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El hombre detrás del brillo en el calzado de los ‘padres de la Patria’
- 13/07/2014 02:00
Al entrar al Salón Azul de la Asamblea Nacional, lo primero que uno observa es el puesto de limpiabotas que Héctor Blake ha venido ocupando por 17 años.
Hace ya poco más de tres lustros que Blake llegó a esa esquina del Palacio Justo Arosemena para encargarse –de lunes a miércoles por las tardes y los jueves por las mañanas– de lustrar el calzado de los diputados.
Héctor tiene 50 años de edad, de los cuales le ha dedicado 42 al oficio de limpiar calzados. Conoció la labor cuando tenía 8, y fue amor a primera vista. ‘No me fue difícil, me encantó, me gustó’, confiesa con una sonrisa el hoy funcionario del Órgano Legislativo.
–Mi juventud fue de trabajo– comenta Héctor, quien cuenta que, en sus años mozos, alternó el pulir zapatos con el colegio y luego con otros trabajos. ‘He sido guardia de seguridad y cargué bultos en el Mercadito de Calidonia’, recuerda.
ATADO A CALIDONIA
Los trabajos de Héctor, al parecer, siempre han estado vinculados a Calidonia. Fue en este corregimiento, donde aprendió la labor. ‘Por donde está el Billar José, hay un señor de nombre Federico, él tiene muchos años en esto (lustrando calzados). De él comencé a ver cómo se hacían las cosas y aprendí.
–¿Él le enseñó, entonces?
–No, él no me enseñó nada. Yo veía lo que hacía y aprendí el oficio– aclara Blake–. Lo aprendí viendo.
En Calidonia, justamente en lo que se conoce como ‘El Cruce’, Héctor colocó su puesto de trabajo. A base de pulir zapatos, Blake levantó una familia, conformada por tres hijos. Para que el negocio fuese rentable, Héctor debía comenzar la jornada desde muy temprano: ‘Me levantaba entre 4 y 4:30 de la mañana para atender a los clientes. Cuando la gente iba a trabajar, entre 5 y 6 a.m., ya yo estaba ahí para atenderlos’. Incluso, cuenta, realizaba trabajos a domicilio.
LA ASAMBLEA
Una tarde de 1997, ‘a la 1:30 p.m., justo después de la lotería’, rememora con claridad el lustrazapatos, llegó hasta ‘El Cruce’ uno de los clientes habituales de Héctor Blake. Se trataba de un funcionario de la Secretaría General de la Asamblea Nacional. Este cliente le comentó que apenas unos días atrás había fallecido la persona encargada de pulir los zapatos de los diputados. ‘El cliente me contactó y me trajo para acá’, recuerda hoy Héctor.
Blake fue nombrado en la Asamblea. El Nodo de Transparencia lo clasifica como un ‘Trabajador Manual I’, parte del departamento de Servicios Generales. En realidad, aclara, el limpiar calzado no es su única tarea. ‘Cuando no estoy haciendo esto (lustrando zapatos), estoy limpiando oficinas’, comenta.
Llegar a un lugar nuevo, es difícil, sobre todo si es uno como la Asamblea. Comenta Blake que él, al arribar al Palacio Justo Arosemena, tuvo que ganarse el respeto de todos: ‘Para mí, al principio, no fue fácil. Tuve mis encontrones con muchos aquí, al llegar; pero siempre me mantuve dentro del margen del respeto. Nunca me propasé con nadie y, hasta el sol de hoy, me respetan y me estiman’.
‘Cuando llegué aquí, vendí mi imagen hacia ellos (los diputados) y por eso me tienen una gran estima, un gran valor como persona’, comenta Héctor.
En 17 años, han pasado por el Palacio Justo Arosemena muchos políticos para ocupar una curul. ‘Yo he visto llegar, pasar e irse a muchos’, asegura Héctor, quien añade: ‘He aprendido y he vivido mucho de lo que pasa aquí. Son cosas que veo; pero que no me competen’, comenta Blake en una muestra de total discreción.
–¿Ya ha tratado a los nuevos diputados?
–No he tenido la dicha de conocerlos todavía– comenta.
MODA, VANIDAD Y ESTEREOTIPOS
–¿Cuál es el diputado que más gasta en calzado?– se le pregunta a Héctor Blake,
–¡De tantos que han pasado, ya he perdido la cuenta!–, atina a decir el lustracalzados, mientras ríe. Sin embargo, en un tono un poco más serio, comenta: ‘Aquí se ven zapatos lujosísimos’.
Comenta Héctor que la mayoría de los ‘honorables’ se sientan en su puesto para que él realice su labor; sin embargo, en muchas ocasiones, los ‘padres de la Patria’ le envían sus zapatos a Blake con el chofer para que se los pula. ‘Es una gran responsabilidad, pero es mía’, reflexiona.
Al día, contabiliza, puede lustrar entre unos 25 a 30 pares de zapatos, ya que Héctor no solo atiende a los diputados. ‘Yo no hago excepción con nadie, al que llega, yo lo atiendo. Yo le limpio los zapatos a todos, a los diputados, a los funcionarios de la Asamblea. Aquí viene mucha gente de Asesoría Legal, los directores de otros departamentos’.
–¿No le molesta cuando ve a alguien en la Asamblea con los zapatos sucios?
–No. Le debe molestar a ellos (a los que los llevan sucios). Yo estoy aquí para hacer un trabajo, y lo hago.
Algo que sí lamenta Héctor es que, por un asunto de prejuicios, muchas veces las diputadas no acuden a él para que les preste sus servicios: ‘En alguna ocasión le he limpiado los zapatos a alguna diputada; pero no son todas las que vienen aquí, porque, como son damas, ellas piensan que no pueden sentarse en esa silla. Yo se los he dicho: ‘Yo estoy para brindar un servicio y lo hago con todo profesionalismo’.
–¿Y qué diputado tiene el pie más grande?
Héctor Blake sigue riendo, un poco por pena y un poco por sorpresa, ante la inusual pregunta. ‘¡Áyala vida!’, alcanza a comentar en medio de la carcajada, mientras se golpea la rodilla, divertido.
EN EXTINCIÓN
‘Lamentablemente sí, está desapareciendo’, dice Héctor Blake sobre el oficio de limpiar zapatos. Según él, esto se debe a que ‘la juventud no quiere... ven este tipo de trabajo como algo susceptible, para salir del paso. Pero hay quienes lo vemos como algo profesional. Yo tengo amistades que también se dedican a esto’.
Para Héctor, en parte se debe a que a la gente le da pena realizar ese oficio: ‘Es difícil hoy en día encontrar a una persona que quiera lustrarte. A mí no me da pena hacerlo. Pena debería dar otras cosas y las hacen. Pena debería darles por robar, por delinquir’.
Cuando se le pregunta si alguno de sus tres hijos ha heredado el amor por este oficio, Blake responde tajante: ‘No. Ellos están ahora mismo por estudiar. Yo los estoy preparando para que sean profesionales. Es lo único que les puedo dejar. El día de mañana no está prometido para nadie...’.
–¿Limpiar zapatos es un negocio rentable?
–Para mí, sí. Antes de tener esto, mi familia subsistía solo de lustrar calzado– recalca Blake–. Afortunadamente, desde hace 17 años ya tenemos la estabilidad.
El Nodo de Transparencia indica que Blake devenga un salario de $400 mensuales. En el sector público no hay un salario mínimo oficial. En el privado varía según la profesión y área geográfica.
EL FUTURO
–Ya lleva 17 años aquí, ¿le gustaría jubilarse en la Asamblea?
–Todo está en manos de Dios, no sé si estaré aquí o no para ese momento. Dios es el que tiene la última palabra. El día de mañana, cuando tenga que partir de este mundo, mis hijos podrán decir que tuvieron un padre ejemplar que nunca los abandonó y les dio hasta donde pudo.
–¿Se siente feliz con lo que hace?
–Sí– responde sin dudar Blake–. Me siento contento de hacer lo que hago, estoy tranquilo y realizado. Soy querido por mis compañeros y compañeras. Paso más tiempo aquí, en la Asamblea, que en mi casa, y este es mi segundo hogar, aquí está mi segunda familia.