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23 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Regreso de Noriega

Una de las frases más sabias expresadas por el presidente Ricardo Martinelli la dijo en Venezuela, ‘no vivimos un Estado de Derecho, viv...

Una de las frases más sabias expresadas por el presidente Ricardo Martinelli la dijo en Venezuela, ‘no vivimos un Estado de Derecho, vivimos un estado de opinión’. Cierto, el país ha caído en manos de los formadores de opinión pública, al extremo que el propio general (R) Rubén Darío Paredes se atrevió a decir en una emisora que ‘la opinión pública debe estar por encima de lo que diga la Ley’. Me imagino el tipo de país que tendríamos si la opinión pública privara sobre las leyes. Pero todo lo que estamos viviendo en estos días es producto del retorno a su país de Manuel Antonio Noriega, el último general en ejercicio del poder en Panamá.

Han pasado casi los 22 años desde ese día de enero del 90 cuando fue trasladado a USA como prisionero de guerra y para enfrentar cargos de narcotráfico y narcolavado en USA. Panamá en este periodo ha cambiado mucho políticamente, físicamente y socialmente. Demográficamente también, hoy llegamos ya a los 3.5 millones de habitantes, de los cuales más de la mitad no llega a los 30 años. Es decir, en aquel entonces tendrían ocho o menos años. Para esos jóvenes es poco lo que saben realmente del proceso revolucionario o de las responsabilidades de Noriega o su estado mayor.

Noriega fue comandante jefe de la institución los últimos seis años del proceso, antes que él, Torrijos, Flores y Paredes la lideraron. De igual forma, de los casos denunciados e investigados por la Comisión de la Verdad, más del 90% ocurrieron cuando no era comandante de la institución. Cuando fue G—2 bajo Torrijos y Flores, no solo estaba el general por encima de él, también hubo coroneles con mayor rango. Entonces, ¿tenemos que creer que un G—2 de la Guardia Nacional podía actuar sin conocimiento ni orden de un superior? Lo dudo. De haberlo hecho, estoy seguro hubiesen actuado contra él sus superiores, posiblemente hasta haberlo dado de baja o trasladado. Para mí, su responsabilidad real y completa inicia con su ascenso a general y comandante jefe de la institución.

Hoy, el panameño tiene dos opciones. Continuar su vida rutinaria en medio del mes de Navidades y próximo a concluir el año, dejando que las autoridades y el sistema judicial sigan su curso con relación al ahora detenido en Panamá, o volver a revivir el pasado. Para aquellos que quieran revivir el pasado, aun a sabiendas de que en nuestro país están circulando hace años los compañeros de armas de Noriega, los que, estoy seguro, muchos conocen tanto o más que el propio Noriega de los casos que hoy parecen como si nunca se hubiesen atendido, quizás les convenga analizar si finalmente van a creer lo que ya se ha revelado. Hoy algunos insisten en que aclare el caso Spadafora, donde hay dos asesinos confesos que inclusive pagaron su condena en cárceles locales, que en el juicio aclararon todo y negaron orden superior. O que aclare casos ya juzgados y condenados que pagaron su cárcel, como el caso Gallegos, o bien los muertos del 3 de Octubre.

Entonces, ¿para qué hicimos juicios?, ¿si solo Noriega podía saber lo que ocurrió, por qué no esperar que viniese para hacer los juicios? O ¿creemos que los condenados eran culpables realmente y estuvimos satisfechos con las investigaciones? Yo me pregunto si solo Noriega sabe las cosas o hay otros oficiales que también las saben, ¿Por qué permitimos la reconciliación con todos, pero no con Noriega? Lo cierto es que el método utilizado por USA funcionó como en todos los otros casos que han optado por usarlos. Las torres gemelas se convirtieron en la búsqueda de un solo responsable, Osama Bin Laden. Pero aunque lo hayan matado, ¿duermen tranquilos en USA sabiendo que Al Qaeda aun existe? Hoy los panameños están pasando por lo mismo, concentran en Noriega todo el militarismo, todo lo malo de la revolución. Pero, ¿no estamos conscientes de que el proceso involucró a muchos?, ¿no podemos aceptar que si los oficiales en su mayoría pagaron su tiempo en cárcel, fue menos que los 22 años que lleva Noriega? ¿Pudimos perdonar y reconciliar a cientos de oficiales, pero no podemos hacerlo con Manuel Antonio Noriega?

Yo no tengo dudas de que hay algunos casos difíciles de perdonar, entre sus compañeros de armas donde se dieron traiciones, golpes y más, o aquellos que están confiados en que sus familiares muertos o desaparecidos fue por obra de Noriega, quienes quizás lo que merezcan es una visita privada para conversar con él y oír su lado de la historia. Y digo privada, porque sé que muchas cosas Noriega no querrá hacerlas públicas, unas por respeto, otras por discreción.

Panamá es un país especial, hoy somos envidia del área, por nuestro crecimiento económico, por nuestro pueblo que ha sabido levantarse después de los 23 años de gobierno militar. Solo nosotros mismos podemos dañar lo que tenemos. Solo nosotros podemos sembrar el divisionismo en nuestra sociedad y volver a enfrentarnos nosotros mismos.

Noriega debe ser un reo más. Otro panameño arrestado por causas que deba enfrentar y penas que cumplir por juicios previos. Dejemos que el debido proceso impere, que sus abogados utilicen todos los argumentos que la Ley les permite y que sean jueces los que determinen su suerte. No caigamos en ese estado de opinión que decía el presidente, y menos cuando los que opinan no son imparciales ni objetivos.

INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.