• 09/12/2009 01:00

Desarrollo nacional y planificación

Panamá, como el resto de América Latina, históricamente se ha visto afectado por factores externos que promueven la implementación de co...

Panamá, como el resto de América Latina, históricamente se ha visto afectado por factores externos que promueven la implementación de corrientes políticas o económicas causando, generalmente, profundos desequilibrios sociales.

Tal es el caso de la globalización; que ha profundizado la polarización. Grupos élite se enriquecen en detrimento de conglomerados poblacionales empobrecidos, como consecuencia del alto costo de la vida, primordialmente en los productos de primera necesidad y su discrepancia con los salarios percibidos.

Así, la fluctuación en los precios del combustible, sin sustento racional que avale tal variación; la reducción en la generación térmica por presuntos daños técnicos en los motores de las plantas de producción o la presunción de que el fenómeno “ El Niño ” extenderá la estación seca, pueden ser argumentos utilizados para evitar el control gubernamental a empresas ineficientes.

Frente a estos retos, cambios estructurales inevitables y un crecimiento económico sesgado, los beneficios se concentran en menos del 15% de la población. Mientras crecen las demandas sociales, de las capas medias y más necesitadas, por una administración del Estado que promueva políticas públicas serias y objetivas, que favorezcan inversiones sanas, generación de empleos dignos favoreciendo el bienestar y calidad de vida de la ciudadanía, se impone la necesidad de un Plan Nacional de Desarrollo Integral.

Este Plan debe nutrirse de políticas con visión de Estado, permitiendo la continuidad y sostenibilidad de iniciativas que produzcan la construcción de una sociedad justa y equitativa, facilitando la concepción de polos de desarrollo regionales.

Constituyendo puntos concéntricos generadores de actividades económicas, que abran oportunidades de empleos bien remunerados y la obtención de servicios públicos eficientes; que contribuyan a controlar la creciente migración rural—urbana, la cual busca lograr el sueño de mejores oportunidades de vida.

Si la actual administración cuenta con voluntad política visionaria, los componentes y proyectos del plan deberán estar dirigidos a resolver las necesidades reales detectadas en los diversos sectores.

La Nación requiere de gobernantes con liderazgo, visión de Estado, sentido común, vocación de servicio público, sólidos valores éticos, respeto a la identidad nacional y claridad filosófica del ciudadano que debe formarse para dar sostenimiento a nuestra existencia de Estado con determinación.

Basta del amiguismo, compadrazgo, parentesco o afinidad empresarial, que promueven la mediocridad y la soberbia. Se demanda experiencia y honestidad para administrar nuestro patrimonio y que no continúen los actos de corrupción.

Es preciso dejar las diatribas del partidismo oportunista. Concentrémonos en la búsqueda de objetivos comunes, que rindan beneficio al pueblo.

La ciudadanía exige una gestión pública coherente, que establezca políticas de orden social, económico y jurídico, articuladas con la realidad nacional, pero que responda y fomente un desarrollo integral sostenido.

*Economista, educadora y humanista.diostesalvepanama@yahoo.com

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