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29 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

A qué vino Jesús

En algún momento de la eternidad pasada, antes de la fundación de la Tierra, se produjo un conflicto en el cielo entre Dios (el Padre, e...

En algún momento de la eternidad pasada, antes de la fundación de la Tierra, se produjo un conflicto en el cielo entre Dios (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) y Lucifer, el ángel más encumbrado de toda la creación divina. El origen, la posición y la caída moral de este ser poderoso es descrita en las Sagradas Escrituras. ‘Perfecto eras en todos tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad’, (Ezequiel 28:14.). La iniquidad no podría surgir de un ser creado perfecto, a menos que ser perfecto incluyera esa posibilidad. El concepto de perfecto contempla la libertad moral, la capacidad de elegir entre el bien y el mal.

La rebelión se centró en desafiar el gobierno divino, su ley moral y rechazar su autoridad espiritual. Dios no podía cambiar el modo de pensar de Lucifer y sus seguidores, por lo que la decisión fue expulsarlos de sus puestos y del paraíso de armonía celestial. ‘¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, sobre las alturas de las nubes subiré y será semejante al Altísimo’. (Isaías 14: 12-14). Tras ser expulsado de las cortes celestiales Lucifer se convirtió en Satanás.

Al igual que los ángeles, Adán y Eva fueron creados como seres morales libres. La prohibición de comer del fruto del árbol de la sabiduría era una prueba sencilla que les daba la opción de obedecer y vivir o desobedecer y morir. Satanás tramó mediante engaños la ruina y la depravación de la raza humana. Logró la conquista moral sobre Adán y Eva, convirtiendo esta Tierra en cabeza de puente de su guerra contra Dios.

Antes de expulsar a Adán y Eva del Edén, Dios les prometió que no los abandonaría a merced de Satanás. Les anunció que enviaría a Jesús, el Redentor, quien, mediante su muerte expiatoria y sustitutiva, aplastaría la cabeza de Satanás, haría posible la salvación de los pecadores arrepentidos y la erradicación total del mal y la recreación del planeta.

Puesto que la Ley Divina es tan sagrada como el mismo Dios, solo uno igual a Dios podía expiar su transgresión. Solo Jesús, el Dios Hijo, al adoptar la naturaleza humana podía salvar al hombre de la muerte física y espiritual, como resultado de la violación de la Ley Divina y colocarlo otra vez en armonía con el cielo. El plan de salvación se resume en que Jesús aceptó voluntariamente la responsabilidad de los pecados de la Humanidad y sufrió las consecuencias legales del juicio de Dios sobre el pecado.

A lo largo del Antiguo Testamento se describe el lugar específico del nacimiento milagroso de Jesús, el tiempo preciso de su aparición y de su muerte, su ministerio y enseñanzas y la naturaleza redentora de su sacrificio. El Nuevo Testamento revela el intento de Satanás por impedir su nacimiento, el ardid para asesinarlo en el primer año de vida, las tentaciones, su constante asecho para obstaculizar su ministerio, debilitar su influencia entre la población y sus planes para, finalmente, matarlo.

Seres demoníacos participaron con los humanos en la crucifixión. En la cruz, este malvado adversario de Dios quedó expuesto y condenado ante los ojos de los ángeles leales y de los habitantes de los mundos no caídos.

Con la muerte de Jesús quedó confirmado el plan de salvación, el reino de la gracia divina y la garantía de vida eterna para los pecadores arrepentidos. El conflicto cósmico entre el bien y el mal, se reproduce diariamente en el microcosmos interior de cada ser humano. Satanás y la batalla espiritual son reales. Fue derrotado en la cruz del Calvario y será destruido en el juicio final.

La Humanidad ya no necesita arrastrar la enorme culpa de sus pecados pasados y presentes, pues Jesús se hizo cargo y llevó sobre sí mismo el castigo para que la Humanidad esté en paz con Dios. En Jesús, Dios cancela la historia humana sin esperanza y, en su lugar, le da la historia divina de liberación del pasado y la promesa de vida eterna. Aceptarlo o no, involucra el destino de cada ser humano.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.