• 14/03/2022 00:00

Partes de guerra (2): desfigurando los hechos

“Lo cierto es que la historia será para siempre una interrogante y de eso no escaparemos con la verdad, y mucho menos con vida”

En seguimiento a la columna de la semana pasada, no hay dudas sobre una invasión de Rusia a Ucrania, hoy guerra. Pero creo que no hay información clara sobre los hechos, sobre las bajas (los muertos) de lado y lado. No hay información de valor que se pueda analizar desde el lado ruso por las medidas de censura que ha impuesto el Gobierno de Vladimir Putin. Y del lado ucraniano, tampoco. Lo que se informa, en términos generales, es para crear empatía y apoyo a la causa de ambos lados; narrativas emocionales de individuos o situaciones puntuales que, si exploramos otros eventos de guerra en el pasado, se pueden encontrar similitudes para los mismos fines: la propaganda.

En un extenso trabajo titulado: “¿Qué realmente sabemos sobre la muerte de Osama Bin Laden? La historia de la victoria más importante en política exterior de Obama aún se está escribiendo”, publicado en el New York Times en octubre de 2015, podremos llegar a entender el asunto de la desfiguración de la realidad de guerra y su difusión para los que poco, o nada, pueden comprobar la exactitud o no de lo trasmitido.

Comparto algunos párrafos de este escrito, más porque no lo digo yo, sino que se publica en uno de los diarios más influyentes del mundo con muestras de cuestionamiento imparcial. Esto nos debe advertir sobre la necesidad de tener cuidado con lo que nos cuentan sobre lo que está ocurriendo en Ucrania.

El autor Jonathan Mahler, sobre la narrativa oficial de la muerte de Bin Laden, deja en evidencia sus dudas sustentadas en entrevistas, investigaciones de fuentes principales, agentes secretos, periodistas independientes, funcionarios de Gobierno de varios países, agentes de inteligencia de varias agencias, contactos militares, etc. Además, para darle contexto al asunto, hace referencia a otros eventos de carácter histórico, con narrativas dudosas o comprobadamente falsas.

Mahler escribe que: “La historia estadounidense está llena de historias de guerra que posteriormente se desmoronaron. Considere las afirmaciones falsas de la administración Bush sobre el supuesto arsenal de armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. O el ataque imaginario a un barco estadounidense en el Golfo de Tonkin. Durante Bahía de Cochinos, el gobierno infló la cantidad de combatientes que envió a Cuba con la esperanza de alentar a los ciudadanos locales a levantarse y unirse a ellos. Cuando la operación fracasó, el gobierno rápidamente desinfló la cifra, alegando que no había sido una invasión en absoluto, sino más bien un modesto intento de entregar suministros a las guerrillas locales. Más recientemente, el ejército informó que el exjugador de la NFL, Pat Tillman, fue asesinado por fuego enemigo, en lugar de reconocer que un ametrallador de su propia unidad le disparó accidentalmente en la cabeza”. Hay muchos más ejemplos que nos causarían escalofrío.

Sobre la voz autorizada de los Gobiernos Mahler, citando a Steven Aftergood, director del Proyecto sobre el Secreto Gubernamental de la Federación de Científicos Estadounidenses, escribió que: “La gente de Relaciones Públicas de la Casa Blanca no son historiadores, no son eruditos, ni siquiera son periodistas”, me dijo. “Están representando una entidad política dentro del gobierno de los Estados Unidos. Decir toda la verdad y nada más que la verdad no es su trabajo, e incluso si fuera su trabajo, no necesariamente podrían hacerlo”. (Esto último es igualmente cierto en el caso actual, tanto para Putin por Rusia como los Gobiernos que adversan la guerra).

“¿Dónde se encuentra ahora la historia oficial de Bin Laden?”, pregunta Mahler. “Para muchos, existe en una especie de estado liminal, flotando en algún lugar entre los hechos y la mitología. La escritura de la historia es un proceso, y esta historia todavía parece tener un largo camino por recorrer antes de que la narrativa del gobierno pueda ser aceptada como verdadera o rechazada como falsa”.

En todo caso, para mí, lo más importante que señaló con determinación el autor Jonathan Mahler fue: “Estas historias falsas no podrían haber llegado al público sin la ayuda de los medios. Los reporteros no solo encuentran hechos; buscan narrativas. Y una narrativa atractiva puede ejercer un poderoso tirón gravitacional que termina torciendo los hechos en su dirección”. Lo cierto es que la historia será para siempre una interrogante y de eso no escaparemos con la verdad, y mucho menos con vida.

Comunicador social.
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