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21 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Un mundo monosilábico

En reciente tertulia con algunos colegas suramericanos y del Caribe, todos contemporáneos, intercambiábamos acerca de las evidentes seña...

En reciente tertulia con algunos colegas suramericanos y del Caribe, todos contemporáneos, intercambiábamos acerca de las evidentes señales de deterioro del proceso comunicativo entre las nuevas generaciones apoyado por la tecnología moderna, particularmente los celulares que, confiadamente, muchos creen y sostienen que representan herramientas de desarrollo para el futuro de la Humanidad.

El intercambio en el grupo surgió espontáneamente en el periodo de esparcimiento de un evento profesional que miraba el futuro de las Américas en el marco del intercambio comercial de la Región, la globalización y el potencial de los beneficios para nuestros países (yo siempre tratando de llevarlo hacia el beneficio concreto para nuestros pueblos, que no es lo mismo).

El idioma, el empeño por siglos y siglos de la especie por diseñar y procurar códigos comprensibles y compartidos que faciliten la comunicación entre todos en el camino a perfeccionar nuestro espacio y edificar nuestro tiempo en el universo, se ve amenazado desordenadamente y sin elementos lógicos de sustitución. La palabra, está siendo asaltada sin misericordia, sin piedad ni indulgencia. El nivel cultural por el dominio del alfabeto (dominio artístico e imaginativo en la presentación vivencial e inteligente de imágenes y escenas del ser, del antes y del ahora), no es una preocupación persistente de esta generación. En contextos como este (la tertulia), es difícil encontrar profesionales que dejen a un lado sus discursos programados, incluso los que expresan en eventos y conversaciones no formales como la que espontáneamente se dio, para mostrar sus lados débiles; sus preocupaciones más íntimas y profundas sobre diversos temas. En este caso, y por mera casualidad, surgió el del uso del idioma.

Parafraseando —palabras más, palabras menos— mostraban preocupación por el crecimiento demográfico exponencial de la Humanidad, porque, evidentemente, tiene relación con una demanda irracional de los recursos; con la disminución de tierras para el cultivo; con la contaminación creciente de la atmósfera y del ambiente. Un escenario que se da a nivel mundial entre los que buscan aprovecharse de las debilidades de otros y los que no saben que están en medio de una era en donde representa un sujeto que consume equis cantidad de recursos en cada periodo.

El segmento más interesante para muchos de los usureros y mercaderes modernos, particularmente para el consumo de los nuevos sistemas tecnológicos de comunicación, es el que registra entre las edades de 10 a 50 años, específicamente en las áreas urbanas. Esas herramientas tecnológicas claramente están influenciando con severidad el proceso comunicativo de esa comunidad, particularmente los más jóvenes, y de eso, decían estar espantados.

La necesidad de expresar ideas y conceptos más elaborados; de presentar un entendimiento sobre los temas; de cuestionar con duda o razón, de plantear alternativas viables o a considerar por las otras partes, va quedando en entredicho ante el uso limitado del idioma, a través de los aparatos modernos. Los ha llevado a hablar en monosílabos y por consiguiente, a tratar de simplificar situaciones que, en muchos casos, merecen de un ejercicio cerebro—intelectual y de razonamiento, así fue como la Humanidad llegó a donde estamos. Pero parece retroceder ante las condiciones expresadas que muestran las generaciones presentes.

Pero, lo interesante es que este escenario tan patético va a desarrollarse cada día más en silencio. Cualquier pensador antiguo hubiera lanzado la premisa que, a mayor población, más grandilocuencia al momento de comunicarse; pero no sólo eso: a mayor población, un más amplio abanico de ideas; más y mejores conceptualizaciones filosóficas, más reflexión sobre los temas, más alternativas de desarrollo y mejoramiento humano. Pero, el efecto ha sido contrario. La codificación de los mensajes en la actualidad ha minimizado la cantidad de palabras para usar, pero ha ampliado notablemente el significado de cada una de ellas en reemplazo de códigos y palabras que son dueños de sus propios significados y por consiguiente afectando dramáticamente la cadena de oportunidades mencionadas.

Filosofar o reducir una idea a 140 caracteres es el dilema para mis contemporáneos. El diccionario Pequeño Larousse, será una pesada pieza de museo reemplazado por una guía de bolsillo de las 100 palabras necesarias y suficientes para comunicarse. Entre risas y ejemplos, pero con un halo de honda preocupación, teorizamos acerca del momento y sus desventajas. ‘Lo que pasa es que, más que una conciencia clara sobre la utilidad de las nuevas tecnologías, lo que representan es una moda que muchos creen necesaria para poder sobrevivir en sociedad’ y los centros estratégicos de dominación continuarán redefiniendo la tecnología que, seducidos, continuará utilizando cada nueva generación en contra de su propia independencia intelectual.

Mientras disfrutamos de una buena conversación, inquieta que perturbamos a las generaciones más jóvenes con nuestro ‘verborreo’ o excesiva expresión, mientras ellos hacen lo posible por regresarnos al tiempo de los monosílabos y sonidos guturales.

*COMUNICADOR SOCIAL.