El movimiento telúrico ocurrió a las 7:34 a.m., hora local, y tuvo una profundidad estimada de 76 kilómetros
Los países del Golfo Arábigo concentran aproximadamente el 32% de la producción mundial de petróleo. A esta centralidad energética se suma una posición geográfica estratégica: por el estrecho de Ormuz, antes de la situación bélica existente, transitaba cerca del 20% del petróleo mundial y el 25% del gas natural licuado, y por Bab el-Mandeb circulaba alrededor del 12% del comercio mundial, lo que otorgaba a los Estados ribereños una influencia particular en la gobernanza económica y de seguridad. Esa influencia se refleja también en el desarrollo. Qatar se ubica entre los doce países con mayor PBI per cápita del mundo (Banco Mundial, 2026), y los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) se sitúan en la categoría “muy alto” del Índice de Desarrollo Humano -Emiratos Árabes Unidos ocupa el puesto 15 mundial, con un IDH de 0,940- (PNUD, 2026), señal de que la transformación regional trascendió la acumulación de riqueza y se tradujo en condiciones de vida favorables para sus ciudadanos.
Los seis países han articulado visiones nacionales con horizonte hacia 2030 que obligan a abandonar los estereotipos que redujeron al Golfo a la condición de exportador de hidrocarburos. Se trata de una región que ha sabido consolidarse como actor de protagonismo creciente en los términos del llamado el marco “multiplex” -que según Acharya (2023) evalúa la capacidad de interacción de los actores, su habilidad organizativa y física para mover ideas, bienes y recursos a través del sistema global- al ampliar su nivel de relacionamiento con el resto del sistema internacional.
El interés peruano por sostener mecanismos de diálogo y cooperación con los países del Golfo requiere, ante todo, de instrumentos jurídicos (memorandos de entendimiento, tratados y acuerdos interinstitucionales) que doten de base formal a las plataformas de acercamiento y colaboración. No obstante los positivos resultados alcanzados, es en el terreno económico donde la aproximación peruana hacia el Golfo ha adquirido mayor densidad, bajo el paraguas de la conectividad, con énfasis en lo comercial, la inversión y la seguridad alimentaria. Existe una complementariedad natural entre ambas economías: mientras los Estados del CCG importan cerca del 85% de los alimentos que consumen (Al Mubarak, 2025), el Perú cuenta con una oferta agroexportadora de primer nivel en expansión (FreshFruit, 2025) que encuentra en esa demanda un mercado evidente.
En ese contexto, la estrategia peruana de ampliar su presencia comercial en el Golfo adquiere particular relevancia: diversificar los destinos de exportación permite reducir la exposición a mercados específicos y, al mismo tiempo, aprovechar nuevas oportunidades de demanda. La elevada dependencia del Golfo de las importaciones de alimentos ofrece un espacio concreto para que el Perú amplíe su participación y gane mercados en una coyuntura internacional marcada por mayores restricciones al comercio y una inversión extranjera directa contenida.
Un escenario adicional a lo anterior es la captación de inversión de los fondos soberanos de los países del Golfo, que se encuentran entre los principales del mundo. En conjunto, estos fondos gestionan activos estimados en más de US$6 billones, cerca del 40 % del total mundial, entre los que destacan el Public Investment Fund (PIF) de Arabia Saudita, la Abu Dhabi Investment Authority (ADIA) de Emiratos Árabes Unidos, la Kuwait Investment Authority (KIA) de Kuwait y la Qatar Investment Authority (QIA) de Qatar (Deloitte, 2025a). Su creciente interés hacia las economías en desarrollo abre una ventana de oportunidad para que el Perú se posicione como un destino confiable y atractivo de inversión. En los últimos años, los fondos soberanos del Golfo han concentrado alrededor de dos tercios de la inversión realizada a nivel mundial por este tipo de entidades y, pese a la aparición de nuevos fondos en otras regiones, se prevé que el Golfo mantenga su posición como epicentro de la expansión global de estas inversiones, tanto por el volumen de activos que moviliza como por la sofisticación de sus capacidades de inversión (Deloitte, 2025).
Bajo la convicción de que el sustrato humano es esencial en la relación bilateral con el Golfo, la cancillería peruana viene impulsando actividades de diplomacia pública y cultural, entre ellas, el lanzamiento, en octubre del 2025, del boletín cultural “Aswat”, concebido como un espacio para poner en relieve los vínculos históricos (incluida la herencia árabe-morisca que llegó al Perú a través del virreinato español) y las oportunidades para profundizar la cooperación bilateral. Asimismo, en el marco de la serie editorial diplomática peruana “Inmortalizando relaciones bilaterales”, se han publicado libros conmemorativos destinados a preservar y difundir la historia de las relaciones del Perú con los países del Golfo, como por ejemplo las obras tituladas “Perú y Kuwait: medio siglo de amistad y cooperación”, “Perú y Qatar: redescubriéndose a través del arte arquitectónico”, “Perú-Emiratos Árabes Unidos: Costas que conectan: trayectoria de la relación bilateral” y “Encuentro entre horizontes: los balcones de Lima y Jeddah”, que aborda la herencia árabe que ha influido en la arquitectura virreinal peruana. En complemento, se impulsó la creación del Centro de Estudios sobre el Golfo Arábigo en la Universidad Norbert Wiener, el primer centro académico peruano especializado en esa parte del mundo, orientado a producir conocimiento y acercar a la comunidad académica en ambas latitudes.
Los países del Golfo son hoy potencias medias de alcance global, con una participación cada vez más activa en el comercio y las finanzas internacionales, con capacidad creciente de movilizar recursos y acumular soft power. Su transformación económica y su proyección internacional han ampliado las oportunidades para países como el Perú, particularmente en los ámbitos del comercio y la inversión, donde existe un margen significativo para aprovechar la complementariedad de ambas economías y la creciente diversificación de las inversiones de los Estados del Golfo hacia mercados emergentes.
Aprovechar este escenario requiere, por tanto, una decisión política del más alto nivel que continúe sosteniendo el esfuerzo diplomático desplegado hasta ahora.