• 18/06/2010 02:00

Otro muerto en Petaquilla

C onforme a fuente de entera confianza —y en ello baso esta nota— el miércoles, 9 de junio, falleció en el hospital de Penonomé el ciuda...

C onforme a fuente de entera confianza —y en ello baso esta nota— el miércoles, 9 de junio, falleció en el hospital de Penonomé el ciudadano Fidel Pérez, trabajador de Petaquilla Gold, filial de Minera Panamá. Los médicos que lo atendieron manifestaron que el señor Pérez estaba totalmente intoxicado y que todos sus órganos internos estaban deshechos. Solo le funcionaba el corazón.

Fidel Pérez trabajaba en las llamadas ‘tinas de emergencia’, cuya instalación, construcción y funcionamiento hemos denunciado desde 2007, y desde antes por las comunidades campesinas e indígenas de Petaquilla. En las tinas de lixiviación se utiliza el cianuro, que acaba de ser prohibido en la totalidad de la Unión Europea, hace dos o tres semanas, especialmente en relación con la minería a cielo abierto, dado el peligro extremo que representan.

La consuegra del señor Pérez manifiesta que el trabajador fue trasladado a San Lúcar, y que allí, enfermo, la empresa lo abandonó a su suerte, pero viendo su grave estado y que en Coclesito no había recursos médicos para atenderlo —contrario a la publicidad de los mineros— lo enviaron al hospital de Penonomé. Fidel Pérez tenía 49 años de edad y deja en la orfandad a dos niños y dos hijos adultos, en total desamparo.

Fidel Pérez no es el único muerto en Petaquilla. Ya antes había muerto otro que laboraba en un laboratorio de uno de los campamentos, pero la investigación se amarañó y se adujo —contra la convicción generalizada en la comunidad— que la víctima había muerto intoxicada por beber licor. Nadie se lo creyó. El paramédico que lo atendió, de Petaquilla Gold también, le dio una pastilla para aliviarle el dolor. El laboratorista pidió que un helicóptero lo sacara del campamento, pero le fue negado, y él intentó irse caminando, a su casa, a varias horas de camino, desplomándose a pocos pasos, ya exangüe.

Poco después, investigué al supuesto paramédico y encontré que éste estaba detenido en La Chorrera por haber atropellado a cuatro mujeres en Santa Clara. Pero a este supuesto paramédico sí se le comprobó que estaba intoxicado, o sea, borracho. ¿Qué clase de médico o paramédico puede ser esta persona? ¿Qué investigación realizó el Ministerio de Trabajo sobre lo ocurrido y la idoneidad del paramédico? ¿Qué hará la ministra Alma Cortés con lo ocurrido a Fidel Pérez?

Otros informes nos hablan de trabajadores que han sido enviados a hospitales lejos de Penonomé, para evitar toda publicidad, y que la empresa ejerce una gran influencia en todos los estamentos de esa ciudad.

Lo hemos palpado cuando se ha rechazado toda posibilidad de discutir el tema de Petaquilla en Consejos Provinciales de Coordinación, pese a que la inmensa mayoría de los representantes de corregimiento lo han propuesto. Siempre se rompe el quórum cuando llegamos al tema, que es el último en la agenda.

Lo hemos palpado en reuniones que la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea de Diputados ha hecho en La Pintada. Los que sí están presentes, orondos y redondos, son los representantes de los mineros y moradores de comunidades que no son del área afectada de Petaquilla.

Solo la Defensoría del Pueblo, bajo el licenciado Ricardo Vargas, ha cumplido con su deber ante las comunidades. Como presidente de la Asociación Centroamericana de Ombudsman, el licenciado Vargas promovió el cierre de Mina Petaquilla por no reunir las condiciones indispensables.

Cuando una delegación de Comité pro Cierre de Petaquilla visitó al señor Ricardo Quijano, viceministro de Comercio, tras la toma de posesión del presidente Martinelli, para explicarle cómo se daba la mortandad de peces y toda clase de animales desde Molejón, le restó importancia: ‘Que hayan muerto unos cuantos pescaditos no es ningún problema. Yo sí he visto morir muchos con la marea roja’.

Pero no habían sido ‘unos cuantos pescaditos’: habían muerto cientos de miles de peces de río, hasta de 25 libras de peso, búfalos, conejos, dos tigresas, seis tucanes, y toda la vida del río, tan solo en un rabazo de la contaminación. Dijo que no había tal contaminación. Le propusimos hacer una inspección in situ, con una persona de nuestra confianza, y el viceministro rechazó esta posibilidad, añadiendo que ellos tenían en el ministerio suficientes técnicos, lo cual resultó falso más tarde.

La muerte de Fidel Pérez es un mentís a la cacareada ‘minería responsable’, y es un aldabonazo a la conciencia nacional en momentos en que se aprueba, al mejor estilo de los piratas, la Ley Langosta, que exime de Estudios de Impacto Ambiental a las empresas que al gobierno se le ocurra declarar como de ‘interés social’.

Así, pues, en nombre del interés social, que muera la sociedad.

¡Qué poca altura!, como decía ‘Nacho’ Valdés.

*MIEMBRO DEL SERVICIO PAZ Y JUSTICIA EN PANAMÁ (SERPAJ-PANAMÁ).

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