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20 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Mi gran amigo José Guillermo Lewis Navarro

Hace más de 30 años conocí a Pepe, cuando me visitó en mi casa en Colón, acompañado de su esposa Priscila, para darle seguimiento al enc...

Hace más de 30 años conocí a Pepe, cuando me visitó en mi casa en Colón, acompañado de su esposa Priscila, para darle seguimiento al encuentro matrimonial cristiano, Ceci y Chemo, parejas guías de esa actividad de la Iglesia Católica. Lo primero que hice fue brindarle una botella de champaña, lo único que tenía en la casa que me habían regalado en mis turnos en sanidad marítima, de una marca desconocida, pero José Guillermo, como siempre, gran conocedor de todo, no demoró ni un segundo en decirme con gentileza que era la mejor champaña que había probado en su vida. Así entablamos amistad en una gran noche de conversación entre todos, con risas, carcajadas y cuentos, saliendo ellos para Panamá en la madrugada.

Posteriormente nos encontramos en otras actividades de índole fraternal, donde compartimos grandes ideas, grandes ambiciones y grandes planes con amigos en común como Ricardo J. Durán, Chale Icaza y otros tantos, donde entre reuniones y múltiples actividades fuimos desarrollando una gran amistad.

He decidido escribir de mi gran amigo, porque muchas personas como José Guillermo, que han legado grandes cosas a su Patria, a su familia, a la empresa privada y a tantas personas, son silenciosas en su camino porque mantienen una estela de gran humildad.

José Guillermo era un hombre luchador por excelencia, estructurando grandes empresas, siempre laborando en la fortaleza familiar y con una gran preocupación por su patria.

Hablando de Patria, fue con José Guillermo que se iniciaron todos los trámites para el regreso a Panamá de las Actas Anfictiónicas de Simón Bolívar de 1826, ya que él facilitó la relación con el canciller Gabriel Lewis Galindo (q.e.p.d.), su padre, un hombre de gentil personalidad, con una inteligencia natural y un don de gentes que al tratarlo por primera vez me impresionó su carisma y su áurea, así capté de inmediato de dónde venía la genética de José Guillermo. Don Gabriel dio las instrucciones al vicecanciller Omar Jaén y en varias reuniones con él y el presidente de la Sociedad Bolivariana, don Aníbal Illueca (q.e.p.d) impulsaba con tenacidad esta sociedad y esta meta. Finalmente, con el apoyo del presidente Ernesto Pérez Balladares, quien hizo el Salón Paz para reposo de las actas, se siguieron los trámites hasta tanto se trajeron a Panamá en el Gobierno de la presidenta Mireya Moscoso.

Estoy seguro de que si yo no hubiese participado en forma viva de esa experiencia nadie sabría que José Guillermo Lewis inició con don Aníbal Illueca y su padre Gabriel Lewis Galindo y tantos otros de la Sociedad Bolivariana la gestión formal para este logro histórico.

José Guillermo, durante los años 80, época de grandes manifestaciones sociales, su participación en estas actividades lo llevó a la cárcel y al exilio en EE. UU. y participó con patriotismo por sus valores democráticos y de justicia.

Recuerdo grandes conversaciones políticas que tuvimos haciendo planes cuando Panamá volviera a la democracia, era reiterativo en ese tema y en múltiples visitas que hice a EE. UU. durante su exilio me recibía con ansiedad preguntándome por todo Panamá, por los amigos, por cada detalle y con mucha tristeza, porque se encontraba fuera de su país.

No pretendo hacer una biografía puntual de José Guillermo recordando toda su labor como empresario, sensible al dar su gran aporte al sistema energético panameño con todas las plantas térmicas que colocó en áreas apartadas del país e islas que no tenían luz, aun así cuando muchas personas le decían que no era factible, pero José Guillermo con su tenacidad logró llevar a cabo estos objetivos. Además apoyó a muchas entidades cívicas y sociales, fue presidente de clubes sociales y entidades fraternas, un viajero incansable, un católico comprometido, un patriota ejemplar y consagrado.

Me ayudó inclusive a estructurar los planes del Hospital Punta Pacífica y desarrolló conmigo todos los conceptos básicos de este proyecto, desprendido y buena gente, nunca ostentó ningún deseo de beneficio alguno.

José Guillermo y yo éramos de dos sociedades diferentes, yo venía de Colón, de un estrato humilde y él venía de una familia de abuelos independentistas; sin embargo, nuestra amistad se basaba en una entrega de relación humilde y sencilla.

Quiero dejar algunos principios para futuras generaciones de lo que es un gran amigo. No hay diferencias de clase, raza, religión, no existen egoísmos, mezquindades, ni protagonismos, ni competencia, ni quién lo hace mejor, no hay secretos solo existe sacrificio, entrega, desprendimiento y cariño.

Ese era mi gran amigo José Guillermo Lewis, un hombre sencillo, noble, desprendido de gran corazón... un hombre de familia, un patriota y un emprendedor. Te digo hasta luego y estoy seguro de que estas en la gracia de Dios.

MÉDICO Y EX MINISTRO DE ESTADO.