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30 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Mangos por botellas

El muñeco amaneció inspirado, Álvaro le mencionó la fecha y Casimiro recitó unos versos de una décima sobre San Juan, cuya festividad es...

El muñeco amaneció inspirado, Álvaro le mencionó la fecha y Casimiro recitó unos versos de una décima sobre San Juan, cuya festividad es señal de que ha pasado el tiempo de los mangos y por tanto ya están ‘picados’, en alusión a la llegada de la lluvia y los insectos cuyos pinchazos dañan su endocarpio.

A finales de junio, ya la alfombra de esta fruta tropical rodea el tronco de sus árboles y se cierra el ciclo anual en que los vivos colores dan contraste al verdor de las hojas perennes y tupidas.

Pero tanto mango en el suelo, es también la connotación de que no hay un aprovechamiento satisfactorio de las comunidades, de las pequeñas, medianas y gran agroindustrias, pues la pulpa de este fruto, es materia prima de un conjunto de platos desde la salsa chutney, la pastelería, licorería, hasta la cosmética.

Los responsables de un negocio de bebidas heladas de frutas tropicales, que ahora llaman ‘smoothies’ y en mi tiempo ‘raspados’, se quejaban por la escasez y los altos precios. Sí, en los supermercados venden el mango ‘importado’ que cuesta entre 1.25 y 1.50 y hasta puede costar tres balboas si se compra por peso.

Causa extrañeza el esquema comercial local. Solo se encuentra este tipo en la oferta; mientras en la ciudad, en las áreas revertidas —corregimiento de Ancón— y en provincias, el agrio olor a podrido circunda las fincas, porque pocos cosechan las diferentes variedades, necesarias para preparar un refresco, que además de aplacar el calor, está lleno de vitamina C y antioxidantes.

Una señora mandó a sus hijos a buscar unos mangos para después vender, sacar algunos ‘realitos’ y salvar el día. Esto parece una medida desesperada en la lucha por la subsistencia y paliativo a la pobreza. Pero pudiera ser además una iniciativa comunitaria, el inicio de una pequeña empresa y la posibilidad de procesar y generar fondos con la riqueza que estas especies pueden brindar.

Sobre todo por la variedad y la factibilidad que darían por ejemplo, hacer jugos con la pulpa (mermelada, conservas y otras formas); es decir comercializar y exportar esa excesiva cantidad que crece casi que silvestre, como en África y países del sur de Asia.

Diseñar un proyecto de promoción del mango, daría oportunidad de recuperar mucha fruta y derivar sus extractos hacia múltiples propósitos.

Tan solo en las áreas revertidas, donde antes los adolescentes esquivaban a la Policía Zoneíta, para cosechar este ovalado postre natural, había más de veinte tipos diferentes; nombres como teta, huevo de toro, hilacha, calidad, capurí, chancleta, papaya, cansa boca, piña, y otros cuya denominación no era necesario recordar, se veían a lo largo de la ruta del ferrocarril.

Este ejemplar de la familia de las anacardiáceas es originario de la India y Birmania y tan solo tiene tres siglos de presencia en el continente al que lo trajeron los portugueses, que a su vez lo introdujeron en África. En Panamá se hizo rápidamente popular y sus especies —se mencionan más de 50— se distribuyeron según las condiciones climáticas, el tipo de suelo y los ecosistemas y fue motivo de inspiración desde el pintor francés Gauguin hasta el poeta Sinán.

El panameño no ha aprendido siquiera a extraer su jugo y congelarlo para la utilización todo el año. Tiene perspectivas y posibilidades seguras de exportación con la formación de redes locales para recoger el fruto y su venta a empresas que lo industrializarían y buscarían mercados internos y externos.

Antes el mango no tenía precio, se cambiaba por botellas para reciclar, hoy es una opción comercial poco explorada.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.