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04 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Del otro lado de la primicia

P areciera que el ser humano, en pleno inicio del siglo XXI, medianamente educado y que vive en o alrededor de los centros urbanos, tend...

P areciera que el ser humano, en pleno inicio del siglo XXI, medianamente educado y que vive en o alrededor de los centros urbanos, tendría la capacidad de articular inteligentemente las razones que lo motivan a enfrentar los retos cotidianos o para llevar a cabo la labor que desempeña. Muchos ofician actividades por razones fundamentalmente de supervivencia. Otros tienen la oportunidad de escoger qué oficio ejercer para llevar una vida digna y contribuir a la edificación de un mejor entorno social. Ya decía el escritor ruso Dostoievski que ‘el secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive’.

En la actualidad el hombre o la mujer de edad productiva trabaja en actividades varias por lo menos dos terceras parte de su vida. Es decir, en una sociedad como la nuestra, en donde el promedio de vida es de 75 años, el individuo llega a realizar actividades de producción dentro del sistema social por cerca de 50 años, hasta cumplir con los planes oficiales de retiro a los 62 años de edad, como ha sido establecido en muchas de nuestras sociedades. Después de eso le queda disfrutar de sus logros y de la reputación que erigió.

Los medios masivos de comunicación se encuentran entre los más importantes conductores de la construcción del entorno social. En ellos se presentan informaciones para los que buscan estar al tanto de hechos que puedan o no afectarlos. Esa es la razón natural, sencilla, puntual. Otros buscan entretenerse o promocionarse. Exponer y discutir opiniones. Los comunicadores están llamados a jugar un rol fundamental como parte importante del proceso de comunicación que se da a través de estos vehículos.

Las nuevas tecnologías de comunicación social, las llamadas ‘redes’ en la Internet, se han convertido en el vehículo que ha reducido dramáticamente el tiempo en el que se da un hecho y cuando le llega al público. Eso, la inmediatez, ha creado nuevos retos con respecto a la fidelidad de la información, pero esa es discusión para otro día.

Con un conocimiento claro sobre el efecto de los medios en la construcción del marco social, los comunicadores deben poner sobre una balanza dos cosas al ejercer el oficio que escogieron: 1- Su papel clave como decodificador disciplinado y transmisor de la información para el resto de la sociedad y 2- Su deseo sincero —cuando prepara información u opina— por construir un país más próspero para todos y reconfigurar el marco social en la búsqueda de un consorcio humano más justo. Esos dos enunciados los formulé hace un poco más de 6 años.

Mucho ha sucedido a los largo de ese tiempo que hace necesario plantear una tercera responsabilidad social e histórica: 3- Los comunicadores tienen una responsabilidad fundamental con la historia y con las futuras generaciones. El trabajo del comunicador moderno es esencial, no solo en lo planteado, sino que, en ese mismo sentido, debe procurar que su trabajo de presentación de historias para comunicar, la de búsqueda de información, la investigación sobre hechos, sea, igualmente, un proceso de documentación de la realidad actual para que las generaciones del futuro puedan saber quiénes fuimos. (Retratarnos).

Alineados con estos tres principios, los medios deben hacer lo propio. No es posible que sin el menor esfuerzo investigativo se permita la presentación de informaciones que a todas luces no cumplen con los elementos básicos informativos que permitan a la ciudadanía evaluar un tema en su justa medida. Y el medio (los diarios, televisoras, radioemisoras, etc.), no toman medidas correctivas —sino por su honor y reputación— por la verdad.

Es persistente la mal llamada primicia que con sensacionalismo amaña las informaciones, el editorializar las noticias con sus puntos de vista particulares y simplemente falsear la información. La distorsión de la realidad es evidente en los últimos años. El uso indiscriminado de recursos comunicativos de parte y parte para contrarrestar mensajes en el diario quehacer político, ha ido presentando un mundo irreal que, para el que no tiene la mínima preparación para decodificarlas adecuadamente, cae, como vemos en muchas instancias, en la ilusión de que avanzamos hacia escenarios sociales y políticos superiores. Peor si tenemos que decodificar estas realidades en el futuro, enmarcándolas como escenarios históricos de la nacionalidad.

Hay una serie de temas que nos afectan como conjunto humano que merecen más documentación de parte de los comunicadores. Es más, nos amenazan. El tráfico humano continúa en pleno siglo XX!, la corrupción, el tráfico de estupefacientes, la penetración y control de organizaciones delictivas en todas las esferas de la sociedad. Sería interesante leer dentro de unos 100 años cómo fue que resolvimos esos problemas o cómo fue que terminaron controlándonos a todos. Y si existen las pruebas documentales, particularmente el trabajo que realizan los medios, debe servir como evidencia de que no se hizo el trabajo necesario por alertar a la población. Que los mantuvimos sumidos en la ignorancia de los concursos de baile y canto, los realities chabacanos, el periodismo ligero y la desinformación sistémica.

Se ha actuado irresponsablemente en el uso de los medios de comunicación a nombre de la libertad de expresión y eso, la ciudadanía no se lo merece. Todo comunicador debe decidir para qué se vive, articular claramente por qué hace lo que hace y ponderar su conclusión ante el futuro juicio de la historia.

COMUNICADOR SOCIAL.