• 01/02/2026 00:00

Panamá, el Davos de América Latina y el Caribe: una vocación histórica que renace

Por segundo año consecutivo, Panamá ha sido sede del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, organizado por la CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe. Y no es casualidad que, desde su primera edición, este encuentro haya comenzado a ser denominado, con justicia, el “Davos de América Latina y el Caribe”. Tampoco lo es que la CAF haya decidido institucionalizarlo para que se celebre todos los años, en enero, en nuestro país.

Panamá reúne condiciones que pocos países pueden ofrecer simultáneamente: una posición geográfica privilegiada, una conectividad aérea y marítima excepcional, estabilidad institucional relativa y una vocación histórica de neutralidad y encuentro. Pero, más allá de sus ventajas logísticas, Panamá posee algo menos tangible y mucho más valioso: una tradición como espacio de diálogo, concertación y multilateralismo.

Debe reconocerse el respaldo pleno y decidido del gobierno del presidente José Raúl Mulino y de su equipo de ministros a esta iniciativa de la CAF. Ese apoyo ha sido determinante para que el Foro alcanzara la dimensión que hoy tiene. No en vano, Panamá logró convocar a líderes de primer nivel, entre ellos presidentes de Brasil, Bolivia, Guatemala, Ecuador y Colombia, el primer ministro de Jamaica, el presidente electo de Chile, así como expresidentes de Colombia y Chile, además de representantes de organismos multilaterales, sector privado, academia y sociedad civil.

Este nivel de convocatoria no se improvisa. Requiere credibilidad, visión de Estado y una comprensión clara de que estos espacios no solo proyectan imagen país, sino que posicionan a Panamá y a la región como actores relevantes en la conversación global.

La pregunta central del Foro, ¿cómo posicionar a América Latina y el Caribe en el escenario global? llega en un momento particularmente complejo. El mundo atraviesa tensiones geopolíticas crecientes, una transición energética acelerada, transformaciones tecnológicas disruptivas y una preocupante erosión de la confianza ciudadana en las instituciones. He tenido el privilegio de cultivar una amistad con Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de la CAF, un líder regional con una mirada estratégica poco común y una profunda sensibilidad humana. Bajo su liderazgo, la CAF ha entendido que el desarrollo ya no puede medirse solo en términos de crecimiento económico, sino también en cohesión social, sostenibilidad y calidad democrática.

Panamá no solo es un hub logístico y financiero. Es, desde su origen republicano, un hub político y diplomático. No es casual que en 1826 Simón Bolívar eligiera esta tierra para convocar el Congreso Anfictiónico, el primer gran intento de integración y multilateralismo hemisférico. Dos siglos después, esa vocación cobra nueva vigencia.

Este año, Panamá conmemora el Bicentenario del Congreso Anfictiónico, y será por ello sede de un encuentro de presidentes y de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos. Todo ello configura una coyuntura excepcional que refuerza una misma idea: Panamá vuelve a ser llamada a desempeñar un papel central en el diálogo regional y hemisférico.

Pero el desafío de nuestro tiempo es distinto al de 1826. Hoy no basta con reunir voluntades; es imprescindible articular soluciones. El multilateralismo sigue siendo esencial, pero debe complementarse con un enfoque multiactor, capaz de integrar gobiernos, sector privado, sociedad civil, trabajadores, academia y juventud en procesos de corresponsabilidad, con metas claras y mecanismos de seguimiento.

Panamá tiene hoy la oportunidad, y la responsabilidad, de demostrar que su vocación histórica como puente no pertenece solo al pasado. Si logramos convertir estos grandes encuentros en procesos sostenidos de cooperación democrática, estaremos honrando el espíritu del Congreso Anfictiónico no como una evocación simbólica, sino como una herramienta viva para la prosperidad, la seguridad y la paz de América Latina y el Caribe. Ese sería, sin duda, el mayor aporte de Panamá en este momento crucial de la historia regional.

*El autor es Presidente, pilar de Sociedad Civil, Comunidad de las Democracias
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