Temas Especiales

09 de Mar de 2021

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Enrique Jaramillo Levihenryjaramillolevi@gmail.com

Opinión

Desde adentro

“Ahora le toca a la democracia que se creía el policía del mundo, defender la solidez de sus normas jurídicas y de convivencia pacífica desde adentro, desde sus mismísimas entrañas”

Un acontecimiento inaudito ha ocurrido en la capital de los Estados Unidos a la vista del mundo entero. Hordas de violentos norteamericanos conservadores -muchos francamente fascistas- que tiene a Donald Trump como su ídolo, cargaron hace unos días contra el Capitolio -símbolo en Washington, D.C. de la democracia parlamentaria- en momentos en que se ratificaba el voto del Colegio Electoral a favor de la presidencia de Joe Biden, quien debe tomar posesión de su cargo el próximo 20 de enero. Como es sabido, seguían instrucciones de un presidente que ya va de salida, un hombre absolutamente ególatra, racista, sexista, evasor de impuestos, xenófobo, mentiroso. Se encontraron bombas molotov, y armas en los escombros y en los autos estacionados cerca del Capitolio.

Esa noche, una vez pacificada la situación, regresaron a sus puestos los miembros del congreso y del senado y finalmente ratificaron la victoria de Biden suscrita por el Colegio Electoral. Si bien este le ganó a su oponente por 10 millones de votos, el más alto conteo en la historia electoral de ese país, y pese a que todas las acusaciones de fraude interpuestas por los abogados de Trump en más de cincuenta instancias legales acreditadas fracasaron, sus seguidores tomaron al pie de la letra las mentiras de su líder quien los incitaba a la violencia porque supuestamente se le habían robado las elecciones. Nunca lo pudo probar.

Y es que el asalto al Capitolio se hizo siguiendo instrucciones del loco, quien poco antes los había reunido en una numerosa arenga frente a la Casa Blanca. Todo lo cual a la postre ha costado 5 vidas. Muchos iban armados: saquearon, robaron, amenazaron con asesinar al Vicepresidente Mike Pence como supuesto traidor por no seguir las instrucciones de Trump. Hubo que esconder y proteger en sitios seguros a éste y a los diputados demócratas y republicanos.

Extrañamente por más que se pedía ayuda logística no se permitió a la Guardia Nacional intervenir hasta horas después de la violenta irrupción de las turbas, cuando la policía del capitolio estuvo del todo rebasada y asesinado a mansalva uno de sus agentes. Sin duda hubo “órdenes superiores” que permitieron que todo ello sucediera, lo cual ahora toca investigar; lo más probable, se piensa, es que hayan venido de la Casa Blanca.

Hasta el momento en que esto escribo, unos 70 de los más violentos manifestantes han sido capturados y serán juzgados severamente por distintos cargos. Por supuesto, el FBI continúa investigando en todo el país. Pero siguen existiendo dos graves amenazas: (a) que Trump, en su evidente locura vengativa, (varios siquiatras han aseverado que no está bien de la cabeza) cometa una imprudencia haciendo activar un ataque nuclear contra alguna nación “enemiga” (Irán, por ejemplo); y (b) que incite a sus seguidores a comentar nuevos actos violentos frente a la Casa Blanca el día 20 de noviembre durante el cambio de mando, al cual ya dijo que no piensa asistir. No son acciones excluyentes. Por suerte, parece ser que ya se toman medidas preventivas en ambos casos.

En vista de lo anterior se han hecho tres planteamientos por parte del Senado norteamericano que ya tiene redactadas nuevas agendas concretas, expeditas. Cada una asumiendo que la anterior fracase: (1) Se le ha pedido a Trump que renuncie. (2) Se le ha solicitado al Vicepresidente Pence que, junto con lo que queda del gabinete presidencial (más de la mitad ha renunciado en días recientes), destituya al Presidente y se encargue él del cargo hasta el 20 de enero (hay un estatuto que en casos extremos lo permite) (3) Que el Congreso le haga un juicio sumario (Impeachment) a Trump y lo saque del puesto (esto implica por supuesto contar también con suficientes votos republicanos, la mayoría de ellos muy disgustados por la patrañas y metidas de pata del Presidente, según han expresado públicamente muchos. Si se logra esta tercera propuesta, Trump no podría correr nunca más para un cargo público.

De una manera u otra, al dejar el cargo será juzgado por una gran variedad de delitos civiles y penales, según se ha asegurado en fuentes especializadas en procesos jurídicos de los Estados Unidos.

Ahora le toca a la Democracia que se creía el policía del mundo, defender la solidez de sus normas jurídicas y de convivencia pacífica desde adentro, desde sus mismísimas entrañas. De no hacerlo bien, y pronto, quedará como una nación inepta, que tarde o temprano estará al borde de una guerra civil. Aparte de ser, desde ahora, un pésimo ejemplo para el mundo, facilitándole así su permanencia a las dictaduras pasadas, presentes y futuras del mundo, de cualquier ideología o sin ella, a muchas de las cuales ellos mismos contribuyeron no pocas veces a cimentar en beneficio propio.

Escribo estas reflexiones el 9 de enero de 2021, sin poder olvidar que esa nación tuvo intervenida a la nuestra durante 86 años, hasta que los panameños dijimos basta. Loor a los mártires de enero de 1964, así como a Jimmy Carter y Omar Torrijos, quienes en los tratados que llevan sus nombres ratificaron la valentía y los patrióticos razonamientos de muchas generaciones de panameños.