A la espera del Niño Jesús

BOCAS DEL TORO. La población que se mantiene en los albergues de la provincia de Bocas del Toro ha bajado sustancialmente, en la actual...

BOCAS DEL TORO. La población que se mantiene en los albergues de la provincia de Bocas del Toro ha bajado sustancialmente, en la actualidad quedan 48 familias en la escuela de Changuinola, que totalizan 89 personas, de los cuales 58 son niños y 31 adultos.

El albergue se mantiene bajo la administración del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), quienes les brindan el servicio de trabajadoras social, psicólogos y otras atenciones.

Las servicios médicos están bajo la responsabilidad del Ministerio de Salud (MINSA), quienes realizan monitoreos a cada una de las personas, en todos los aspectos de salud.

Las familias que están en el albergue todavía tienen alimentos para un mes y hasta la fecha se suministran los tres comidas diarias.

También se coordinan entre los adultos la limpieza de los salones de la escuela que son utilizados como dormitorios de las familias.

Se pudo conocer que hace tres días se dio un brote de diarrea, pero ya fue controlada por los médicos del MINSA.

Por su parte, la directora provincial de Ministerio de Vivienda (MIVI), Maritza Dawkins, dio a conocer que esta institución ya realizó el estudio socioeconómico de las 48 familias que están en los albergues de Changuinola y Chiriquí Grande, pero que están a la espera de los terrenos que estarían adquiriendo mediante el Municipio de Chiriquí Grande y se realizan la búsqueda de un terreno que sea seguro para las 48 familias de Changuinola.

La funcionaria señaló que para la próxima semana se espera que se inicien los primeros trabajos de la construcción de casas de dos pisos para los afectados y que ya se cuenta con el material necesario para iniciar los trabajos y así poder brindarle la oportunidad de retornar a sus hogares y empezar a superar los estragos dejados por el fenómeno natural que afectó recientemente a la comunidad bocatoreña.

En el albergue se pudo observar que las familias, dentro de lo posible, tratan de llevar una vida tranquila, a pesar de extrañar sus casas.

Hay tendederos improvisados, un salón organizado que en horas de la noche se convierte en sus cuartos de descanso. El amanecer es tranquilo a pesar de que los embarga la tristeza, porque la naturaleza les arrancó de sus vidas.

La inundaciones dejaron un saldo 10 personas fallecidas, 6 desaparecidos, 6 heridos, 192 viviendas destruidas, con 1,300 personas damnificadas, y 3,083 viviendas, con 23,649 personas afectadas, por inundaciones y deslizamientos de tierra, en todo el país.

Los niños son ajenos al dilema de sus padres, ya en su mayoría no cuentan con un empleo.

Unos juegan, otros corren tras una bola, que le sirve prácticamente a todos. Se entretienen, mientras esperan mejores días.

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