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27 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Dramaturgos, monten ‘La dama boba’

A nte un repuntar de las obras de teatro en Panamá, exhortamos a los dramaturgos a montar la comedia de Lope de Vega, poeta y dramaturgo...

A nte un repuntar de las obras de teatro en Panamá, exhortamos a los dramaturgos a montar la comedia de Lope de Vega, poeta y dramaturgo español (Madrid, 25 de noviembre de 1562 — 27 de agosto de 1635) titulada: ‘La dama boba’. Nuestra exhortativa obedece a que en la escena sexta del tercer acto aparece un texto que parece ser el de un tamborito, nuestro baile nacional, y sería una excelente manera de exaltar nuestro folklor, nuestra cultura, y —por ende— fortalecer nuestro ser nacional, algo que Panamá siempre ha necesitado, por ser un país de tránsito, asediado constantemente por modas extranjeras que pueden debilitar nuestra identidad nacional ejerciendo una influencia negativa para los intereses futuros de las mayorías istmeñas.

Hay quienes niegan que el texto mencionado de ‘La dama boba’ sea el de un tamborito, pero se debe tener en cuenta que Lope de Vega fue un maestro en aquello de llevar a las tablas cosas novedosas de su época. En la época que vivió Lope de Vega —finales del siglo 16 y principios del 17— proliferaron en España ritmos y danzas de sus colonias de América, tales como la ‘zarabanda’, la ‘chacona’, el ‘fandango’, el ‘zambapalo’ o ‘samba’, la ‘kalinga’ o ‘calenda’, el ‘tango’, la ‘habanera’, y, posiblemente, nuestro tamborito.

¿Por qué entonces aquel texto de ‘La dama boba’ que dice: ‘De do viene, de do viene? / Viene de Panamá. / ¿De do viene el caballero? / Viene de Panamá. Trancelín en el sombrero. / Viene de Panamá. / Cadenita de oro al cuello. / viene de Panamá. / ...’? Así comienza el texto de la ‘exótica’ danza ‘indiana’ que aparece en esta admirable obra que exalta, en general, las virtudes educativas del amor, y que —en particular— en esta escena festiva muestra la ostentosidad en el vestir del panameño del siglo 17 (¿o de todas las épocas?). Con lo de ‘trancelín en el sombrero’, quizás se quiso decir: ‘Trece líneas en el sombrero’, pues un sombrero pintado de 13 líneas de copa es fino.

El sacerdote español José María Condomines (probablemente en los años ’50) montó ‘La dama boba’. La escena del supuesto tamborito había sido obviada, pues no era fácil montar ‘La dama boba’ en esa escena. El problema era que en otros países nadie podía bailar ni cantar algo que se parece tanto a un tamborito, solo —claro está— los actores y actrices panameños/as.

Según nos contó la profesora y folklorista nacional Dra. Dora Pérez de Zárate en cierta ocasión, el P. Condomines recordó por aquellos años en que montó la famosa comedia, que habían pasado cerca de 200 años, desde la muerte de Lope de Vega, que nadie montaba esa escena, porque no sabían cómo era la música ni cómo se bailaba.

Cuando se cerró el teatro de Lope de Vega, se subastó, entre otras cosas, ‘una pollera’ (¡!). En su obra, Lope de Vega habla de un ‘indiano’, es decir, que un ciudadano de América entró a palacio a enseñarle a las hijas del duque a bailar un baile ‘exótico’ que se bailaba en América (¿por qué aquello de: ‘Viene de Panamá’?

Cuando montó la obra, Condomines le encargó al musicólogo y folklorista Gonzalo Brenes ponerle la música; a la Profa. de Zárate y su esposo el también folklorista Manuel F. Zárate, les encomendó inventar el tamborito. Se escogió al coro del conjunto típico de la Escuela ‘Profesional’. Eda Nela Zárate de Arosemena fue la cantalante. Los jóvenes bailarines estaban vestidos como príncipes españoles y las muchachas con vestidos de crinolinas, que hacían las veces de polleras. ¡Manos a la obra!

EDUCADOR