Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 15/03/2026 00:01
El 15 de marzo de 1973 quedó inscrito como una fecha singular en la historia diplomática de Panamá. Ese día, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas se reunió en Ciudad de Panamá, un hecho poco común en la dinámica del organismo internacional, que normalmente celebra sus sesiones en su sede permanente en Nueva York.
La decisión de trasladar la discusión al istmo no fue casual: respondió a una intensa estrategia diplomática impulsada por el gobierno panameño para internacionalizar su reclamo sobre el Canal y denunciar las limitaciones que el régimen del tratado de 1903 imponía a la soberanía nacional.
La sesión constituyó un momento clave en el proceso que, años más tarde, conduciría a la firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1977, acuerdos que establecieron el fin del enclave colonial estadounidense en la llamada Zona del Canal y el traspaso progresivo de la vía interoceánica a manos panameñas.
Desde principios del siglo XX, Panamá había mantenido un reclamo constante sobre la presencia estadounidense en la Zona del Canal, territorio controlado por Estados Unidos tras la firma del Tratado Hay-Bunau-Varilla en 1903. Ese acuerdo otorgó a Washington derechos prácticamente perpetuos sobre la franja canalera, creando un enclave dentro del territorio panameño que limitaba el control del país sobre una de sus zonas más estratégicas.
Durante décadas, el tema fue una fuente recurrente de tensión. Sin embargo, el conflicto alcanzó un punto crítico en enero de 1964, cuando enfrentamientos entre estudiantes panameños y autoridades estadounidenses en la Zona del Canal derivaron en disturbios conocidos como los sucesos del 9 de enero. Aquellos acontecimientos dejaron más de veinte panameños muertos y provocaron la ruptura temporal de relaciones diplomáticas entre ambos países.
Tras esa crisis, Panamá intensificó su estrategia para llevar el tema al ámbito internacional. El objetivo era claro: demostrar que el Canal no era solo un asunto bilateral con Estados Unidos, sino un tema de interés global relacionado con la autodeterminación, la soberanía y la descolonización.
A inicios de la década de 1970, bajo el liderazgo del general Omar Torrijos, Panamá adoptó una política exterior activa para sumar respaldo internacional a su causa. Torrijos comprendía que el escenario diplomático global podía convertirse en un aliado clave para presionar a Estados Unidos a renegociar el estatus del Canal.
En ese contexto surgió la idea de solicitar que el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas celebrara una sesión en territorio panameño. El objetivo era que la comunidad internacional escuchara directamente los argumentos del país y evaluara la situación de la Zona del Canal desde la perspectiva del derecho internacional.
La solicitud fue respaldada por varios países del llamado Tercer Mundo y por naciones latinoamericanas que veían en la situación panameña un ejemplo de las tensiones heredadas del colonialismo en el hemisferio.
La reunión del Consejo de Seguridad se celebró en el Centro de Convenciones Atlapa, en Ciudad de Panamá, convirtiéndose en una de las pocas ocasiones en que el órgano más poderoso de la ONU se reunió fuera de su sede habitual.
Delegaciones de distintos países llegaron al istmo para escuchar el planteamiento panameño. El gobierno sostuvo que el régimen vigente del Canal era incompatible con los principios de soberanía e igualdad entre los Estados, pilares fundamentales del sistema internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial.
Durante la sesión, Panamá argumentó que la presencia estadounidense en la Zona del Canal constituía una forma de control territorial incompatible con los principios de autodeterminación. El país solicitó el respaldo del Consejo para iniciar un proceso que permitiera establecer un nuevo acuerdo que reconociera plenamente la soberanía panameña.
Estados Unidos, por su parte, defendió su posición histórica respecto al Canal y reiteró su disposición a negociar, aunque sin aceptar presiones internacionales directas sobre el tema.
Aunque la sesión no produjo una resolución vinculante que obligara a modificar la situación del Canal, el debate tuvo un profundo impacto político y diplomático.
El tema panameño pasó a ocupar un lugar destacado en la agenda internacional. Países de América Latina, África y Asia expresaron su apoyo al derecho de Panamá a ejercer soberanía sobre todo su territorio, en un contexto global marcado por los procesos de descolonización.
El debate también evidenció el respaldo que la causa panameña estaba ganando entre los países en desarrollo. Para muchas naciones recién independizadas, el caso del Canal simbolizaba las tensiones entre potencias tradicionales y Estados que buscaban consolidar su autonomía política y económica.
La sesión del Consejo de Seguridad contribuyó a incrementar la presión diplomática sobre Estados Unidos para avanzar hacia una renegociación del régimen canalero.
En los años posteriores, las negociaciones entre ambos países se intensificaron. El tema del Canal se convirtió en una prioridad en la agenda bilateral, impulsado tanto por la presión internacional como por la persistencia de la diplomacia panameña.
Finalmente, en 1977, el general Omar Torrijos y el presidente estadounidense Jimmy Carter firmaron los históricos Tratados Torrijos‑Carter, que establecieron el desmantelamiento progresivo de la Zona del Canal y fijaron el 31 de diciembre de 1999 como la fecha para la transferencia total de la vía interoceánica a Panamá.
La sesión del Consejo de Seguridad en Panamá marcó un precedente en la historia diplomática del país. No solo permitió colocar el tema del Canal en el centro del debate internacional, sino que demostró la capacidad de Panamá para movilizar apoyo global en torno a su causa.
Para muchos analistas, el encuentro de 1973 representó un punto de inflexión en la estrategia panameña. A partir de ese momento, la lucha por la soberanía del Canal dejó de ser percibida únicamente como un diferendo bilateral y pasó a ser interpretada como una cuestión de justicia histórica y derecho internacional.
Además, el evento consolidó la imagen de Panamá como un actor diplomático activo dentro del sistema multilateral. La decisión de llevar el caso al Consejo de Seguridad reflejó una comprensión estratégica del peso que la opinión internacional podía tener en la resolución de conflictos.
Más de cinco décadas después, la sesión del 15 de marzo de 1973 sigue siendo recordada como uno de los momentos más significativos en la historia política del país.
El episodio forma parte de la narrativa nacional sobre la recuperación de la soberanía canalera, un proceso que culminó el 31 de diciembre de 1999, cuando Panamá asumió el control total del Canal.
Para las generaciones actuales, aquel día simboliza el momento en que la causa panameña fue escuchada en el escenario más alto de la diplomacia mundial. Fue, en esencia, el día en que Panamá llevó su reclamo ante el mundo y logró que la discusión sobre el Canal trascendiera fronteras.
La sesión del Consejo de Seguridad no resolvió de inmediato el conflicto, pero abrió una puerta decisiva. Al situar el debate en el ámbito internacional, Panamá logró transformar una disputa histórica en un tema de interés global, sentando las bases para los acuerdos que, pocos años después, redefinirían su destino como nación soberana.