte) e influencia (II parte) de las tradiciones en individuos, consideremos su rol en la sociedad. Si el DNA humano no incluye una predisposición a la inteligencia o al éxito, ¿cómo explicamos las diferencias entre pueblos? ¿Cómo una nación relativamente nueva y emigrante como Estados Unidos es más próspera que otras más grandes y antiguas, como la India? La tradición de sus individuos, iniciada hace cientos y hasta miles de años, puede explicarlo.
Las tradiciones nos diferencian como sociedades más que el patriotismo, religión o cultura las cuales componen sus marcos. Ohad Topor explica en su libro cómo judíos componen el 30 % de los ricos, según Forbes y del 20 % de los premio Nobel, aun así siendo tan solo un 0.2 % de la población mundial. En mi opinión esta estadística moderna no se atribuye a la religión de hoy, la cual diferencia mucho entre sus miembros y está dispersa en muchas naciones. Lo que tendrán en común estos exitosos es una tradición de un pueblo perseguido que ha dependido de su ingenuidad, trabajo duro y carisma para sobrevivir. Otros pueblos, como los aborígenes americanos, casi no sobrevivieron, pues su tradición era de cortesía y confianza, aun ante los invasores europeos, como lo explica John Leguizamo en su excelente monólogo teatral sobre la historia latina. También las tradiciones cristianas de tolerancia, libertad y fraternidad han aportado al éxito de muchas sociedades que las han adoptado. Mas ampliamente, opino, la tradición monoteísta bíblica ha aportado más a la humanidad que cualquier “startup”, desarrollando una unión entre pueblos (como el europeo y americano), una sola religión y lenguaje que les ha permitido prosperar más. Consideremos, entre América y Europa Oeste se hablan unas siete lenguas diferentes (y algo parecidas), mientras en India hay más de 1500 (22 lenguas oficiales) y en China unos 300 dialectos del mandarín. ¿Cómo pueden solucionarse conflictos, si ni siquiera se entienden?
Se desconoce cómo el primitivo humano se comportaba antes de la aceptación social de valores desde los diez mandamientos hasta “hagan por los demás...” y “vive y deja vivir”. Pero podemos suponer que estas “normas” fueron establecidas porque existían esos problemas y se acordó, por el bien de la mayoría, que tenían estas sociedades que regularse. Hoy, aun con avances tecnológicos y nuestro mejor entendimiento del mundo, vivimos una época espiritual considerando antiguas sociedades paganas, las cuales quizás creían en reyes, dioses semihumanos o sin creer en nada, dejaron de existir.
La difícil pregunta es: ¿será posible eliminar tradiciones negativas como la corrupción y el juegavivo? Es posible que estas tradiciones nacieron con la invasión europea, siendo ellos el segmento menos moral de su sociedad (y por eso huían). Es posible que nacieron de la tradición aborigen que creía en el soborno, no podemos saber con certeza. Lo que sí creo es que para poder eliminar estas tradiciones negativas es necesario un drástico cambio en nuestra escala de valores, que debe comenzar con un mejor acceso a la educación, especialmente en los adultos. Pero esto solo puede ser logrado con líderes fuertes, carismáticos y seguros de sí mismos.
La misma Biblia nos cuenta cómo Moisés, aun desconociendo su origen hebreo, atacó a uno de sus soldados por maltratar a un esclavo. Hasta hoy la actual Israel celebra a esta valiente líder, así como a otros más modernos, quienes tuvieron que tomar decisiones impopulares y arriesgadas, pero que al final aportaron a una sociedad más próspera y justa. Las sociedades no mejoran por sí solas. Hemos visto cómo la riqueza material ha corrompido naciones como Irán y Venezuela. Para sobrevivir como individuos es necesario cultivar nuestra riqueza humana, aquella que viene de tradiciones positivas que dan significado y propósito a la vida. Son las sociedades egoístas e individualistas las que más sufren y desaparecen y con ellas, sus tradiciones.