El Ariel Barría que conocí (El escriba de la época post global)

  • 20/06/2021 00:00
El escritor panameño recientemente fallecido será recordado por los miles de alumnos que guió e inspiró con su generosidad inacabable, los amigos que ayudó, las familias y la tierra a las que honró
El Ariel Barría que conocí (El escriba de la época post global)

Conozco a Ariel Barría desde la adolescencia. Mucha gente creía que éramos hermanos. A lo largo de su vida siempre mostró, en todo momento, una inquietud por crear mundos donde la condición humana fuera emplazada, expuesta, elevada y redimida, para encontrar la senda de la esperanza, para forjar una sociedad mejor, más justa.

1971. En la historia panameña se da una apertura de la educación al hacerla accesible a la gran mayoría y en el colegio Félix Olivares Contreras, matriz de las escuelas de la provincia de Chiriquí, se deben crear 17 primeros años para responder a la demanda. Históricamente, esta será la graduación más numerosa de dicho plantel.

Verano de 1975: Al matricular a su hijo, el padre de Ariel Barría Alvarado le dijo: “Es el mejor colegio, y grande, aquí están los mejores, tendrás que esforzarte para destacar entre tantos” (carta 25 de noviembre de 2018). Sin embargo, ya para ese entonces, este jovencito de Las Lajas se había ganado el Concurso Intercolegial del Ministerio de Educación.

Para el 26 de julio de 1975, cuando se le organizó en la Casa de la Cultura (David) el histórico homenaje a las poetisas chiricanas (María Olimpia de Obaldía, Beatriz Miranda de Cabal, Elsie Alvarado de Ricord, Matilde Real de González, Esther María Osses, Rosa Elvira Álvarez y Sydia Candanedo de Zúñiga), él fue escogido para representar a su colegio en Las Lajas y yo por el Félix Olivares, y entregamos rosas a Esther María Osses y Elsie de Ricord.

1976: cuando Ariel estaba en IV año, obtuvo el segundo lugar en el Concurso Nacional Histórico Literario. Tengo viva la escena de las profesoras Sheila de Miranda y Edna de Guillén, hablando con él en un aparte del pasillo, antes de la competencia. Recuerdo que todas nuestras otras profesoras de español (Nitzia Rojas de Rojas, Rebeca de Montemayor), lo apoyaban en su ascendente trayectoria, porque fue el escritor juvenil que representaba al Félix Olivares en los concursos. Para entonces, este era un plantel de más de 3,000 estudiantes.

Compartimos el aula en el bachillerato en letras y, al graduarnos, en 1977, Ariel, como parte de la directiva de la Asociación de Estudiantes Graduandos, estuvo al frente del anuario y de la gestión por más becas por puesto distinguido, otorgadas por el Ifarhu, porque nuestra promoción sobrepasaba las 700 personas. Ariel preparó un discurso de agradecimiento en dicha ocasión. Su papel de liderazgo ya era claro.

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Después del año de estudios generales (cuando él, además, tomó materias en la Escuela de Inglés), llegamos al recinto de la Universidad de Panamá, a la Escuela de Español. Año 1979. Para ese entonces su conciencia escritural ya estaba conectada con la del continente: sus primeras publicaciones premiadas coincidieron con los hechos de aquel 11 de septiembre de 1973 en Chile. Aún éramos estudiantes cuando ganó el Premio Pablo Neruda, en 1981. En la criba de sus libros, es imposible no detectar la conexión con las incidencias regionales y mundiales: 1987, Neoliberalismo en Panamá, Premio Universidad con la obra De lodos y dioses. Sentíamos cada una de sus obras como un hito en la misión de la palabra: 1999 en “Panamá, carrera hacia la soberanía total”, primer premio del Concurso Nacional César Candanedo; año 2000: inicio del milenio, El libro de los sucesos (Cuento. Universidad Tecnológica de Panamá) y Premio Miró en novela con La loma de cristal. 2002: exploración de la condición humana universal, Al pie de la letra (cuento). 2004: En el nombre del siglo, homenaje a la poesía panameña en el centenario de la República al usar como títulos de los cuentos, versos de distintos poetas. 2006: Premio Miró en cuento, Ojos para oír, cuya novedosa estructura sirve para darnos mensajes entrañables sobre el amor y sus infinitas posibilidades, y 2006: Premio Miró en novela, La casa que habitamos, donde se muestra la corrupción soterrada y se rescata la validez de clases subalternas en el proyecto nacional. 2014: Premio Miró en novela con Las canciones que el público nos pide, tributo a la cultura popular y a los verdaderos héroes de las luchas sociales. 2015. Losa 12, Premio Miró en cuento, una analogía de la ciudad como la selva donde se debate el ciudadano.

En los años de la Escuela de Español de la Universidad de Panamá (1979-1982), fue el presidente de la Asociación de Estudiantes y yo era la secretaria de Actas. Organizamos como grupo (Anais Morán, Felicia Bonilla, Ivette Ruiz...) desde novatadas culturales, hasta partidos de baloncesto, desde conferencias interdisciplinarias con profesores de otras escuelas de la Facultad de Humanidades, hasta representaciones teatrales, así como el evento central que era la Semana de la Literatura Panameña (la III, IV y V) con el apoyo y la asesoría de las coordinadoras del evento: la Dra. Isis Tejeira, la Dra. Norma Olmos, la Dra. Isabel Barragán de Turner y, posteriormente, Aselas Tejada, Margarita Vásquez y el apoyo de todos los profesores del departamento.

Caminábamos el Campus entero, subiendo y bajando los 111 escalones de la Colina, llevando invitaciones a las otras asociaciones y a las autoridades universitarias. Fue la época de conocer a fondo el organigrama universitario y crear lazos de hermandad con escuelas fuera de la Facultad de Humanidades.

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Durante los años primeros de labor profesional, seguimos coincidiendo en recitales, conferencias y otros eventos culturales. Ariel tenía un sentido del humor que hacía tintinear de risa y gozo a cualquier persona o grupo en el que estuviera. La anécdota ingeniosa, la presencia. La solidaridad. La amistad inquebrantable. Cuando dejamos las aulas de la Universidad de Panamá, seguimos celebrando el trabajo de los egresados de esos años (de 1978 a 1982), nuestros compañeros, quienes llegaron a sumarse al trabajo por la cultura de nuestro país y hoy brillan con nombre propio.

Su misión: hacer docencia

A lo largo de casi 4 décadas mi amigo Ariel me demostró su ingenio y su gran capacidad de trabajo. Siempre me comentaba con sorpresa “que un muchacho de un pueblo hubiera llegado a alcanzar reconocimiento internacional”. A mí no me sorprendía: esa ética la aprendió en su casa, así como la devoción al estudio y el tesón para perseverar, con excelencia, pese a todo.

Una premisa de su vida que me repitió por años fue: “Damaris: en un punto de la vida hay que hacer docencia. Es lo que corresponde: ayudar a los que vienen”. Creía firmemente que se debía compartir lo aprendido, dar el espaldarazo, aupar a las nuevas generaciones, celebrar los talentos del otro. Nunca fue un cofre cerrado, ni con sus amigos ni con sus colegas ni con sus alumnos. En su generosidad, un día de noviembre de 2019 me compartió la antología de minicuentos Tierra breve, compilada por el poeta salvadoreño Federico Hernández Aguilar... y se deshizo en comentarios positivos acerca del poeta. Yo le había dicho que a veces se me dificultaba conseguir ediciones de textos creativos nuevos en español para mis clases de literatura centroamericana.

El Ariel Barría que conocí (El escriba de la época post global)

Como sabía que vivo a Panamá en la distancia, me compartía fotos de nuestros admirados escritores, porque de estudiantes acudíamos a todo, solo para ponerle una cara al poema a la novela, al texto. La última que me mandó fue de Héctor Collado, Neco Endara, José Franco y Rafael Ruiloba, rodeados de niños, con esta nota: “Buenos días, Damaris querida. Sé que te alegrará ver esta foto tan emblemática, la tomé en un reciente homenaje que Meduca le hizo al poeta José Franco en Los Santos. Puedes usarla para cualquier tema en el que estés trabajando. Ahí te la dejo...”. Eso me demostró siempre su gran capacidad de reconocimiento hacia el trabajo de los demás.

Ariel perteneció a una generación de nuestro terruño que creció con la convicción de que el estudio y el trabajo honrado eran una forma de retribuir el esfuerzo que nuestros padres, que nuestros mayores, habían hecho por darnos una educación. En el año 2018 hablábamos de este ideal de mejoramiento humano y me comentó que: “... cuando en 2000 gané el Premio Miró y llegué ante mi papá, un hombre al que admiré porque era sabio desde la sencillez, [...] me dijo: 'Ahora sí te ganaste un lugar en la historia, aunque pasen los años, alguien tendrá que mencionarte'. En Chiriquí, Ariel era considerado un personaje que nos representaba y en cada 23 de marzo la emisora Radio Chiricana lo felicitaba por su cumpleaños, resaltando que era un valor para nuestra provincia.

Para ser un buen maestro hay que tener un corazón dadivoso. Y a veces mi amigo Ariel fue maestro sin saberlo. Afirmo esto porque de jóvenes, en aquellos días de la Universidad, siempre creímos que la literatura rescata, que la literatura es la vida. A través de la lectura de sus libros, especialmente de su última novela, me reencontré con mi terruño, con escenas y tonadas de la infancia, y eso me motivó a seguir escribiendo.

El escriba de la época post / global en la literatura panameña:

Desde el campo de la crítica comparativa y de los estudios culturales, siempre he pensado que él representa la bisagra entre las generaciones de la postvanguardia panameña y la época por venir. Su labor se adentraba en la postmodernidad, por sus técnicas. Para 2005 (en: Literatura panameña: Historia, nación, sociedad. Inac 2006, p.p. 108, 287, 278) la lectura de sus obras demuestra un avance en la posición estético-histórica propia del umbral entre épocas. Había en su prosa los antagonismos de la modernidad, con la tradición, pero se percibía algo más: la formula “both /and” postmoderna. Posteriormente, ya para el año 2018, pude entender que este escritor era El nuevo escriba de la época post-global. (En: Panamá post /modernidad / post: La jornada de una estrategia poético-narrativa, Inac, 2018). Al haber encarnado el pendular postmoderno, su obra hoy se ubica en el desplazamiento y la revisión de esta nueva época, de “una forma de narrar post / post que aún está en camino de definirse” (139-40).

El Ariel Barría que conocí (El escriba de la época post global)

Por eso, en su trayectoria, “Barría Alvarado ha ido creando una línea escritural en pespuntes y visiones, en snapshots y angulaciones del ojo narrativo, que como cámara escondida y siempre presente, nos va documentando la escena post / postmoderna” (Serrano 208).

Ariel Barría, conocedor de los marcos teóricos de la gran tradición de la cultura occidental, toma una posición emplazatoria. Su mirada se detiene en ángulos distintos con el fin de crear en el texto narrativo un caos, una crisis, un mundo al revés, es decir, “mundos de destellos paralelos, espejos múltiples, cosmos mediáticos ... y toda una serie de revisiones, que son las que han dado la entrada a la post / postmodernidad” (Serrano 208).

Los personajes de Ariel Barría habitan cada espacio social, porque desde la cúpula de poder bajan y extienden sus influencias, como interferencias invisibles en la red satelital y, desde allí, se invaden el mundo de lo cotidiano donde habitan los que no deciden. Solo de esta manera, en una especie de texto inclusivo e interactivo, el nuevo escriba puede reescribir los códices y los anales de la historia de este suelo americano, siempre el mismo, siempre diferente.

Mi lectura minuciosa del gran narrador en que se convirtió, me permitió esbozar un juicio que no podía estar desligado de la nobleza de su mente, creadora de mundos: “Este escriba comprende que el pacto nuevo es la mostración y el giro, no el grito. Sabe que las voces de violencia se pierden en el omnímodo mundo del internet y los satélites, y que para lograr el espacio de la reflexión hay que crear ese éxtasis sorprendente que concentra las potencias humanas en un haz, porque la dispersión obnubila y enceguece” (Serrano 207).

Su legado: un reto a la exploración constante

Su voz se adentró en el estudio profundo de la frágil condición humana en este espacio global, cibernético, que a veces nos supera. Con su obra llevó a sus lectores a un punto de crisis de la conciencia, y en el desplazamiento post /postmoderno nos obligó a desplazarnos y a revisar nuestra propia trayectoria en el espacio híbrido –y a veces invisible– de la comunicación humana. Nos emplazó y nos trajo desde el terror y el caos (La casa que habitamos, “El redoble y el sable”) hasta la catarsis, todo con la lucidez de una palabra originaria como el barro del que estamos hechos, una palabra dúctil en sus manos, hasta colocarnos en lo sublime de la experiencia humana (“Al lado”, en Ojos para oír).

El Ariel Barría que conocí (El escriba de la época post global)

Los miles de alumnos que transformó (incluso fuera de Panamá, con su generosidad inacabable), los amigos que ayudó, las familias y la tierra a las que honró lloran hoy por su ausencia física. Quizá nos consuele un poco pensar que, al final de su carrera, sintió que su caminar había valido la pena, y por eso comparto estas palabras escritas a raíz de la publicación de un estudio sobre su obra: “... por obra de Dios, he recibido reconocimientos altísimos en lo profesional que me hacen pensar en eso de la ley de los balances, pero entre todos esos reconocimientos, este tuyo es imponderable.

Consciente soy de que en nuestro medio regional, el escritor es bueno a partir de su muerte, antes se callan sus méritos; no puedo decir que ese es el caso mío, en verdad, la gente en general ha sido generosa conmigo”.

El escriba post / postmoderno de esta tribu vivió signando con su palabra inacabable las experiencias de lo panameño como de lo universal, de lo regional como de lo global, en fin, se aseguró de atestiguar y recoger las vivencias de todos. Pongámonos de pie y convirtamos la mirada reverencial hacia Ariel Barría Alvarado –el ser humano, el amigo y el escritor– en mirada actuante, con la cual, como hizo Ariel sin rendirse nunca, podamos poner en marcha nuevos proyectos (como el de la literatura colectiva, como las iniciativas educativas que nos unan por esta patria, Panamá). Solo así recogeremos su antorcha. Solo así podremos explorar nuevas tendencias en la literatura panameña.

Una vida dedicada a la literatura
Ariel Barría Alvarado

Nació en Las Lajas, provincia de Chiriquí, Panamá, el 23 de marzo de 1959. Falleció en la ciudad de Panamá, el 11 de junio de 2021.

Licenciado en humanidades y profesor de español (Universidad de Panamá, 1987) con un postgrado en docencia superior (USMA, 2012).

Profesor de español y semiótica en la USMA; facilitador en el diplomado en creación literaria de la UTP, y en seminarios literarios y de redacción.

Fue jurado en el concurso literario de la USMA y en certámenes nacionales como el José María Sánchez y el Rogelio Sinán, de la Universidad Tecnológica de Panamá; en el César A. Candanedo, auspiciado por el municipio de David, Chiriquí, y en el certamen nacional Ricardo Miró, del Inac, entre otros. Fue profesor en el diplomado en creación literaria de la Universidad Tecnológica de Panamá.

El Ariel Barría que conocí (El escriba de la época post global)

Formó parte del Consejo Nacional de Escritores y Escritoras de Panamá.

Entre 1973 y 1977 sus cuentos ganaron varias veces el Concurso Literario Intercolegial del Ministerio de Educación, dirigido por la profesora Berta María Cabezas (q.e.p.d.). Obtuvo el segundo lugar en el Concurso Nacional Histórico Literario de 1976. En 1980 mereció el premio 'Panorama Social' de cuentos. Al año siguiente obtuvo el premio 'Pablo Neruda', llevado a cabo por la Escuela de Español de la Universidad de Panamá, así como el premio Universidad en 1987, con la obra “De lodos y dioses”. En 1999 ganó el primer lugar en el Concurso Nacional César Candanedo.

Ganador cinco veces del Premio Ricardo Miró: en 2000 con su novela “La loma de cristal”; en 2006 con la novela “La casa que habitamos” y el libro de cuentos “Ojos para oír”; en 2014 con la novela “Las canciones que el público nos pide”, y en 2015 con los cuentos de “Losa doce”.

La autora

Damaris Serrano

Licenciada en humanidades y profesora de segunda enseñanza con especialización en español por la Universidad de Panamá, donde también obtiene un postgrado en literatura panameña. Magíster en literatura comparada y doctora en filosofía con especialización en estudios culturales hispánicos por Michigan State University.

Su tesis Del 58 al siglo XXI: memoria histórica, espacios y proyecciones de la poesía panameña obtiene el Gil-Chim Lim Award a la tesis doctoral sobresaliente en estudios globales. Ha realizado estudios sobre la enseñanza del español como segunda lengua en la Universidad Antonio de Nebrija, Madrid; y del inglés como segunda lengua en Michigan State University.

Gana el premio Signos de Ensayo Literario Rodrigo Miró Grimaldo en 2000. Además, ha merecido el “Sachse Award” 2001, distinción anual para estudiantes sobresalientes del Departamento de Lenguas Clásicas y Romances de Michigan State University.

Laureada con el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró, sección ensayo, en tres ocasiones (2005, 2013 y 2018) y mención de honor en ensayo sociológico en 2000 y 2004.

Trabajó en el equipo centroamericano de especialistas que publicó el Diccionario de Autores Literarios de América Central (2008) y la enciclopedia Hacia una historia de las literaturas centroamericanas.

Forma parte del comité asesor internacional de la Revista Ístmica de la Universidad Nacional de Costa Rica.

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