Las cifras forman parte de las proyecciones de la cartera agropecuaria del Banco Nacional de Panamá, donde existen unos 5,400 productores activos. El banco...
- 07/12/2014 01:01
Los progresos hacia la igualdad de género se miden anualmente por medio de varios índices estadísticos, entre los que se encuentran el Índice de Desigualdad de Género (IDH-G), elaborado por el PNUD; El Índice de Disparidad entre Géneros (IDDG), del Foro Económico Mundial; y El Índice de Equidad de Género (IEG), elaborado por la red internacional cívica Social Watch.
Estos índices son cálculos compuestos de estadísticas que están disponibles y que incluyen factores relacionados con la esperanza de vida, la matrícula escolar, la participación en la fuerza laboral y la representación política.
En 2010, el Economist Intelligence Unit lanzó su Índice de Oportunidades Económicas de las Mujeres (WEOI, en inglés) que abarca cinco dimensiones: las políticas y prácticas laborales; las oportunidades económicas de las mujeres; el acceso a las finanzas, la educación y la capacitación; la condición jurídica y social de la mujer; y el ambiente general de negocios.
EL CASO PANAMEÑO
Vamos a tomar para analizar el caso de Panamá el Índice de Desigualdad de Género (IDH-G) del PNUD, que refleja la desventaja de las mujeres en tres dimensiones, a saber, salud reproductiva, empoderamiento y mercado laboral, para tantos países como datos de calidad razonable se dispongan (148 en 2013).
El índice muestra la pérdida de desarrollo humano causada por la desigualdad existente entre los logros de mujeres y varones en estas dimensiones.
Panamá ha estado perdiendo escaños en el mundo a causa de la desigualdad de género, desde que se empezó a calcular este índice. En 2010, Panamá pasó del lugar 54 según el IDH al 81 debido a la desigualdad de género (IDH-G), pero en 2013, la caída fue del lugar 65 en el mundo al 107 (Cuadro N°1). Es decir cada vez se agudizan más las desigualdades entre hombres y mujeres.
Con anterioridad el PNUD, ha definido que la mayor pérdida de igualdad se debe a la dimensión de la salud sexual y reproductiva. En el caso de América Latina y El Caribe el 4% se debe a la desigualdad en el mercado laboral, 14% a la desigualdad en el empoderamiento, y el 98% a la salud sexual y reproductiva (PNUD. IDH-2010).
Veamos que ocurre con la salud sexual y reproductiva en Panamá. Uno de los indicadores es el embarazo adolescente.
En la gráfica N° 1 podemos observar que empieza desde la edad de 10 años y que su tendencia es creciente, en la última década.
Por si alguien piensa que es un problema superado, les presento las estadísticas del año en curso, en el cuadro N°2. Podemos apreciar que cerca de un tercio de los embarazos atendidos por el Ministerio de Salud (MINSA) en 2014, corresponde a menores de 19 años.
Estas cifras son solo una parte de lo que realmente está ocurriendo, porque solo se refiere al MINSA, no incluye las clínicas privadas y tampoco a las que simplemente no acudieron a control. Pero lo que es peor aún, no somos conscientes que hay un sinnúmero de adolescentes con varios hijos, como puede observarse en el cuadro N° 3.
El censo de 2010 identificó a 8,605 muchachas entre los 12 y los 19 años que tenían desde un hijo hasta 9 hijos. Por cierto estas adolescentes lo más probable es que formen parte del contingente de los NINI’s, porque con un número plural de criaturas no se puede ni estudiar ni trabajar. Ya se ha dicho que la mayoría de las personas en esa situación son mujeres.
Al mismo tiempo es oportuno señalar que la mayoría de las personas mayores de 15 años sin ingresos propios en Panamá corresponde a mujeres: 28.1% en el área urbana y 39.6% en el área rural (CEPAL, Observatorio de Género-2012). El porcentaje para los hombres en esa situación es 5.8% y 14% respectivamente.
Las mujeres constituyen la mayoría de la población no económicamente activa: 72.2% versus 27.8% de hombres (INEC, marzo-2013). La mayoría de las mujeres que no buscan trabajo responden que no lo hacen porque deben cuidar niños, o tienen otras responsabilidades familiares.
En Panamá tenemos un serio problema con las oportunidades que la sociedad le brinda a las mujeres por no tener conocimiento real y científico sobre su sexualidad, sin hablar de sus parejas que en muchos casos se desentienden de la paternidad.
Es imperativo establecer la educación sexual en el sistema educativo en todos los niveles de enseñanza, si es que de verdad nos importa nuestra juventud. No sólo se trata de embarazos no deseados, sino también de enfermedades de transmisión sexual. l