La cultura política, ¿un valor escaso en Panamá?

Está asentado sociológicamente, que las dotaciones culturales son el producto de la educación y de la urbanidad y en menor medida depend...

Está asentado sociológicamente, que las dotaciones culturales son el producto de la educación y de la urbanidad y en menor medida dependen del origen social (P. Bourdieu). Más específicamente, el tener un origen barrial o popular, no determina de por vida los comportamientos ciudadanos.

Aun cuando el peso específico de la familia y la educación formal pueden estar mediados por el origen social— en cuanto a su funcionalidad y permanencia—, lo cierto es que una cultura de convivencia, respeto y pluralismo socialmente establecida se impone cotidianamente. Claro está, que para la política también, cierta homogeneidad y cohesión social ayudan a una institucionalización de una cultura de convivencia.

LEGALIDAD Y LEGITIMIDAD

Desde una concepción general, el papel de las instituciones políticas si son verdaderamente democráticas, es la de promover las competencias ciudadanas e impulsar el desarrollo humano con equidad. En este contexto, el papel de la estructura social y la cultura conforman aspectos esenciales de la institucionalidad política.

En cuanto a cultura, las concepciones, valores y autoestima de una sociedad, hacen relación a la manera como una sociedad se orienta y dirige a sí misma. En cuanto a su estructura social interesa, el nivel de cohesión, integración y horizontalidad de sus grupos y clases sociales.

Una sociedad orientada por valores democráticos, de amplia participación ciudadana y una estructura social organizada desde la igualdad social, legítima mayormente sus instituciones formales. En cuanto a legalidad, la dan los preceptos o normas con fuerza de ley que conforman el marco jurídico constitucional de un país. Ejemplo de esto último es la división de poderes entre el Ejecutivo, Legislativo y el Judicial, entre otras.

Sin embargo, acercarnos en particular a la cuestión de la cultura política de nuestra sociedad, no puede soslayar su relación con las instituciones.

Lo original de la perspectiva del sociólogo alemán Max Weber, en el análisis del cambio institucional, fue hacerlo a partir de la acción social de los miembros de la sociedad. Desde esta concepción, el comportamiento de lo individuos se hace social en el momento en que una acción adquiere una determinada significación para la sociedad, que la valora desde un particular entorno cultural.

La acción social entonces, responderá siempre a contextos culturales específicos; y las instituciones socialmente construidas, serán las encargadas de normar las relaciones entre los individuos y los grupos sociales. Por eso cuando se habla de gobernabilidad democrática, nos estamos refiriendo a un conjunto de acciones sociales reguladas por instituciones y mecanismos que le permiten a los actores colectivos llegar a acuerdos y a los ciudadanos tener funciones de alerta y control en el espacio público.

LA CULTURA POLÍTICA

Definir cultura política en sociedades como las nuestras tiene cierta complejidad. La cultura política es un valor de la modernidad, ya que supone sentimientos, concepciones y actitudes individuales y colectivas racionalmente orientadas en torno al sistema político.

Por supuesto que también forman parte de la cultura política, aquellos elementos referentes al Estado, especialmente ese conjunto de solidaridades y de sentimientos colectivos que llamamos Nación. No obstante, nuestras sociedades transitan desde lo tradicional a lo moderno, y este contexto abigarrado hace difícil su caracterización.

En sociedades híbridas como la panameña, la cultura política es siempre la expresión de una mezcla entre lo público y lo privado; entre la sociedad y la aldea; entre el espacio del bienestar general y el interés particular. Esta heterogeneidad social nos llevaría a pensar en una perspectiva de cultura política no homogénea, como un espacio o campo de intereses y disputas entre diversas ‘culturas políticas’, mediadas claro, socialmente.

CONOCIMIENTO Y PRÁCTICAS

Hacer de la cultura política un problema sociológico conlleva el análisis crítico del comportamiento de los miembros de una sociedad en relación al sistema de acción política. En específico, nos estamos refiriendo al conocimiento que tienen los ciudadanos, sobre instituciones, prácticas y partidos; a las disposiciones de valor que le dan una significación específica a dichos comportamientos; y a los preceptos que definen los deberes y derechos de los ciudadanos.

Como se observa, la cultura política hace referencia a la manera de como imaginamos, vivimos y valoramos el orden político; como también al conjunto de prácticas institucionalizadas que organizan el comportamiento político de los ciudadanos. En este sentido, constituyen aspectos de orientación de la cultura política, el fanatismo, el dogmatismo, la intransigencia, la apatía; como también, la adhesión, la confianza, la tolerancia, el pluralismo, la participación en el sistema político.

El ‘juega vivo’, como la chabacanería o la vulgaridad pueden, en los algunos contextos sociales o institucionales, ser ingredientes de la cultura política.

LA OPINIÓN PÚBLICA

La investigación ‘Estudio de Opinión en Latinoamérica, 2009-2010, FLACSO/IPSOS’, sobre Gobernabilidad y Convivencia Democrática en América Latina, efectúa una encuesta a nivel latinoamericano cuya muestra la componen 9,057 personas en 18 países, 28 ciudades, con una participación de un 52% de mujeres y 48% de hombres. Del conjunto de temas e ítems considerados, interesan puntualmente para Panamá, los relativos a Cultura Política.

En el ítem ‘Credibilidad en los Políticos’, cuyas alternativas de respuesta son ‘nada-poco-algo-mucho’, el 56% respondió nada y 29% poco.

Para el ítem, ‘Credibilidad en el/la Presidente de la República’, 9% nada; 22% poco; 36% algo y 33% mucho.

Sobre ‘Credibilidad en el/la Presidente del Poder Legislativo’ 26% nada; 32% poco; 32% algo y 10% mucho.

En el ítem percepción de cuánto se practica ‘el respeto a la opinión ajena’, con alternativas de respuesta, ‘siempre- casi siempre-casi nunca-nunca’, para Panamá, 21% respondió siempre; 35% casi siempre; 34% casi nunca y 11% nunca.

En el ítem de percepción de cuánto se practica en la comunidad ‘el diálogo’, 22% siempre; 39% casi siempre; 32% casi nunca y 6% nunca. Finalmente, en cuanto a percepción de cuánto se practica ‘la tolerancia entre personas de distintos credos’, 30% respondió siempre; 41% casi siempre; 22% casi nunca y 6% nunca.

CONCLUSIONES

De manera general, la población panameña tiende a avalar aquellos componentes de la cultura política que afirman valores positivos de respeto, diálogo y tolerancia. En estos ítems, los porcentajes de percepción positiva están por arriba del 55%. Sin embargo, en lo que refiere a la institucionalidad política representada en los políticos o en el presidente del órgano legislativo, la credibilidad decae de manera significativa (85% y 58% respectivamente).

La excepción es la Presidencia que mantiene cierta solidez de confianza (69%). Estos componentes aparentemente contradictorios son consistentes, si en la recuperación analítica de estos procesos los explicamos por una parte, como el resultado de una historia institucionalmente decepcionante (partidos políticos y órganos de gobierno); y por la otra, como el efecto de un conjunto de experiencias personales donde los significados que se comparten — tanto culturales como espirituales—, están fundados de manera preeminente en la tolerancia y en el respeto. No todo está perdido, aún.

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