La rana dorada, un anfibio en peligro crítico de extinción, está un poco más cerca de volver a su hábitat natural en el centro de Panamá, después de casi...
- 17/11/2014 01:00
Guillermo Ferrufino estaba apretujado. Tenía quince días atascado en una ciénaga política que no conocía y que parecía producirle escozor: el escándalo por la compra hipervalorada de cuchillos y capotes realizada por el Ministerio de Desarrollo Social, a su cargo, le llevaba del cielo a las tinieblas; del glamour y simpatía de su imagen televisiva a la galería pantanosa de los funcionarios tocados con el estigma de la corrupción.
Los analistas aseguran que la popularidad era su único activo. ‘Junior’, como alguna vez le llamó Martinelli en pantalla, no estudió ni tenía experiencia política. En cambio, mantuvo el récord de simpatía en las encuestas y tal vez creyó que sería aval suficiente para catapultarlo a la Presidencia de la República, silla —reconoció en una entrevista con La Estrella de Panamá en 2009— con la que siempre ‘había soñado’.
Por eso su premura en dar cara al escándalo. Su respuesta a la crisis fue un correo masivo a los medios, el 1 de agosto de 2012, que la página editada por Eric Jackson The Panama News (publicación que dio las primeras pistas sobre el asesino serial ‘Wild Bill’), calificó de ‘extraño’.
¿Por qué? Tenía una autoconfesión que hoy es la punta de un escándalo que la justicia investiga. Sin esperar que alguien le preguntara, sostenía que el caso de los cuchillos no guardaba relación con la negociación para adquirir una residencia ni con la adquisición de un BMW X5, un año después de llegar al gobierno.
EL MINISTRO DE LAS ENFERMEDADES RARAS
Luis Corbillón, primo y suplente de Ferrufino en la Asamblea Nacional hasta julio pasado, reconoció en noviembre de 2012 que cuando empezó la campaña electoral, el exministro ‘estaba limpio y no tenía un centavo en el bolsillo’.
Había crecido en El Coco de La Chorrera e hizo la primaria en la Escuela República de Costa Rica, detrás del restaurante folclórico El Trapichito.
Incluso, vivió con su primera esposa en un chalet común, cerca de la Interamericana, en El Coco. Para entonces, aparecía ya en dos sociedades anónimas (las únicas, de hecho, en las que aparece), Peritran y S. Y G., ambas familiares.
Quienes viven en la zona recuerdan cómo, después de asumir en el Mides, su residencia se llenaba de gente, que pretendía un favor del ministro que se autoproclamaba ‘el más sensible’.
Su éxito había sido rotundo: la mitad de los que votaron por diputados en La Chorrera le favorecieron. Aunque se había jurado independiente, a última hora optó por dejarse engullir por ‘el cambio’ que proclamaba Ricardo Martinelli.
Aun así, lo único que lograron fue que se comprometiera a gestionar en 2010 una pista de automovilismo, tras la celebración de una copa de autos que bautizaron ‘Guillermo Ferrufino’.
La bulla acabó cuando se mudó a la casa de los $500 mil. Ferrufino registró su cambio de residencia el 30 de abril de 2013, al mediodía, aunque el 12 de mayo siguiente reapareció en El Coco, para votar en la primaria presidencial de Cambio Democrático, partido en el que se decidió a militar.
El entonces ministro apenas reía. Coreaba que apoyaba a José Domingo Arias y que había olvidado su idea de ser presidente, aunque alrededor del partido se hablaba de que declinó por presiones internas.
La nueva casa, la del correo electrónico, le sirvió, sin embargo, para postularse a alcalde de Panamá. Aunque insospechadamente cayó. O ‘abdicó’, como reconoció en una carta abierta, en junio de 2013.
Ferrufino asegura que por razones médicas decidió no correr, aunque nunca las aclaró. Estuvo dos veces en el hospital, una de ellas en abril de 2013, tras desplomarse en una farmacia en El Dorado. Sus guardaespaldas lo cargaron.
Ricardo Martinelli reconoció, entonces, que su ministro de Desarrollo Social era un candidato ‘fijo’, pero que entendía que ‘la salud y la familia vienen primero’.
LA MIRADA PERSONAL
Desde ese día, Ferrufino perdió exposición. No habló a los medios, no se supo cuándo votó ni hizo ruido al salir del gobierno.
Reapareció en septiembre pasado, para celebrar su boda religiosa. Del Ferrufino que describió Corbillón quedaba poco.
En la fiesta aclaró que está dedicado a sus negocios y que no entendía por qué las críticas. ‘No hay nada de malo’, insistió. Martinelli, entre los invitados, le dió el abrazo del oso. ‘Si aquí hay alguien que haya hecho algo malo, que lo persigan, pero con la razón’. Regalo ‘búmeran’ , que tiene rebote.