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03 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La bella Italia

Un buen amigo, asiduo lector, recordando a mis escritos donde relato reminiscencias y experiencias de mi temprana edad, me hizo la obser...

Un buen amigo, asiduo lector, recordando a mis escritos donde relato reminiscencias y experiencias de mi temprana edad, me hizo la observación de que yo no había escrito sobre mis vivencias en Italia, lo cual es cierto. Le agradezco su comentario que permite corregir esa omisión.

Guardo particular afecto por Italia. Tengo muchas razones para quererla; tuve la gran fortuna de vivir en ese hermoso país en dos ocasiones, primero como banquero del Chase en los años 80’s, y luego como embajador de mi país durante la administración del presidente Torrijos. Mis hijos se educaron en Italia, dos de ellos se formaron profesionalmente en ese país. Mi nieto y cinco de mis nietas son de cepa italiana. Italia me distinguió como miembro de la Orden de Solidaridad con la República Italiana al grado de Gran Oficial, el rango mayor que Italia concede a un extranjero. ¡Cómo no puedo tener afecto por ese país! Mis dos etapas de vida en Italia representan dos situaciones históricas diversas a las que les dedicaré más espacio en el futuro.

Si algo aprendí de Italia es el reconocer que dentro de su territorio existen muchas Italias, lo que en mi concepto hace difícil hablar del ‘típico italiano’. Recuerdo una conversación interesante sobre el tema que mantuve en Roma con otro cliente en una silla de barbero a mi lado, quien al final resultó ser un senador, quien reconoció mérito a mi tesis.

Debemos recordar que hasta la formación del moderno Estado de Italia con la unificación de su territorio al crearse el Reino de Italia en 1869, el país estaba fragmentado por reinados, ducados y los estados papales, todos soberanos con sus gobiernos, dialectos y costumbres. En cierta medida la división política actual en regiones y provincias refleja esa realidad histórica. Existen diferencias entre los habitantes de una a otra Región. Aunque la lengua oficial es el italiano, existen muchos dialectos regionales. Sin embargo, se considera degradante el no hablar italiano, más de una vez me gritaron en broma ’parla Tricolore’, ‘habla Italiano’, a oírme hablar otro idioma, haciendo referencia a los tres colores de la bandera nacional. Más en las aldeas y grandes ciudades, la gente común se comunica en dialecto. En ciudades como Roma existen varios dialectos. En Milano se habla ‘milanés’; en Roma, el ‘romagnolo’, entre varios, en Venecia el ‘veneto’, muy influenciado por el español, en Napoles, el ‘napoletano’. La diferencia es mayor en el Alto Adige (Bolzano) de orígenes austriacos o en el Piamonte (Turin) de raíces francesas, sus dialectos, cocina y costumbres reflejan sus orígenes ancestrales.

También subsiste el regionalismo. Es notable la rivalidad entre el Norte, la Lombardia y el Sur, tanto así que persiste un movimiento que busca crear un estado federal, la Lega Lombarda, auspiciada por un fuerte partido político.

Para mí, que soy muy buen diente. nada mejor que la cocina refleja esa mezcla y regionalismo.

La mayoría de los extranjeros identifica la pasta, sobre todo el espagueti, como el plato típico italiano, pero eso no es generalmente cierto, no toda Italia come espagueti como plato principal, además, existen varias clases de pastas y salsa cuyas preferencias varían con la región. La pasta se divide en ‘pasta asciuta’, pasta seca, en sus múltiples variedades, siendo el típico espagueti, la más conocida, luego la ‘pasta ripiena’, pasta rellena, el ‘tortellini’ y el ‘ravioli’ y, finalmente, la ‘pasta fatta al forno’, pasta cocida la horno, la ’lasagna’. Cada Región tiene preferencia por el tipo de pasta y la salsa. Sin embargo, el plato tradicional en Milano sigue siendo el ‘risotto’, arroz ‘asopado’. En el Alto Adige, la comida es de influencia austriaca. El plato típico es el ‘bratwurst’, la salchicha alemana. Igual en las áreas montañosas del Norte se come la ‘polenta’, masa de maíz amarillo parecida a nuestro plato típico conocido como ‘ceren’, pero más gruesa. Se acompaña con carne de monte, liebre, jabalí, venado, etc.

La ‘pasta asciuta’ se come ‘al dente’, o sea, con resistencia al diente. Los panameños sobrecocemos la pasta, tanto así que en una ocasión en Milano llevé a una pareja de panameños a cenar a uno de los restaurantes de mejor cocina y al probar el espagueti, comento ‘estos tipos no saben cocinar, el espagueti está crudo’. Por fortuna lo dijo en español, de habernos comprendido, el mesero nos hubiera lanzado del local. Con esto termino hablando de Italia hasta la próxima.

BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO.