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24 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Si la verdad nos hace libres, ¿por qué ocultarla?

E xiste una corriente de pensamiento y acciones, que ha venido insistiendo en distintos momentos en hacer desaparecer de la Historia los...

E xiste una corriente de pensamiento y acciones, que ha venido insistiendo en distintos momentos en hacer desaparecer de la Historia los momentos aciagos de nuestras relaciones internacionales con EUA, o por lo menos, vaciar de contenido los elementos (fechas, símbolos, textos, imágenes visuales) que hagan alusión a acciones de profundo perjuicio para nuestra nación de parte de esta potencia imperial o al carácter de lucha de tales relaciones.

Así, aparecen como prácticas de esta corriente, la mercantilización de fechas significativas en la formación de nuestra panameñidad, convirtiéndolas en días de asueto (p.e. días puentes para el 9 de Enero y 28 de Noviembre); también, vaciar de contenido las narraciones en los textos escolares de historia patria sobre los sacrificios libertarios y de todo vestigio histórico de lo que significaron las antiguas bases militares, contra la liberación de nuestro pueblo y los del tercer mundo o, lo más reciente, anular de un plumazo la asignatura ‘Relaciones de Panamá con los EUA’.

¿Por qué el despropósito de que nuestras nuevas generaciones desconozcan verdades de las relaciones históricas entre Panamá y Estados Unidos de América (EUA)? ¿Qué se oculta en el tratamiento de esta temática que, sin atizar el infantilismo antinorteamericano, no renuncie a dar a conocer y comprender las verdades que nos hacen libres como país?

Toda nación posee grupos sociales (llámese élites de poder) que en nombre de ella cometen acciones en su provecho, aun cuando sean perjudiciales para su propio pueblo o el de otras naciones. Por lo general, estas élites pueden lograr que sus estados y gobiernos cometan atrocidades, como las que perpetró EUA en la guerra de Vietnam entre 1958 y 1975. No obstante, a diferencia de su pueblo, ellas jamás confesarán que han hecho tal cosa (Ver ‘Untold History of the United States’ de Oliver Stone en Showtime).

Esto resulta muy familiar en Panamá, con el asunto del no reconocimiento de los estragos causados por la invasión de 1989, ya sea en vidas, o en el incremento nunca antes visto de la inseguridad ciudadana, o ya sea con la masificación del trasiego de drogas ilícitas y su consumo por nuestros jóvenes, controladas antes de esa fecha por los estamentos de seguridad locales. Pero también ocurre, con el tema del saneamiento de las áreas llenas de municiones peligrosas, que los EUA se han negado a sanear, aunque nos siga costando al país en vidas y discapacitados por minas explotadas o por el aumento de costos incurridos al construir el camino de acceso al puente Centenario, con el consiguiente efecto en el erario público.

Es perfectamente entendible que las élites norteamericanas se animen a ocultar la verdad histórica de los perjuicios que ha provocado a la humanidad y a los(as) humanos(as) panameños(as). Lo que no parece razonable es que esas élites encuentren en nuestros(as) gobernantes turnados en este menester, desde 1990 (con la irónica inclusión en esta lista de un hijo del general Torrijos), el ímpetu por borrar el sentido de los sucesos dados en nuestras relaciones con esa potencia neocolonial.

Las leyes científicas de la Historia señalan que cuando este fenómeno acontece, cabe afirmar la existencia de una complicidad (por conveniencia) entre estos y los primeros en las causas de tales sucesos o bien, en el reforzamiento de sus consecuencias.

Contribuir a que nuestro pueblo sea auténticamente libre, pasa necesariamente por no ocultarle la verdad de las relaciones entre Panamá y EUA. ¿O acaso en las nuevas y fructíferas relaciones de EUA con Vietnam, este le ha ocultado a sus nuevas generaciones la verdad del genocidio estadunidense contra su pueblo en la guerra que libraron? Indudablemente que no.

A nuestras autoridades gubernamentales, incluidas las educacionales y legislativas que se dicen de cultura occidental y cristiana vale que le respondan al pueblo y las nuevas generaciones: ¿Si la verdad nos hace libres, por qué ocultarla?

A nuestros educadores y colegas, generadores(as) de opinión en medios de comunicación y púlpitos, les pregunto: ¿Nos haremos cómplices de este pecado social? Al menos yo no.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.