• 19/05/2013 02:00

Profunda brevedad

El lenguaje periodístico nació del discurso retórico, basado en las tradiciones de los narradores que exponían a la masa, una reducción ...

El lenguaje periodístico nació del discurso retórico, basado en las tradiciones de los narradores que exponían a la masa, una reducción o síntesis de las grandes piezas oratorias que en el senado interpretaban la realidad política y social de la ciudad y el Estado.

Hay por tanto una estructura que expone de manera lógica el hecho, en un primer bloque que constriñe a ideas básicas ese fragmento del acontecimiento que relata y luego se desenvuelve para explicarnos cómo es su contexto y circunstancias.

Los literatos, sobre todo novelistas y grandes ensayistas, se convirtieron en el siglo XIX en esforzados periodistas que volcaron en la prosa informativa, una explicación de las transformaciones de la sociedad que entraba a conceder al individuo un espacio en la cotidianidad al sacarlo de la anonimia, pero darle un carácter numérico en la masa.

El texto periodístico entonces, fue dirigido a una audiencia masiva, muchas veces con poca ilustración y las novedades publicadas en los diarios debieron adquirir ese carácter explicativo con una riqueza conceptual para iluminar y generar imágenes que posibilitaron el acto de comprensión noticiosa.

Esta circunstancia le dio a ese discurso de los medios, una plataforma específica, pero con esa particularidad explicativa, descriptiva, narrativa, que recorrió prácticamente todo el siglo XX y que supuso una tendencia en la lectura hacia los textos de grandes cuerpos.

El surgimiento de nuevas tecnologías al final de esa centuria e inicio de la actual, ha creado nuevos esquemas para el desarrollo de procesos de comunicación, que han dejado de ser unidireccionales para hacerse cada vez más omnidireccionales. Esa posibilidad de la retroalimentación que antes era limitada por el tiempo y el espacio, ahora cambia totalmente con las nuevas herramientas.

Como signo determinante, los propios periódicos han disminuido de amplitud y los textos han reducido su superficie para dar más espacio a ilustraciones, resúmenes, gráficos con la finalidad de ampliar la visión de los referentes tratados.

Además, los nuevos instrumentos de comunicación como Facebook y Twitter tienen como singularidad una economía de palabras por el tipo de esquema textual y dada la popularidad que adquieren, modifican el concepto de redacción para alcanzar un tipo de racionalidad que supone menos textos, pero con un nivel de profundidad que posibilite la transmisión del conocimiento.

El periodismo que se ejerce desde este nuevo espacio, debe ser ahora más resumido, pero con el reto de mantener una profundidad, un alcance de expresión que no afecte el sentido de las oraciones ni de los mensajes. Se trata ahora de superar la cantidad sin desmejorar la calidad del contenido o el mensaje.

Es ahora un reto para quienes se ocupan de los afanes informativos dicha brevedad que no pierde significación, pues se hace más concreta, sucinta sin afectar su esencia noticiosa y su capacidad para interpretar el mundo y la realidad que tiene ante sus ojos el periodista.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

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