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22 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Los pecados del sexo

A pesar de la privatización sexual, lo irónico es que el sexo es algo público en nuestra sociedad. Sólo hay que salir a la calle y echar...

A pesar de la privatización sexual, lo irónico es que el sexo es algo público en nuestra sociedad. Sólo hay que salir a la calle y echar una ojeada. Estamos rodeados de sexo por todas partes. Se reclama incesantemente el cuerpo del hombre y la mujer en la literatura, en los espectáculos y en los medios de comunicación en inadecuadas y aberrantes maneras de mostrar los estímulos sexuales y los sentimientos en la actividad sexual. Las relaciones sexuales deben ser una íntima expresión de amor entre un hombre y una mujer. Las conductas y actitudes dañinas rebajan y distorsionan el acto íntimo hasta degradarlo, al suponer que las aventuras amorosas y las relaciones pervertidas son emocionantes y aconsejables.

El atractivo sexual es un buen ingrediente para el éxito. El ‘sex appeal’ se ha convertido en una obsesión en hombres y mujeres que se niegan a envejecer. La moda realza cada día más sus rasgos distintivos. En la publicidad, el erotismo es lo más utilizado. Captar la atención del consumidor es imperativo en esta modalidad. Se utiliza la figura femenina y masculina con carácter sexual y ostensible de la provocación como aliciente para el consumo.

En tiempos remotos y aún en la primera mitad del siglo XX, el desnudo estaba reservado a los motivos artísticos que aparecían en pinturas y esculturas y, se presentaban de forma parcialmente velada. En la actualidad el cuerpo humano se muestra sin tapujos, promocionando una imagen sensual muchas veces obscena. Esta expansión y consolidación del mercado pornográfico está al alcance de toda persona sin distingo de edad, y a merced de los sádicos, masoquistas y pedófilos. Producciones con pobreza argumental, escaso talento interpretativo e indigencia intelectual traspasando los límites de la legalidad y cuyo objetivo es la perversión del sexo.

En muchos lugares del mundo, el problema de la prostitución infantil es una realidad alarmante con resultados trágicos. No es de extrañar que terminen cometiendo delitos y consumiendo alcohol y estupefacientes. Un gran número de estas criaturas se siente frustrado, sin valía alguna y apenas ve posibilidades de escapar de su desdichada vida. Me he encontrado con casos de niñas que a temprana edad, se degeneran con la permisividad de sus padres. Y, son precisamente las madres las que se encargan del contacto de sus hijas con adultos y que por dinero empiezan esta actividad sin pudor alguno. Sus madres sumidas en la indigencia e ignorancia no escatiman esfuerzo alguno por aprovecharse de la inocencia de estas criaturas, cuyos cuerpos y mentes no están preparados. Otras buscando cariño, ese cariño que nunca encontraron en aquel padre que las abandonó o que nunca estuvo. Estos hombres al momento de tener relaciones sexuales con menores de edad son impulsados por fuerzas internas irracionales. Hasta las involucran en la producción de pornografía y promoción de la prostitución infantil.

Lo que fijamos en nuestra mente influye en nuestra conducta, máxime, al ver a los demás como objetos de deseos lascivos. Se tiene la idea de que las mujeres son figuras anónimas y sin personalidad, que siempre se desnudan y exhiben su cuerpo por dinero y diversión a la espera de un hombre. Y, en muchos de los casos son las mismas mujeres las que no se dan a respetar. Padres que permiten a sus hijas desde pequeñas a vestirse con poca ropa imitando a las estrellas de cine y de la música.

El cambio de época exige de cada miembro de la sociedad y de la Iglesia una respuesta adaptada a los desafíos del momento. Recordamos lo que ya enseñaba el Concilio Vaticano II en 1965, entre otras cosas: ‘A medida que avanzan en edad, los niños y adolescentes deben ser instruidos en una educación positiva y prudente...’.

Conviene que las familias participen activamente en cursos organizados por las instituciones educativas que les ayuden a transmitir a los hijos una madura educación de la sexualidad. Siempre y cuando los educadores tengan una exacta y completa visión del significado y del valor de la sexualidad y del matrimonio entre un hombre y una mujer. Sin menospreciar a aquellas madres que educan a solas a sus hijos. Y, que los responsables al servicio de los ciudadanos y del bien común, no promulguen ni proyecten leyes que promuevan antivalores que contradigan la verdadera dignidad de la persona. Es necesario dar todo el apoyo a la familia, porque ‘la política familiar debe ser eje y motor de todas las políticas sociales’.

Existe mucha confusión en los jóvenes en temas relacionados con el sexo por la mala influencia ambiental. Es necesario un programa de educación sexual, que, entre otras cosas, incluya el amor y capacidad de renuncia y espera. Enseñarles a distinguir entre amor, enamoramiento y relaciones sexuales entre una mujer y un hombre que se quieren y suponen madurez personal. El tema del pudor, de la espiritualidad y la moral son de suma importancia. Hacerles comprender el significado de la paternidad y maternidad y, las consecuencias psíquicas de una violación y de un aborto. Es necesario hablarles de la sexualidad con naturalidad y no con vergüenza, temor o de forma fastidiosa e irritante.

El sexo lo puedes vivir con o sin pecado, todo depende de si para ti es un acto biológico falto de sentido o, buscas por medio de tu cuerpo lo que tu corazón no puede decir con las más finas y elaboradas palabras.

ESPECIALISTA DE LA CONDUCTA HUMANA.