Samuel Vernaza: ‘La comida más cara es la que no se tiene’

  • 09/08/2026 00:00
Con la reestructuración del BDA a los productores se les ha encarecido el financiamiento, uno de los obstáculos del sector agropecuario que urge de una política de Estado para garantizar la seguridad alimentaria

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Mientras las principales potencias del mundo consideran la producción alimenticia como un asunto de seguridad nacional, en Panamá se encarece el financiamiento para ello y no existe una política de Estado que impulse el sector agropecuario más allá de los vaivenes de un quinquenio gubernamental.

Así lo aseguró el ganadero Samuel Vernaza, presidente de la Unión Nacional de Productores Agropecuarios de Panamá (Unpap), quien resaltó la importancia de la actividad para la soberanía alimentaria y por ser la principal fuente de empleo en las provincias.

Una apertura comercial sin la debida preparación, aunada a las inclemencias del tiempo y el encarecimiento de insumos se han traducido en el retroceso de un sector que aportaba el 25% del producto interno bruto (PIB) entre 1950 y 1970, a uno que hoy lucha por subsistir entre importaciones. Justo en el 2031 el sector se enfrenta a la desgravación arancelaria de 0% del último de los cultivos protegidos del Tratado de Promoción Comercial (TPC) con Estados Unidos (EE.UU): el arroz.

¿Cuál es la situación del agro y a qué se debe que su aporte al PIB sea de apenas 2%, pese a su relevancia?

Marca un poquitito arriba del 2% y se va a incrementar. No obstante, junto al sector industrial, significa la generación de cerca de 480 mil empleos en el país y es el principal generador de trabajo del Puente de las Américas hacia el interior.

Antes no era así, ¿qué es lo que ha ocurrido?

El sector ha sido históricamente abandonado por los gobiernos de turno, no ha sido prioridad salvo algunas muy honrosas excepciones. No obstante, ha sido resiliente, tenemos que lidiar con los precios del mercado, con las inclemencias de la naturaleza, incluyendo todas las plagas y situaciones que nos golpean de manera muy dura y los principales donantes de campaña no se encuentran dentro del sector agropecuario, pero ya empieza a revertirse esa visión. La pandemia nos dejó una gran lección y es que la comida más cara es la que no se tiene.

Los productores suelen quejarse de las importaciones desmedidas. ¿Qué tan dañinas son?

Tenemos muy bien regulado eso con las cadenas agroalimentarias [ente consultivo entre productores, consumidores, comerciantes y autoridades], que determinan el inventario nacional por cada rubro y garantizan que se priorice la producción nacional. Cuando no funcionan se maneja una data que no es cierta y se permiten importaciones por desabastecimiento o por contingentes que contrastan con las cosechas nacionales, en detrimento del productor. Se avala la importación de materia prima, pero también tenemos algunas importaciones de productos terminados que compiten con la producción nacional, hay que regularlo. Ahí es donde entra ese pugilato de los intereses.

¿Hay desequilibrio con las importaciones?

La cadena agroalimentaria de la leche está jugando muy bien ese rol, no puedo decir lo mismo de otras como la de cebolla o arroz, en las que siempre hay ruido por alguna que otra situación. Hace poco se dio la noticia de un cargamento de arroz que el propio presidente de la República, José Raúl Mulino, tuvo que devolver porque no había sido autorizado e iba en detrimento de la producción nacional.

El sector envejece, ¿por qué la juventud ya no se interesa en las labores agropecuarias?​

Simple y sencillamente si ve que no le está dando resultados al papá o al abuelo, desisten de seguir produciendo.

Ya se siente el fenómeno de El Niño, ¿cuánto daño le puede causar al agro?

Por lo que se pronostica va a ser un superfenómeno de El Niño. Hemos entregado al gobierno un plan de contingencia para que el sector ganadero le pueda hacer frente y que irradia a todo el sector agropecuario. Lo fundamental es el financiamiento a corto plazo sin tanta burocracia, con garantías prendarias, para que cada productor encuentre la forma de enfrentarlo, ya sea en la apertura de abrevaderos, en sistema de riego, en bomba solar, mientras como gremio seguimos haciendo las alianzas con el sector privado para conseguir insumos a mejor precio.

¿Estamos preparados?

Siempre va a haber productores que no tienen cómo afrontarlo y hay que darles la mano. En el caso de la ganadería, la gran preocupación es tener que sacrificar vientres, que es lo que garantiza el crecimiento de nuestro hato y por un problema de escasez de forraje tenemos que hacerlo. Para el productor es mucho más práctico vender su animal que verlo morir en su finca, uno termina vendiendo animales, de muy buena calidad genética, como animales de carne.

La periodista Mary Triny Zea entrevista a Samuel Vernaza en el estudio de ‘La Estrella de Panamá’.

¿Cuál sería el llamado a las autoridades?​

Que vean la necesidad de producir como un tema de seguridad nacional y de seguridad alimentaria. Yo siempre termino diciendo: la comida más cara es la que no se tiene. El crédito tiene que ser oportuno, después que pasa el fenómeno de El Niño pierde razón de ser.

¿Qué tan efectivo ha sido el apoyo del Banco de Desarrollo Agropecuario (BDA) a la actividad?

El BDA ahorita está sufriendo una transformación un poco traumática para el productor por la forma tan apresurada con que se manejó el tema. Somos conscientes de que muchas administraciones fueron parte del desgreño administrativo, necesitamos recuperar el concepto de banco de fomento con el que fue concebido el BDA, no se puede iniciar una actividad agropecuaria sin ese capital semilla.

¿Qué significaría su anticipada desaparición?

Que quedaríamos en manos de agiotistas o de la banca privada, que probablemente no van a tener esa misma empatía que la puede tener el Estado desde ese componente social y hemos tenido un incremento en los intereses de los préstamos agropecuarios por parte del Banco Nacional de Panamá. Quisiéramos que se tuviera esa empatía y se le diera un tratamiento diferenciado al productor agropecuario por tantos temas con los que tiene que lidiar.

¿Se cumplen las leyes que impulsan el sector?

Una ley que es muy necesaria, y que ha dejado de funcionar por falta de recursos, es la de transformación agropecuaria. Nuestros productores han incursionado en inversiones, inclusive con financiamiento de la banca privada, y la ley contempla un fondo no reembolsable para retribuir la inversión y no se les está reembolsando.

El Banco Nacional de Panamá, la entidad que ha quedado a cargo de financiar el agro luego del cierre de sucursales del BDA, les ha incrementado los intereses, es decir está costando más caro el dinero. ¿El campo se queda solo?

Es lo que no queremos porque el crédito es clave, es la base en la producción nacional. Entonces, si no tenemos esa empatía y esa comprensión por quienes dirigen organizaciones como esta, se nos pone más empinada la loma.

¿En unos años estima que solo comeremos productos importados?

Precisamente, es lo que no queremos. Tenemos que apostar a la industria local para que nuestra producción primaria sea procesada aquí en función de esa asociatividad y no tengamos que depender de transnacionales que simple y sencillamente cuando sus números no cuadran -en esa frialdad de la visión que tienen-levantan tolda y se van a otras regiones.

¿Cómo avanza la desgravación arancelaria del TPC con EE.UU? ¿Qué producción se ha afectado?

Ahí, en los lácteos a partir de enero quedamos en desgravación total. Tenemos que apelar a esas medidas sanitarias y fitosanitarias, tenemos que mirarlo con resiliencia, podemos echar mano de las medidas de salvaguardia. No obstante, entramos a competir con economías muy asimétricas, es una producción muy subsidiada que sigue siendo una amenaza, pero también podemos conquistar esos nichos de mercado. Después de más de 30 años estamos haciendo ingentes esfuerzos para volver a exportar carne a EE.UU. Allá podemos entrar con nuestros quesos étnicos y abriéndonos la puerta de ese mercado podemos acceder a los mejores del mundo.

¿Por qué no nos preparamos de cara a este reto?

En su momento se dotó de recursos a los gobiernos de turno para que los productores hicieran las reconversiones con la ‘agenda complementaria’ se usó ese dinero en cualquier otra cosa menos en mejorar la productividad del agro. Fueron $80 millones inicialmente de un préstamo, después otros $20 millones y muchas las administraciones que pasaron. Al final usted no ve nada tangible.

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