• 21/02/2026 00:00

Un canal entre montañas

En uno de mis ensayos periodísticos expresé que en el continente americano solamente existe un canal interoceánico, el Canal de Panamá que puedes navegar sin prisa y sin pausa del Pacífico al Atlántico o del Atlántico al Pacífico. En contadas ocho a diez horas cruzas de uno al otro mar y sin perder el sueño ni la respiración apuntas la proa del barco cargando 7,000 contenedores con rumbo a puertos en Europa, África del Sur, Indochina.....

Ahora te contaré el cuento de la Caperucita Verde, el mismo barco porta/contenedores en vez de navegar rumbo a Panamá, arriba al puerto de Salina Cruz en la costa mexicana del océano Pacífico. El Mago de las Mil y una Mafias convoca a la Caperucita Verde, con la varita mágica en su mano derecha proceden a la increíble tarea de reducir el tamaño del buque para acomodarlo en la plataforma de carga del Ferrocarril Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. El tren está preparado para atravesar la montañosa y agreste Sierra Madre del Sur. Sin carga pesada tardará 10 horas para cubrir los 312 kilómetros del Pacífico al mar Caribe, puerto de Coatzalcos. Transcurren 11 horas, aviso urgente, contramaestre, tenemos informes de que el tren arribó a tiempo, el primer oficial informa, la Caperucita Verde ha regresado el tamaño normal a la nave porta/contenedores, ya estamos listos para navegar rumbo al Este. Capitán le recuerdo y no olvide dar muchas gracias por la ayuda del Mago de las Mil y una Mafias. Cuentos y bromas aparte, en efecto el ferrocarril del Tehuantepec es un excelente medio de transporte de personas o carga, un gran esfuerzo estatal destinado al desarrollo acelerado de esa región del país mexicano y poblaciones como Salina Cruz, Juchitán, Ixtepec, Asunción Coatzacoalcos, Minatitlan, Santo Andrés...

Anotamos que en México abunda publicidad torcida, falsa y maliciosa pescando con el anzuelo de negocios millonarios, usando el proyecto Tehuantepec para vender un fantasmal sistema de transporte marítimo/terrestre de costa a costa. El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec no es un canal en tierra firme, es una ferrovía trazada en giros, su trayecto de una a otra y otra ciudad funciona bien y puede ser mejor para desarrollos de industrias livianas, pero ladinos “emprendedores” buscan capitalistas para montar encima del ferrocarril el imposible negocio de operar carga internacional de contenedores, de mar a mar. Te convencen de que están habilitando el puerto de Salina Cruz en el océano Pacífico y el puerto de Coatzacoalcos en el Caribe, con suficiente calado, muelles, grúas de cañón, patios y galeras para operar y movilizar la carga de buques porta/contenedores y... esto es puro cuento porque del Pacífico al Caribe pasan más de 300 kilómetros, la distancia real sube otro centenar de kilómetros debido a la montañosa y agreste topografía del trayecto, los trenes deben pasar la Sierra Madre del Sur en Oaxaca o la Sierra Madre de Chiapas.

En la industria portuaria se ha comprobado técnicamente que un tren de doble puente puede transportar un máximo de 300 contenedores, ya notas que sin contar lo montañoso del trayecto, en el Tehuantepec en la distancia de una a otra costa, es imposible acortar la frecuencia de un tren que a máxima capacidad deben completar 28 vueltas en 56 días para mover la carga de uno sólo de los más pequeños buques porta/contenedores.

En puro ejercicio logístico y financiero ese negocio no es viable, soñadores y embaucadores apuestan con dinero ajeno, todo es posible y nada es imposible excepto la proeza de mover containers sobre una línea férrea montañosa, en trenes de ensueño transportar nubes cargadas con pesados bultos rellenos de billetes rosaditos.

Este servidor lamenta la errada publicidad que elementos con intereses aviesos han desplegado en torno al Ferrocarril Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. Lo enfocan como competencia del Canal de Panamá, la propaganda estilo Caperucita es una trampa caza-bobos con visos de estafa para incautos que ni a infantes confunde. La industria marítima internacional está compuesta de centenarios y modernos trust del poder económico y científico, los armadores, incluyendo mexicanos saben que el Ferrocarril Interoceánico del Istmo de Tehuantepec será exclusivamente una bendición para el desarrollo humano, comercial e industrial del Tehuantepec y de México, al que corresponde invertir sabiamente y luchar con inteligencia para lograr tan loable objetivo. Admiro ese gran país, soy casi fanático de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum Pardo, y hago votos para que Dios y su clara inteligencia alumbren el camino que debe recorrer como líder iberoamericana.

*El autor es abogado
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