• 04/06/2024 00:00

El juega vivo empobrece

Estas conductas son enemigas de la eficacia, eficiencia, excelencia, fluidez, y de los resultados positivos [...]

Es una constante en todos los medios y redes sociales, las críticas y quejas a los gobiernos por la corrupción y los “chanchullos” que se reflejan en obras sociales inconclusas, compras con excesivos sobreprecios, escasez de medicamentos, infraestructuras públicas en deplorables condiciones y otros.

Y nos preguntamos, ¿hasta cuándo? Pero, la realidad es que esos son los frutos de la filosofía del “juega vivo”. Donde los “vivos” se aprovechan de los “bobos”.

Esta filosofía parece estar implantada de manera profunda en nuestra sociedad. Se les ha enseñado a los niños que para salir adelante hay que ser “vivos”. Y cuando ya son capaces de adquirir derechos y obligaciones, y ante la falta de formación integral en valores y principios, se enteran de que solo a través del “juega vivo” que aprendieron en casa, en el barrio y en la escuela, se logra salir adelante.

Entonces, al ser parte de la clase productiva, aplican esa filosofía en todo su actuar, ya sea como empresario, empleado, usuario o autoridad. Y sobre la base de esta “filosofía” se opera. Vemos ejemplos a diario que son secretos a voces cuando una empresa debe incluir dentro de su propuesta económica el monto de coimas para quien le dio, o le ayudó a conseguir, el contrato. O cuando hay personas que aceptan asumir y/o recibir pagos, buscando obtener una decisión favorable. En fin, ejemplos hay muchos.

Estas conductas son enemigas de la eficacia, eficiencia, excelencia, fluidez, y de los resultados positivos, pues terminamos en un ciclo vicioso que exacerba nuestros problemas sociales y económicos, y el descontento ciudadano.

Si tan solo invirtiéramos los recursos que tenemos en educar a la gente, en invertir en ciencia y tecnología, apostar a educar en habilidades blandas con los valores correctos que permitan la convivencia sobre la base del respeto, tolerancia, de servicio a los demás, de amor hacia el otro y a la naturaleza, aunque parezcan ideales muy altos, -¿por qué conformarnos con menos?-.

Esta apuesta sería a ganador, tendríamos ciudadanos más conscientes y con una perspectiva de generar riquezas a través del trabajo, de la innovación, de la disciplina, la perseverancia, del querer superarse a sí mismo, y un gobierno que sirviera de facilitador de las condiciones óptimas para el desarrollo y no de suplidor de comida, trabajo, vivienda y demás necesidades básicas, de manera deficiente. Con esto se acabaría con el “juega vivo”, pues el que quisiera jugar así, estaría mal visto, desechado, y excluido de la rueda de la economía.

La autora es abogada
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