16 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Días literarios

La ciudad de Panamá es un pandemónium en estos días. No porque sea la capital imaginaria de algo infernal, sino por el ruido y confusión...

La ciudad de Panamá es un pandemónium en estos días. No porque sea la capital imaginaria de algo infernal, sino por el ruido y confusión que traen diversas actividades, que por su dimensión cambian el ritmo de la cotidianidad, marcada por el calor y las lluvias constantes de octubre, uno de los meses más húmedos de la temporada.

Hace pocos días, fuimos testigos de la Cumbre Iberoamericana, que puso en la agenda los problemas apremiantes de dicha comunidad de naciones y tan pronto terminó, se iniciaron las jornadas del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, que hizo a la capital panameña, escenario de estudiosos, escritores, académicos y autoridades que discuten sobre los impactos que el idioma tendrá en las sociedades del siglo XXI.

Casi paralelamente al encuentro internacional, tenemos en Panamá, la celebración de los premios de literatura Ricardo Miró y las diversas actividades que concentran a los interesados en las letras nacionales para conocer —ya se anunciaron el lunes— a quienes han sobresalido en sus producciones poéticas, novelísticas, narrativas, teatrales y ensayísticas.

Es un doble premio para la población, que dos acontecimientos vinculados entre sí y que tengan que ver con la expresión literaria se produzcan en una semana. Así, el público tiene la oportunidad de apreciar de cerca, a grandes autores que en el contexto del congreso, aprovechen para hablar, analizar y presentar sus obras y expertos para exponer sobre los destinos de la lengua, como herramienta expresiva.

Decía al respecto Roman Jakobson que las lenguas del mundo, podían ser estudiadas como variantes múltiples del lenguaje humano y de eso se trata en este congreso. La realidad actual condiciona las formas o los instrumentos que posibilitan la comunicación de las personas y los grupos. La literatura es un tipo de discurso que descansa sobre una perspectiva de embellecer la palabra y sobre todo, su uso.

Es importante por esa razón los talleres y exposiciones que traen los jurados del premio Miró, porque se trata de enfoques más específicos y que miran cómo las obras y el ingenio de los literatos, discurre para plasmar en un relato una experiencia real, imaginada o concebida solo en la mente de un artesano de la composición que hace de ella una pieza de arte que luego leerá el público.

‘El que recuerda, imagina’, decía Carlos Fuentes y agregaba, ‘el que imagina recuerda. El puente entre las dos riberas se llama lengua oral o escrita’, acotaba. Los textos que esta semana han sido puestos en la liza del concurso Miró, tienen la virtud que c orresponden a ejercicios concebidos para reproducir un instante, un momento, una etapa o un periodo donde de alguna manera la historia se reconstruye.

Hay un criterio que entusiasma a todos los que escriben y en esto coinciden Fuentes y Vargas Llosa, por ejemplo, ‘el deseo de ser, del deber ser y de lo que no puede o no debe ser’. Por esa razón, el escritor peruano habla en varios de sus ensayos, sobre la construcción de un mundo falso, edificado en función de estructuras relacionadas con los deseos fallidos de sus autores.

Si la población del país, dedica un momento de su agenda a pensar en el papel que los libros pueden jugar en sus vidas, de cómo ellos resumen conflictos, amores, sentimientos, hechos, decisiones y también contribuyen a comprender mejor el mundo y a cada uno en su especificidad, encontraremos que se constituyen en poderosas armas para acometer la vida cotidiana y para construir el futuro.

Es impostergable, entonces leer. Ojalá estos días literarios nos entusiasmen hacia este deleite mental.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.