La administradora de la ATP, Gloria De León, explicó que cuando salen a posicionar a Panamá, lo hacen resaltando estás cualidades y otras como la biodiversidad...
- 20/08/2013 02:00
PANAMÁ. Nadie que va solo gana la Presidencia de la República, reza uno de los más grandes mitos políticos locales. Las alianzas son un factor electoral determinante en cada comicio general, tanto que ninguno de los cinco gobiernos postdictadura ha resultado de la propuesta de un solo grupo político o partido atomizado.
A Panamá la han gobernado desde 1990 alianzas opositoras, que terminan disueltas. Es un patrón que se halla en la necesidad de vencer al fuerte —o los fuertes— que controla los recursos públicos y la plataforma estatal, y que a la vez encierra rejuegos de egos e insatisfacciones que pocas veces se quedan tras las risas y los apretones de manos mediáticos.
La oposición actual se debate en esa realidad. Cómo ganarle a un Cambio Democrático (CD) que promete darlo todo por quedarse cinco años más y romper el paradigma de la alternancia en el poder. Cómo, con Juan Carlos Navarro o Juan Carlos Varela a la cabeza. Cómo juntarlos si se refutan y cómo hacer para hacer ver sus diferencias como algo reconciliable (aunque en política no hay sorpresas sino soprendidos). Y cómo hacer para que en el intento, ninguno —PRD o Panameñista— muera, aun si ganan.
MITAD QUE SE DIVIDE EN DOS
Aunque según la más reciente encuesta ‘Panamá Opina’, de Ipsos, para Telemetro y La Estrella, la oposición tiene 53% de posibilidades de llevar a uno de sus candidatos a convertirse en el próximo inquilino del Palacio de las Garzas, su porcentaje se lo deben disputar el liderazgo navarrista y el varelista, asediados por disputas históricas entre la dic tadura y el civilismo.
En contraste, y pese a estar a dueto con el Molirena, CD, en el otro bando, se proyecta como el motor tras el 25% de probabilidades oficialistas.
Estos números alimentan la discusión interna en el PRD y en el panameñismo. Aun aislada, parece una opción de última hora que, llegado el momento de ejecutarse, enfrentaría el escollo de Navarro y Varela en su segunda carrera presidencial. El que no sea presidente morirá, presienten. Y sin retorno a la carrera.
Alcibiades Vásquez es tan secretario general del Panameñismo como creyente de que Varela aparecerá en la papeleta de 2014 como candidato presidencial y no en la sombra de una nómina. Sí hay alianza opositora, según él: la que ya fraguan con el Partido Popular y frentes civiles —a los que postularían para 2014—. Lo demás, dice, deberá ser por adición.
‘Ampliar la alianza no está en la agenda institucional del partido, pero todo lo dirá el tiempo, en política es él el que se encarga. Pero de algo estoy seguro: no pasará como en 2009’, sostiene.
Él es más tenue que José Luis Varela, diputado y hermano del candidato presidencial panameñista, quien está claro en que a mayo de 2014 irán tres fuerzas: el oficialismo, PRD y panameñista. Y ninguno debajo de otro.
‘Somos históricos rivales’, sazonan voces internas como Marco Ameglio y Mireya Moscoso, esta última más encaminada a una alianza con CD, tras la pelea política y personal entre Varela y Martinelli.
CON EL PUEBLO TAMBIÉN SE FRAGUAN COALICIONES
El PRD vive las mismas contrariedades que sus pares panameñistas. Unos dicen que sí y otros que no.
Ese colectivo encara el proceso electoral con la razón de que Navarro no fraguó el gobierno que hoy Martinelli dirige, por lo tanto, es el que más créditos tiene para oponérsele. ‘Nuestra alianza es con el pueblo’, insiste Navarro.
Rogelio Paredes, uno de los vicepresidentes del PRD, asegura que en el escenario actual no caben alianzas. Cada candidato camina solo, y así lanzan sus propuestas.
Pero su tono se acomoda al imaginarse a la oposición en un escenario complicado para ganar. ‘Si tenemos un candidato como Martinelli no sería descabellado una alianza PRD-Panameñista, se puede replantear el asunto’, argumenta, al filo de los vaticinios de que será a finales de año o principios de 2014 cuando el oficialismo dé el sablazo de la caída de José Domingo Arias, un supuesto que el presidente niega.
Paredes, de todos modos, no descarta que la lucha ulterior por la designación presidencial acapararía la contienda, aunque no define si eso sería un elemento clave para el entierro político del vice.
‘Es inteligencia política, un bloque opositor es una posición política electoral que le conviene a ambos partidos y al país’, sugiere el exmolirena Olimpo Sáez.
Una coalición no sólo supondría una lucha de egos y poderes en PRD y Panameñista, sino también el cambio del orden político (ha sido paulatino, con, por ejemplo, la alianza PRD-PP de 2004 y 2009). Los principales partidos de finales del siglo XX habrán ‘renovado’ su mística —no así sus técnicas— para encarar un nuevo objetivo: CD y el poder que se llama Presidencia de la República de Panamá.