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- 30/11/2014 01:00
Hace 56 años, en 1958, se instauró el Día del Maestro en Panamá. La sociedad ha cambiado, el mundo ha cambiado. Con eso, también ha cambiado el rol y la posición que el maestro, el educador en general, juega dentro del tejido social.
Para el secretario general de la Universidad de Panamá, Miguel Ángel Candanedo, a casi seis décadas de instaurada la fecha en el país, el Día del Maestro ha perdido la relevancia que tenía. Incluso, comenta, la imagen del educador ya no es tan venerada como lo fue en el pasado.
Para el catedrático, esto se debe, en gran parte, a que ‘como muchas profesiones, la docencia ha sufrido un proceso de proletarización’.
Esta ‘proletarización’ ha significado que los maestros ‘han perdido la aureola de prestigio ético que antes los caracterizaba, el sentir que la educación es un apostolado, es entregarse a la sociedad para formar a las nuevas generaciones y ser ejemplo. Todo eso se ha ido degradando y por eso la fecha ha perdido importancia. En una sociedad bien ordenada, la responsabilidad del maestro en la formación de nuevas generaciones es la base fundamental sobre la cual se debe asentar el desarrollo’.
En ranto, el profesor de sociología de la Universidad de Panamá, Fernando Murray, analiza y dice que esta situación no es exclusiva de Panamá: ‘El rol y la profesión docente, en la mayoría de las sociedades, ha sido cada vez menos ponderado y reconocido, debido a varios factores. En lo que respecta al estatus, en nuestras sociedades inspira más prestigio y reconocimiento decir ‘soy ingeniero, soy médico, soy abogado, etc.’, que decir soy educador’. Además, apunta el también criminalista, está el aspecto monetario: ‘Los salarios, las condiciones de trabajo y la calidad de vida, cada día han descalificado y restado importancia al formador de profesionales, el docente’.
Para Urania Ungo, catedrática de la Escuela de Filosofía de la Universidad de Panamá, que la docencia sean tan poco respetada es un error, ya que, desde su perspectiva, ‘el ser educador debiera ser una de las cosas más valoradas y mejor pagadas de la sociedad’.
Diógenes Sánchez, secretario general de la Asociación de Profesores de Panamá (Asoprof), comenta por su parte que ‘los educadores son un pilar fundamental de la sociedad. Lamentablemente, ni el Estado ni la sociedad nos dan ese justo reconocimiento; pero, en la práctica, somos un elemento importante. No habría médicos o ingenieros, no habría ningún profesional, si no se pasara por las manos de un profesor’.
CRISIS
Todo esto ha traído, según Fernando Murray, que ‘la imagen de nuestros educadores sea la de un hombre y una mujer sufridos, en condiciones económicas estrechas y precarias, constantemente desacreditado por las autoridades y esto, lógicamente, redunda y afecta su rol y su identidad’.
Comenta Nelva Reyes, dirigente magisterial, que esta imagen y el hecho de que ‘antes no se veía la carrera docente como una carrera con un salario justo’ ha traído consecuencias. Explica Reyes que, actualmente, la Facultad de Educación de la llamada ‘casa de Méndez Pereira’ ha disminuido su matrícula en la mitad, de 3 mil estudiantes, se pasó a mil 500. Sobre esto, añade la docente, ‘la profesión docente bajará mucho y habrá dificultades’.
Estas dificultades son un peligro, en cierta forma, para el desarrollo del país, pues apunta Sánchez, de la Asoprof, que ‘solo a través de la educación es que podemos salir del subdesarrollo y la pobreza, no solo la material, sino la espiritual. La educación es el mejor instrumento para salir de ese estado’.
Por su parte, Miguel Ángel Candanedo considera que las vicisitudes que afrontan los educadores demuestra una actitud, hasta cierto punto, hipócrita por parte de la sociedad: ‘Se han invertido los valores en detrimento de la educación. Todo el mundo dice darle importancia real a la educación pero eso no se compadece con lo que realmente, en este momento, es la desvalorización del magisterio como un quehacer profesional realmente importante y prestigioso para la sociedad’.
La imagen de nuestros educadores es la de un hombre y una mujer sufridos, en condiciones económicas estrechas y precarias, constantemente desacreditados por las autoridades y esto, lógicamente, redunda y afecta su rol y su identidad. Fernando Murray Murray, Sociólogo y profesor
Al hablar del aspecto económico, Nelva Reyes acepta que es una profesión muy mal remunerada; no obstante, celebra lo que ella considera una victoria reciente del gremio magisterial: El ajuste salarial que se prometió a principios del 2014 y que representará que, dentro de unos años, los educadores ganarán $900, más de lo que ya devengan. Aunque con dificultades, la primera etapa de este incremento, que representa $300 más en el bolsillo de los maestros y profesores, ya se está aplicando. ‘Esto representa un triunfo más de los educadores panameños’, admite, contenta, Reyes.
TIEMPOS MODERNOS
‘El siglo XXI es el siglo del conocimiento’, explica Adolfo Quintero, catedrático de la Facultad de Economía de la UP. Los tiempos de hoy se caracterizan por los constantes avances de la tecnología. Las herramientas con las que cuenta el docente de hoy son mucho más amplias que el tablero y la tiza de hace 58 años, por ejemplo, cuando se instauró el Día del Maestro en el país.
Quintero explica que el mundo actual solicita un ‘educador actualizado, que tenga una fuerte formación y que permita ser instrumento a los estudiantes de ese proceso de fortalecimiento de sus conocimientos’.
Urania Ungo, por su parte, valora los adelantos tecnológicos de hoy; sin embargo, advierte: ‘Se debe saber usar esos instrumentos tecnológicos para ampliar los procesos educativos, y no al revés. No convertir la tecnología en la única y fundamental fuente de información, que es lo que ocurre hoy. Creo que hay una confusión y es terrible: Los medios, las herramientas tecnológicas son importantes para ampliar, avanzar, adelantar, pero la profesión docente consiste en estar cerca del aprendizaje, alertarlo. Eso implica saber usar esos medios’.
Nelva Reyes, igualmente, admite que los tiempos han cambiado. Si bien Urania Ungo habla de los beneficios de la tecnología, Reyes saca a relucir otro aspecto: ‘la parte tecnológica (computadoras, teléfonos y demás) son una competencia para con el docente’. Este tipo de elementos no existían hace tan solo unos años, lo cual —anota la dirigente— obliga al docente a ‘tener una preparación acorde con los tiempos en que vivimos’.
LA FAMILIA DE HOY
‘La situación disfuncional que tenemos dentro de la familia’ también afecta al docente y su desempeño, apunta Reyes. Adolfo Quintero rememora que antes, ‘los educadores eran admirados y respetados; eran como un segundo padre para los estudiantes’; empero, ahora los estudiantes ‘irrespetan la escuela, a los educadores, a quienes agreden. Los tiempos han cambiado’.
En cuanto a la familia y su papel en la educación, Diógenes Sánchez advierte que aunque durante mucho tiempo a los maestros se les ha llamado unos ‘segundos padres’ dentro de las aulas, ‘los huecos que hay en el seno familiar no lo pueden resolver los docentes. Lamentablemente, tenemos una unidad familiar sumamente fragmentada y eso se refleja en el comportamiento y en la disciplina de los estudiantes. A veces, los padres no atienden a los hijos como debe de ser y le dan esa responsabilidad al educador. No puede ser posible que, por ejemplo, haya padres que vayan más a los casinos que a las escuelas para averiguar cuáles son las notas de sus hijos’.
El líder magisterial explica que es necesario que el padre de familia ‘se comprometa para que se apoye en este proceso de formación educacional y de valores. No puede ser posible que los padres piensen que le vamos a resolver los problemas de los hijos. Es un trabajo que se hace de manera conjunta: Tanto el padre como los docentes y el Estado, quien también debe contribuir. Un hogar fragmentado tiene una afectación psicológica muy grande en el muchacho. Eso causa la deserción escolar o que no haya el debido rendimiento académico’.
EL ROL DEL ESTADO
‘Hay toda una serie de nuevas corrientes que los docentes deben estudiar. El Estado tiene que invertir en la capacitación y formación del docente’, dice Nelva Reyes.
Diógenes Sánchez coincide y, a través de cifras, demuestra cómo la educación pareciera ser un tema relegado en la agenda gubernamental desde siempre: ‘Panamá es uno de los pocos países que casi no invierte en educación’, y es que, explica el docente, ‘Panamá solo invierte el 3.5% del PIB. Países como Finlandia, con un excelente sistema educativo, invierte el 7.8%; Cuba, destina el 12.9 del PIB’.
La inversión en educación no debe verse solo como algo que favorece al docente, apunta Sánchez, sino a todos como sociedad: ‘Si lo que queremos es salir del tercermundismo, del subdesarrollo, hay que invertir en educación, en el capital humano que es el que lleva adelante el proceso educativo’.
Para Urania Ungo, ‘lo que el Ministerio de Educación debería hacer es una reflexión crítica de nuestra cultura y el papel que los docentes podríamos jugar en la renovación crítica de esa cultura. Tenemos una cultura conformada de manera muy contradictoria: Al lado de una gran disponibilidad de avance tecnológico, en Panamá hay una escasa cultura general, muy pobre’. ‘Quizás en estos momentos no se siente, pero a mediano y largo plazo se hará sentir’, vaticina Ungo.
SACRIFICIOS
Miguel Ángel Candanedo censura el hecho de que, ante la mala remuneración, sus colegas ‘tienen que trabajar en varios lugares para poder subsistir’.
Mientras que Nelva Reyes expone que, además de las dificultades cotidianas de la profesión, los docentes en áreas de difícil acceso la pasan aún con más problemas: ‘quienes viven en la ciudad no tienen idea de las dificultades que pasa un maestro en la áreas de difícil acceso. Hay centros educativos en comunidades donde no hay un puesto de salud, donde no hay antídoto para las mordeduras de culebras. Los docentes deben llevar, prácticamente, todo. No hay lugares como la casa del maestro, hay que procurar que eso exista en cada comunidad, para que tenga, por lo menos, seguridad habitacional y que no tenga que dormir en la propia escuela. Esas condiciones son una muestra de respeto hacia nosotros’.
Ante esto, Fernando Murray rechaza cuando se dice que ‘los profesores de antes eran mejores a los de hoy’. El sociólogo opina que ‘los educadores no han cambiado, porque quienes somos docentes, conocemos los sacrificios de llevarte el trabajo a la casa, uno nunca puede divorciarse del mismo. Quienes nos hemos dedicado a esta labor, sabemos que no es para enriquecernos; en consecuencia, el docente no ha cambiado, lo que ha cambiado es la sociedad, cada vez más injusta, materialista y que aprecia y reconoce el éxito en función de qué tienes en los bolsillos y los bienes materiales que puedas exponer’.
VOCACIÓN
La pregunta que queda ante todo esto es ‘¿Por qué, entonces?’.
Urania Ungo expresa que ‘más allá de la poca plata, hay una ganancia que es invaluable: Ver crecer a la gente, a los profesionales que van a tener en sus manos la conducción del país, eso no hay quien lo pague’.
Adolfo Quintero añade: ‘El ser educador nace del alma, no se hace por lo monetario, ya que se paga mal. Siempre habrá personas con el interés de enseñar, de trasmitir conocimiento, de ser plataforma para el desarrollo del ser humano. El Estado, la comunidad educativa, tienen que prestarle mejores condiciones, pero siempre habrá docentes’.
Fernando Murray, a su vez, comenta que el profesorado es un tema vocacional: ‘Muchos otros profesionales terminan su jornada de trabajo y luego rompen con ese compromiso y rol; el educador, jamás puede romper con ese rol, porque lo captura y lo condena por el resto de su vida’.