• 30/06/2010 02:00

Ilusiones, decepciones, esperanzas...

La calificación positiva o negativa de las ejecutorias del gobierno, al cumplir su primer año de gestión, depende del matiz político de ...

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La calificación positiva o negativa de las ejecutorias del gobierno, al cumplir su primer año de gestión, depende del matiz político de quienes las evalúen, pero los ciudadanos independientes podemos llegar a nuestras propias conclusiones con solo comparar lo hecho —y lo dejado de hacer— en esta etapa inicial de gobierno, con las propuestas contenidas en el Plan de Gobierno del Cambio. Opino que el saldo que arroja esa comparación indica que es más lo que se ha dicho (promesas) que lo que se ha hecho (resultados) hasta ahora, con la consecuencia de que muchas ilusiones alimentadas en la campaña electoral pasada se han convertido en agrios desencantos, que sufren quienes favorecieron la perspectiva del cambio radical que daría un drástico giro y nuevo rumbo al país.

A pesar del desaliento generalizado y aunque tengamos justificadas dudas, quisiera confiar en la inteligencia de las autoridades para abrigar nuestra esperanza de que en los próximos cuatro años veamos concretadas las promesas hechas porque, según promete el Plan de Gobierno del Cambio: ‘Vamos a gobernar en base a resultados y no sobre promesas vacías’.

Del lado positivo solo podríamos apuntar, como resultados concretos del período, el grado de inversión logrado por el MEF —gracias a más impuestos, no a menos gastos—, mochilas, aumento de salarios, Internet gratuito y organización de juegos deportivos internacionales.

Las decepciones en el campo político incluyen una irrazonable irritación ante la presión de grupos que tratan de ejercer sus derechos ciudadanos y también el desprecio por algunas prácticas democráticas, como la aprobación de leyes a tambor batiente en sesiones legislativas extraordinarias a puertas cerradas, método defendido como más legítimo que las facultades extraordinarias otorgadas al Ejecutivo al estilo del gobierno anterior. No se observan esfuerzos por cultivar valores cívicos, morales y éticos en los jóvenes. No se ha cumplido con la eliminación del nepotismo ni el clientelismo político; no se han reglamentado los ingresos de cónsules panameños para evitar anteriores enriquecimientos desmedidos; no se ha obligado a funcionarios de manejo a presentar un informe anual de sus bienes. Para que la utilización de los corredores Norte y Sur fuese menos costosa al usuario, se prometió la compra de ambos; hoy el gobierno anuncia su intención de adquirirlos, pero aclara que los peajes no serán reducidos, porque los préstamos para comprarlos deberán ser amortizados a las entidades prestamistas con el producto de esos peajes.

A pesar de muchas inconsistencias semejantes entre lo prometido y lo cumplido hasta ahora y de que recientes encuestas indican que los panameños se muestran pesimistas frente a la situación económica nacional, prefiero mantener viva la esperanza de que en los siguientes cuatro años se materializarán muchas de las ilusiones creadas y no quedarán olvidadas como espejismos frustrantes. Obras materiales prometidas, pero todavía sujetas a tramitación burocrática, como ampliaciones de carreteras, transporte público de la capital, rehabilitación de Curundú, campos deportivos para competencias internacionales, mercados, aeropuertos y hospitales exigirán supervisión estrecha para asegurar que se realicen a tiempo y garantizar su óptima calidad, y transparencia para prevenir extralimitación en costos. Programas como 100 para los 70 —bien intencionado, pero mal ejecutado—, Red de Oportunidades, becas universales y otros subsidios similares requerirán una estricta fiscalización para evitar el derroche y el clientelismo político.

Un aspecto extremadamente sensitivo es el valor que se reconozca a la creación del clima adecuado para cimentar el sistema democrático que respete las competencias independientes de cada Órgano del Estado y que justiprecie el derecho soberano de gobernados a participar como miembros dinámicos de la sociedad civil. Es esencial evitar acciones que hagan peligrar la paz social, que es indispensable para propiciar la atracción de inversiones que constituyan fuentes de trabajo para los panameños. Lejos de crear zozobra, incumbe al gobierno conjugar armónicamente el progreso económico, las libertades políticas y el respeto a los derechos humanos. Se trata del arte de gobernar bien.

*EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.

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