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- 14/09/2014 02:00
Existe una situación que las estadísticas vienen registrando a nivel internacional como un fenómeno en ascenso. En su sentido amplio, se trata de la población que posee simultáneamente la doble condición de no trabajar y no estudiar.
En su sentido más estricto, se trata de la población joven que tiene esta doble condición, denominada ‘nini’. En su acepción más difundida (vulgarizada), son los jóvenes que no trabajan y no estudian, porque no tienen la disposición para realizar ni una ni otra actividad, lo que envuelve actitudes de vagancia.
En lo que sigue, se abordará este tema contrastando esta última percepción con la información empírica que se dispone en el país.
¿ESTEREOTIPO O REALIDAD?
En primer lugar, los datos disponibles ( Ver INEC, 2014. Encuesta sobre el Mercado Laboral, Panamá ) indican que con el vocablo ‘nini’ se está envolviendo a más de una categoría de personas que no trabajan ni estudian.
Según esta fuente, siete de cada diez jóvenes de la población no económicamente activa con menos de 30 años de edad no está interesado en buscar empleo, porque está estudiando.
Del resto, dos de cada diez jóvenes, no manifiesta interés en trabajar por causas tales como: ‘no encuentra trabajo por falta de formación, cualificación o experiencia requerida’, ‘no encuentra quién les cuide los niños’, ‘embarazo’, ‘otras responsabilidades familiares’ (INEC, 2014).
Es evidente aquí que no estamos frente gente inclinada a la vagancia, sino que sus condiciones familiares y socioeducativas representan ‘impedimentos’ para acceder al mercado laboral.
El 91% de los ninis pertenecen a este tipo ( Ver gráfica Nº 1 ).
La misma fuente indica que quienes no trabajan ni estudian y manifiestan no tener interés alguno en ingresar al mercado de trabajo, representan apenas ¡el 9% de los ninis! Este último tipo de jóvenes es el que podría estar siendo tipificado como el ‘nini vago’ similar al personaje de un conocido programa televisivo panameño (Gráfica No.1).
Por lo dicho hasta aquí, todo indica que estamos ante la construcción de un nuevo estereotipo, en donde se le está asignando a todo el universo de población joven, las características del 9% de los ninis (Gráfica No.1).
Por lo demás, la idea de que la generalidad de los jóvenes tiende a evadir el trabajo está huérfana de evidencias en las fuentes estadísticas disponibles, ya que cuando se observa el comportamiento de los desocupados con menos de 30 años vs . los desocupados con más de esta edad, con respecto a si se esforzaron por conseguir un empleo, se deduce que fueron más los jóvenes que lo hicieron, que los que tienen edades mayores que estos. Es decir, el 65% de los desocupados que realizó gestiones para conseguir un puesto de trabajo, tenían menos de 30 años (Gráfica Nº 2).
LAS CAUSAS INADVERTIDAS POR LAS POLÍTICAS PÚBLICAS
Cuando las estadísticas de trabajo panameñas nos hacen saber que dos tercios de los empleos en Panamá son precarios (inestables, de baja remuneración según el tipo de ocupación o sin prestaciones sociales o todas juntas) y que en los últimos años estos vinieron en aumento, se comprende porqué muchos jóvenes recurren a la espera de mejores ofertas de puestos de trabajo donde sí se les reconozca sus conocimientos y esfuerzos de formación, o se desaniman por el nivel de inestabilidad de los mismos.
Esta conducta, claro está, es más probable que ocurra cuando los jóvenes provienen de hogares donde encuentran resueltas sus necesidades básicas mientras se dan estos períodos de espera, es decir, hogares que están sobre la línea de pobreza. En el caso de los hogares que tienden a estar por debajo de la línea de pobreza y pobreza extrema, todo sugiere que muy poco se observa la presencia de ninis, en los términos de ocio por voluntad propia, ya que desde tempranas edades se incursiona en el mercado de trabajo para apoyar al hogar con sus propios recursos.
Por lo demás, un segmento de nuestros jóvenes no tienen acceso a empleos vinculados a sus tendencias profesionales porque las empresas privadas les exigen un cierto nivel de experiencia y cualificación, esto, cuando corresponde a requerimientos reales de los puestos de trabajo que ofrecen y no cuando se trata de requerimientos que son ficticios para justificar la contratación de inmigrantes laborales, se erige entonces como una falla del sistema educativo.
Por último, en el caso de los minoritarios ‘ninis vagos’, se añade una causa vinculada a las prácticas de socialización en el seno de los hogares, estas son, las conductas ‘permisivas’ que moldean los caracteres de inseguridad y dependencia que hacen parte de las personalidades inmaduras de estos jóvenes. Esto parece ocurrir con mayor frecuencia entre aquellas familias que han alcanzado a rebasar la línea de pobreza y que parten de la idea de que sus hijos (as) no deben pasar ningún tipo de necesidades materiales que en muchos casos su generación anterior sufrió.
En definitiva, tales causas están asociadas a políticas obviadas por el Estado y que mucho contribuirían a superar este problema que conduce a la exclusión social de los jóvenes; entre otras cabe mencionar: Revertir políticas laborales que tradicionalmente han admitido de manera cómplice que las empresas promuevan empleos precarios.
Reconvertir nuestro sistema escolar que no muestra capacidad para retener a los estudiantes que llegan a la etapa de adolescencia ni fomenta capacidades profesionales que coadyuven al desarrollo humano y sostenible del país.
Apoyar con contundencia una política de fomento de las capacidades materiales e inmateriales de las familias panameñas, de manera que no se sobrevalore el facilismo y la permisividad en la crianza de los hijos.