Las cifras forman parte de las proyecciones de la cartera agropecuaria del Banco Nacional de Panamá, donde existen unos 5,400 productores activos. El banco...
- 12/12/2010 01:00
PANAMÁ. Las Torres, un poblado de Santa Librada, corregimiento de El Coco, distrito de La Chorrera, es foco de atención desde hace una semana, cuando el hospital público Nicolás Solano envió a una paciente embarazada de esa comunidad con urgencia al Hospital Santo Tomás. A la futura madre, Kira Carles, le dijeron que todo estaba bien, algo que ella no creyó pese a salir de la boca de los médicos.
Kira, de 21 años de edad, alcanzó a llamar a su familia para avisarle del traslado. La llamada los asustó porque el parto estaba previsto para el 10 y apenas era 4 de diciembre. Frederick, el esposo, la alcanzó en el Santo Tomás con la ropa que le mandaron de casa y muchas interrogantes. No le pasaba por la mente que sus niñas revivieran la historia ya guardada de las hermanitas Yin Yan Fernández Gil.
En el Santo Tomás, antes de la cesárea, Kira preguntó al doctor si las niñas estaban pegadas, a lo que le contestó: ‘¿acaso esto es fiesta, que todos los días tienen que salir unas siamesas?’. Cuando terminó la cesárea, le informaron que las nenas estaban unidas (siamesas, como también se llaman estos casos). La madre fue sedada en ese momento. Los médicos dieron al padre el mismo pronóstico que al de las hermanitas Fernández Gil: que tenían escasas probabilidades de vida.
Un día después, cuando ya la noticia había trascendido, los informes médicos aumentaban la desesperación de la familia. ‘Tienen un solo corazón malformado, un solo hígado, comparten páncreas y abdomen. Es un caso raro, pero muy complicado, hay que esperar un periodo, están con ventiladores mecánicos, son pacientes críticos como todos los que tienen que respirar así’.
El director del Hospital del Niño, Alberto Bissot, restringió la información desde la Dirección Médica. A la sala donde permanecen las niñas solo entran los padres y los abuelos en dos jornadas de visitas.
En la casa de las gemelas Fuentes, los abuelos abrigan esperanzas. ‘Las esperábamos con tanto amor, que nos peleábamos por ver en qué casa iban a estar’, dice la madre de Frederick, porque en el terreno hay varias casas —tres—, una de paredes de zinc, otra de bloques y un cuarto con techo de lonas y hojas de zinc donde viven los padres de las gemelas.
La abuela comenta que a Frederick, que trabaja como soldador, le da pena dejar fotografiar las cosas que le habían comprado a las niñas. ‘Deseábamos que llegara diciembre’, repite la abuela, ‘para que las nenas llegaran’.
A los ocho días del nacimiento, la madre permanece varias horas en el hospital. No habla del caso, que le ha afectado mucho, dice la abuela, ‘no ha parado de llorar, nosotros acá tenemos la esperanza de que se salven, pero hay que esperar, estamos orando bastante’, afirma.
Lo que sí ha dicho, dice la abuela, es que no quiere que las bebas sean separadas por intervención quirúrgica porque piensa que se le pueden morir más rápido.
SHELSEY Y EVANGELINE
La familia Fuentes pensaba que este diciembre sería diferente con la llegada de Shelsey y Evangeline Fuentes Carles, los nombres escogidos para las niñas que habían anotado en las primeras páginas de una Biblia. La abuela no sabe de dónde salieron estos nombres. Tampoco sabe por qué sus nietas tienen un sólo órgano para las dos.
El papá es gemelo y el abuelo, según recuerda, nació unido por la cabeza. De esto recuerda poco, que ocurrió en Atalaya, en Veraguas, y que el otro se murió.
En Las Torres entra y sale gente al mismo ritmo que sube y baja la desesperación de los Fuentes.