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- 01/01/2026 00:00
En la costa caribeña de Panamá, donde la historia de la conquista, el comercio y la piratería se funde con las aguas turquesas, se libra una batalla silenciosa contra el tiempo.
El Conjunto Monumental Histórico de Portobelo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980 y simultáneamente incluido en la Lista del Patrimonio en Peligro desde 2012, enfrenta un deterioro avanzado que amenaza con borrar siglos de memoria colectiva.
Frente a esta crisis patrimonial, el Ministerio de Cultura de Panamá emprendió dos proyectos de intervención técnica sin precedentes que, con una inversión combinada que supera los $12.3 millones, buscan rescatar integralmente las fortificaciones que defendieron el comercio transatlántico durante la época colonial. Toda la información se desprende de los Estudios de Impacto Ambiental presentados.
Los estudios recientes muestran que el Castillo de Santiago de la Gloria y el Fuerte de Santiago sufren daños severos que requieren atención inmediata.
Entre las principales patologías se identifican la alveolización, la humedad por filtración, la presencia de macro vegetación que fractura los muros y las socavaciones provocadas por el impacto de mareas y vientos.
Estos daños comprometen no solo la estructura, sino también la seguridad de los visitantes y la integridad de los terrenos circundantes.
Para abordar esta situación, el proyecto de conservación se sustenta en la revisión exhaustiva de la documentación histórica y técnica disponible sobre los monumentos, el desarrollo y aprobación de planos técnicos de restauración que minimicen el impacto ambiental y la ejecución de obras de consolidación de emergencia, priorizando el Castillo de Santiago de la Gloria y el Fuerte de Santiago para garantizar su estabilidad inmediata.
La inversión destinada a estas obras asciende a $2,802,197.76, cubriendo un área total de 12,049.33 m² del Conjunto Monumental Histórico.
Uno de los problemas más críticos detectados es el manejo del agua.
Actualmente, un tubo de drenaje de 48 pulgadas descarga muy cerca del fuerte, acelerando la erosión de sus cimientos.
El proyecto contempla la reubicación de este drenaje y la optimización del sistema interno de la batería mediante un diseño en “Y” capaz de captar tanto aguas pluviales como niveles freáticos.
Además, se construirá un muro retén en el borde de la calle adyacente para estabilizar el terreno y proteger tanto la infraestructura vial como la patrimonial, asegurando que las acciones de conservación no afecten la seguridad ni la funcionalidad de los espacios aledaños.
Para permitir que maquinaria pesada y equipos de perforación lleguen al muro norte del Baluarte, se construirá un terraplén temporal sobre el lecho marino.
Esta estructura de tres capas, conformada por cimiento, núcleo y coronación, utilizará aproximadamente 2,500 m³ de material pétreo, que será completamente retirado al finalizar las obras, restituyendo el entorno natural de la bahía.
La construcción de este terraplén permitirá acceder a zonas críticas sin comprometer de manera permanente el ecosistema marino, garantizando que la intervención combine eficacia técnica con responsabilidad ambiental.
La Casamata, ubicada a 90 metros sobre el nivel del mar y utilizada históricamente como punto de vigilancia, será objeto de trabajos especializados.
Se procederá a limpiar el aljibe, erradicar vegetación invasora como el guarumo, y construir un nuevo puente de madera que facilite el acceso turístico y educativo. Estas acciones buscan reforzar su valor histórico sin alterar su esencia arquitectónica, transformando la Casamata en un mirador seguro y accesible que conecte a los visitantes con la historia de Portobelo.
Mientras tanto, el Fuerte San Jerónimo, otro pilar del Conjunto Monumental Histórico, enfrenta un grado de deterioro avanzado debido al constante oleaje y la erosión provocada por la quebrada Guinea.
La intervención, denominada oficialmente “Ejecución de obra de emergencia para la conservación del Fuerte San Jerónimo”, cuenta con una inversión de $9,510,191.93 y se centra exclusivamente en la consolidación estructural y el tratamiento de patologías, sin alterar la fachada ni la volumetría original.
El proyecto contempla soluciones técnicas altamente especializadas, como la creación del “Pasillo Seco”, una superficie de 7,429.745 m² que permite trabajar frente al mar de manera segura, protegiendo las obras del embate de las olas y asegurando condiciones óptimas para la restauración.
Se realizarán inyecciones de resinas de poliuretano y microcemento para estabilizar el subsuelo bajo merlones y troneras, reforzando la capacidad portante de las cimentaciones incluso en presencia de agua de mar. Un tramo del muro posterior, inclinado por la socavación del suelo, será corregido mediante la instalación de un dique seco temporal con sacos de arena y sistemas de drenaje, lo que permitirá desviar el flujo de la quebrada mientras se construye una nueva zapata y se rearma el muro piedra por piedra.