Un General por destino

Actualizado
  • 08/12/2009 01:00
Creado
  • 08/12/2009 01:00
Manuel Antonio Noriega siempre creyó en el destino. Aunque su deseo inicial fue el ser médico, el destino lo convirtió en militar. Y fue...

Manuel Antonio Noriega siempre creyó en el destino. Aunque su deseo inicial fue el ser médico, el destino lo convirtió en militar. Y fue como militar que pudo aprovechar sus cualidades naturales, amor a la lectura, estudioso de las artes y la historia militar, sagacidad e inteligencia, acompañadas de un extraordinario sentido de discreción y lealtad. Omar Torrijos vio en el joven oficial esas cualidades y tras el golpe de Diciembre del 69 donde la lealtad de Noriega permite su retorno, confió su seguridad en él.

Noriega nunca lo defraudó. Como G-2 y encargado de la inteligencia militar así como de la seguridad nacional, Noriega fue pieza fundamental en los 13 años de Torrijos. Con habilidad y manejo, logró mezclar su lealtad a Torrijos, los intereses de los norteamericanos y jugar un papel relevante con los movimientos de liberación de nuestra América. Por Panamá desfilaban del FMLN, M-19, Tupamaros, los sandinistas y los mas connotados luchadores confiando en el santuario que Torrijos diseñó y Noriega garantizaba.

Pero Noriega no era político, ni le interesaba el poder político. Era militar y de inteligencia. Todo indicaba que el propio Torrijos en su manejo político confiaba mas en su primo Roberto Diaz Herrera, en el Coronel Justines y otros que mantenían las relaciones con los partidos. Pero el destino cambiaría todo. Torrijos caería en un controversial accidente aéreo, el Coronel Flores no logra consolidar su liderazgo, Armando Contreras renuncia a favor de su compadre Paredes y de pronto Diaz Herrera y Noriega quedan en segundo término en la institución. Paredes busca la presidencia y pisa la cáscara del poder, el presidente De La Espriella define la suerte al ascender a Noriega y de pronto quedamos con dos generales. El destino ponía el mando en manos del militar, Paredes salía para la vida política.

Todo hubiese seguido si Noriega, ahora convirtiendo la Guardia Nacional en Fuerzas de Defensa, hubiese tenido lo que Torrijos tuvo: una mano derecha en seguridad, otra en la política. Pero la suerte le cambió. El político, Paredes, se rebela, el llamado a protegerlo y amigo de años, Diaz Herrera, se alza. Noriega, ahora general, queda solo, obligado a jugar un papel político que no quiere, asediado por civilistas que por primera vez ven la posibilidad de acabar con los militares en el poder. La suerte finalmente se le había acabado.

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