El ministro de Seguridad, Frank Ábrego, habló en exclusiva con La Estrella de Panamá sobre la respuesta del gobierno, así como de otros temas como los...
- 19/08/2012 02:00
En el torbellino de información que nos envuelve día a día, es fácil enfermarse de olvidos. Olvidamos qué dijo el maestro, lo que dijo aquel político. Se desvanecen las palabras de las poesías que un día aprendimos y se sustituyen por lo que ocupa los titulares del día. Sin embargo, existe un poderoso antídoto para este mal. El Canal de Panamá y sus historias nos recuerdan la valiosa esencia de quiénes fuimos, quiénes somos y las infinitas posibilidades de lo que podemos ser.
Los recuerdos de la nación están íntimamente ligados al ambicioso sueño de unir dos mares. Lo pensaron los españoles, lo intentaron los escoceses, el empeño de los franceses —dos veces— hasta que finalmente la tenacidad militar estadounidense logró traspasar el corazón de piedra del Istmo de Panamá. Todo eso mientras batallábamos por zafarnos del control colonial y luego del fallido sueño bolivariano.
Ríos de aventureros llegaron al país en una gran migración voluntaria, motivada por trabajo y no por la guerra. En aquel entonces, dejarlo todo y venir a Panamá era una gran fiebre. Y fiebre fue lo que encontraron aquí. Pocos volvieron a sus países de origen, unos porque la vida se les acabó en la selva y otros porque ya no les quedó energía para otro éxodo.
LOS MARES QUEDARON UNIDOS
Cuando el vapor ‘Ancón’ terminó su travesía inaugural el 15 de agosto de 1914 y se acallaron los aplausos de fiesta, se inició el larguísimo proceso de amalgama humana que inspiró a tantos bardos. Todas las décadas del siglo XX llevan la marca distintiva de la traumática lucha por la soberanía istmeña. El desacuerdo casi escrito a perpetuidad nos colocaba en un rol de inferioridad aunque se le llamara de plata.
Hoy, el Canal de Panamá está en manos del país que lo alberga y son sus propios hijos quienes llevan sus riendas. De esta manera podemos afirmar con orgullo que el Programa de Ampliación del Canal es la primera decisión que toman los panameños por sí mismos en relación al futuro de la vía acuática.
EL CANAL EN MANOS PANAMEÑAS
El presente canalero es una actualidad nacional próspera que aporta un gran porcentaje al crecimiento económico que disfrutamos, el cual se fundamenta en la conectividad por la posición geográfica del país que explota nuestro negocio. De la institución militarizada y defensiva solo queda el recuerdo. Esta ha dado paso a una organización civil y autónoma que no ha tenido temor de invertir más de 5 mil millones de dólares en su futuro.
Es precisamente esa conectividad mundial de la que somos protagonistas, la razón por la que ampliamos nuestro patrimonio. El acercamiento entre países produce un intercambio comercial cada vez más intenso, lo cual se traduce en mayores volúmenes de carga de bienes de consumo que benefician al Canal.
Los enormes buques Postpanamax, que en el caso de los portacontenedores pueden llevar más de 12 mil unidades con todo cuanto se puede comerciar, no caben por el Canal de Panamá. Abrirles paso significa echar mano de aquella audacia centenaria para esta vez anchar el camino que conduce al mundo.
Las obras se ejecutan con altos estándares de calidad. Se profundizan los canales de navegación, se cava un nuevo acceso en el Pacífico, se mejora el suministro de agua para la operación del Canal y se construye un tercer juego de esclusas. El conglomerado de actividades, cuyo avance total es del 43%, ha representado a la fecha 25 mil empleos al mercado laboral.
El camino recorrido no ha sido libre de obstáculos. Lo mismo que los pioneros cuando se enfrentaron con la furia del trópico y una Babel en ciernes, los constructores de hoy luchan con sus propios desafíos.
LAS LECCIONES DEL PROGRAMA DE AMPLIACIÓN
La ampliación del Canal es hoy una invaluable lección democrática. Los siete años de duración del programa se extenderán a lo largo de tres gestiones presidenciales, dato que debe recordarnos que lograr acuerdos y mantenerlos produce estabilidad para el progreso nacional. Hoy estamos creando los recuerdos de los futuros ciudadanos panameños. Somos una nación pequeña en números pero grande en talento, tesón y diversidad.
El mañana trae oportunidades para todos. Un Canal más amplio nos garantiza nuestra participación en la evolución del comercio mundial. Le dará aún más prestigio al Estado y multiplicará las relaciones con las demás naciones del mundo.
La fuerza laboral panameña adquiere una experiencia sui géneris al reunir en un solo proyecto a profesionales de todas las ramas, a fin de alcanzar un mismo objetivo. Ingenieros, abogados, administradores, electricistas, médicos, oficinistas, albañiles, biólogos, entre otros, hacen equipo en la ampliación del Canal para llevar adelante esta magna obra.
No recordemos… solo para lamentar, los episodios agridulces; ojalá que nunca desaparezcan de nuestro pensum educativo. Ojalá también que preservemos siempre el respeto y admiración por aquellos que alguna vez siendo extranjeros fijaron su destino en suelo istmeño. Recordemos con el propósito de hacer valer los 98 años de lecciones de democracia, de nacionalidad y de ciencia aprendidas con tanto trabajo. El Canal de Panamá fue, es y será una insignia honorable que identifica nuestra nación.
DOCUMENTADORA HISTÓRICA