El cuidado animal en Summit: dentro de la clínica que protege a la fauna silvestre

  • 19/01/2026 00:00
Desde 2018, el parque alberga una clínica veterinaria que ha pasado al debate público tras la difusión en redes sociales de testimonios de exveterinarias que cuestionaron las condiciones laborales, y los criterios utilizados para el bienestar animal

A varios kilómetros del bullicio de la ciudad, lejos del concreto y el tráfico que domina la rutina capitalina, se extiende el Parque Municipal Summit. Un espacio verde fundado en 1923, que más que un parque, funciona como refugio donde convive la fauna silvestre, para la educación ambiental y para las familias que, cada fin de semana, convierten sus senderos en punto de encuentro.

No es solo un pulmón verde, es un territorio donde conviven la vida de 36 especies distintas de animales silvestres, además de la mirada humana y una promesa silenciosa de cuidado. Cada fin de semana es el escenario donde padres, madres y abuelos acuden junto a sus niños que esperan con ansías ver al Águila harpía, al Capibara o a los distintos animales emblemáticos del país.

Desde 2018, el parque alberga una clínica veterinaria dedicada a la atención y rehabilitación de animales rescatados y especies que habitan de forma permanente en sus instalaciones. Ese lugar, donde el cuidado diario y cada evaluación médica sostienen el delicado equilibrio de la conservación, pasó en semanas recientes al centro del debate público, tras la difusión en redes sociales de testimonios de exveterinarias que cuestionaron las condiciones laborales, la gestión administrativa y los criterios utilizados para garantizar el bienestar animal.

En sus publicaciones, señalaron limitaciones operativas, escasez de insumos, falta de mantenimiento y decisiones administrativas que, según afirmaron, desplazaron el criterio técnico del personal especializado. A esto se le suma la difusión de imágenes y videos sobre que mostraría el presunto mal estado de las instalaciones y de los equipos dentro de la clínica, que le dan otra oportunidad y mejor calidad vida a cientos de animales silvestres. “Me fue imposible sostenerme en un sistema donde mis títulos y mi experiencia no tenían ningún valor”, escribió una de ellas en su cuenta de Instagram. La Estrella de Panamá, intentó comunicarse con las veterinarias para conocer de primera mano sus versiones ; sin embargo, hasta el cierre de esta edición no se obtuvo respuesta.

El exalcalde José Blandón se refirió al tema en el programa “La Mañana de Radio Panamá”, cuestionando el deterioro de una clínica que, según indicó, había recibido una inversión superior a los 300 mil dólares entre construcción y equipamiento. Blandón señaló que equipos médicos especializados se habrían deteriorado por falta de mantenimiento básico y cuestionó que decisiones técnicas estuvieran en manos de personas sin la idoneidad necesaria.También criticó la atención de animales domésticos en una clínica diseñada exclusivamente para fauna silvestre y la salida de al menos tres médicas veterinarias en un periodo aproximado de año y medio.

La controversia se intensificó, la sociedad se dio a sentir, y con ella surgió una interrogante inevitable: ¿qué ocurre en una clínica creada para proteger la vida cuando quienes trabajaron en ella aseguran que el bienestar animal dejó de ser una prioridad?

Un refugio entre la ciudad y la naturaleza

La Estrella de Panamá realizó un recorrido por el parque y su clínica veterinaria en medio de la controversia. A medida que el camino avanza, el parque se fragmenta en estaciones naturales donde conviven especies diversas: entre ellos monos, felinos y aves. Algunas jaulas albergan un solo ejemplar, animales que cargan secuelas físicas irreversibles y cuya historia los ancló de forma permanente a este lugar, lejos de una posible reinserción en la selva. En otros espacios, aves, tortugas y distintas especies silvestres comparten el entorno, formando parte de un paisaje que remite al imaginario colectivo panameño y a la promesa de conservación que dio origen a estas instalaciones.

En ese recorrido, la clínica veterinaria emerge como un punto clave. Allí, donde cada decisión médica define la posibilidad de una segunda oportunidad, surge la pregunta que hoy atraviesa el debate público: si este espacio sigue siendo, como fue concebido, un refugio para la vida silvestre, o si las tensiones denunciadas han alterado el delicado equilibrio entre la conservación, la gestión y el bienestar animal.

Al llegar a la clínica, el contraste fue claro. La mayoría de las instalaciones se observaron recientemente limpias, saneadas y funcionales. Las áreas dentro de clínica como la sala de operaciones o de neonatos contaban con equipos visualmente en buen estado. A simple vista, la clínica funciona bajo una lógica de control, inventario y seguimiento técnico. Dentro de las instalaciones, la escena dista del ruido del debate digital. Dos animales permanecían en recuperación, sus cuerpos aún frágiles, pero con señales evidentes de avance. Cada movimiento, cada gesto contenido, hablaba de un proceso que avanza con cautela: la posibilidad de una segunda oportunidad para volver a la vida silvestre. Sus recintos se encontraban limpios, con alimento disponible y sin rastros visibles de deterioro o irregularidades, en un entorno que parecía sostener, al menos en ese momento, la promesa de cuidado.

Durante esta visita, La Estrella de Panamá conoció que los videos y fotografías que circulan en redes sociales serían “extemporáneos”, imprecisas en fechas, cantidades y contexto, y corresponderían a situaciones previas a la actual administración. En cuanto a los procesos de liberación, se explicó que cada uno cuenta con su respectiva acta y que las decisiones no responden a determinaciones unilaterales. Se trata, según lo señalado, de procedimientos guiados por criterios técnicos, desarrollados en coordinación con el Ministerio de Ambiente y bajo la autorización del personal veterinario responsable.

También se señaló que la clínica veterinaria está destinada exclusivamente a fauna silvestre y que no se atienden animales domésticos, aunque se mantiene coordinación interinstitucional con otras entidades en casos específicos que requieren apoyo técnico o uso de equipos especializados.

Más adelante en el recorrido aparece la cocina, un espacio discreto que sostiene el corazón de la vida que habita Summit. Un tablero, marcado con fechas, tratamientos, cantidades y horarios se observó, funciona como una bitácora diaria del cuidado animal. Los congeladores que resguardan la comida se encontraban en buen estado, sin rastros visibles de mala higiene, en un entorno donde la rutina parece imponerse al ruido externo. A simple vista, el territorio donde conviven la vida silvestre parece estar en orden. La discusión permanece ahí, pero la vida en Summit sigue su curso.

Un refugio que sigue respirando

Más que un parque, el Summit es uno de los principales pulmones verdes de la ciudad y un refugio vital para la fauna silvestre del país. En medio de la polémica, los animales continúan respirando, alimentándose y esperando. La naturaleza no se detiene, incluso cuando todo a su alrededor está en discusión.

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