Comuna 13, un símbolo de dolor, resistencia y renacer para la población de Medellín

Actualizado
  • 15/11/2023 00:00
Creado
  • 15/11/2023 00:00
En la actualidad es uno de los altos puntos de turismo para los extranjeros, pero su pasado esconde historias de duelo, luchas y peligro
Después de años de violencia, la Comuna 13 se ha transformado en uno de los sitios turísticos más visitados de Colombia.

Al caminar por sus calles, la Comuna 13 demuestra ser un espacio lleno de arte y cultura. Sus paredes bañadas en grafitis y murales cuentan una historia de superación. El arte urbano que rodea cada esquina, acompañado del hip hop, breakdance y su exquisita gastronomía, han hecho que sus habitantes definan una nueva vida para sí, luego de un pasado doloroso que hasta hoy, los persigue.

Una historia llena de violencia

Además de música, comida y artesanías, la Comuna 13 es testigo de un pasado lleno de violencia, una vez conocida por ser uno de los lugares más peligrosos y violentos del mundo. Antes de entender su historia, se debe entender en sí, qué es la Comuna 13.

La ciudad de Medellín está en un valle rodeado de montañas y sus comunas se construyeron de manera informal en aquellas elevaciones. “La Comuna 13 fue fundada por una iglesia y tres casas”, explicó una de las actuales guías turísticas del sitio, de nombre Valentina, a La Estrella de Panamá. “Las personas que habían sido desplazadas de diferentes partes del país por el conflicto con las guerrillas o paramilitares, deciden invadir las montañas y construir sus casas con los diferentes recursos que encontraban como el plástico, la madera o el cartón”.

Réplica de un tanque utilizado en la operación Orión y operación Mariscal en 2002.

Al ser una zona de difícil acceso, el narcotráfico llegó a reinar en sus calles. Narcos como Pablo Escobar reclutaban de ahí a sus sicarios, para quienes la carrera criminal era la única forma de poder mantenerse. La Comuna 13, conocida como 'La cuna de Pablo Escobar', le declaró la guerra al Estado volviéndose el punto cero de una lucha sangrienta entre paramilitares como el ELN, las FARC y los CAP (Comandos Armados del Pueblo), el ejército, los narcotraficantes y por consiguiente, el resto de la población.

Al morir Escobar en 1993, la Comuna 13 quedó al mando de la guerrilla, lo que siguió sembrando la violencia y el terror de la comunidad.

La operación Mariscal y la operación Orión

El año 2002 marcó dos acontecimientos decisivos para la comuna. “El 21 de mayo de 2002 se evidenciaron 17 horas seguidas de enfrentamiento entre la Fuerza Pública y grupos armados ilegales. Las personas salieron de sus casas sujetando pañuelos o sábanas blancas, pidiendo un cese el fuego debido a la gran cantidad de inocentes que perdían la vida”, explicó Valentina.

Mural en representación de la operación Orión que ocurrió el 16 de octubre de 2002.

El segundo acontecimiento ocurrió cinco meses después, el 16 de octubre de 2002, “una fecha que marca un antes y después de la guerra para nosotros”.

La operación Orión se dio a los pocos meses en que Álvaro Uribe había obtenido la Presidencia de Colombia. Queriendo acabar con la guerrilla establecida en la Comuna 13, 1.500 uniformados del Ejército Nacional, la Policía Nacional, las Fuerzas Aéreas y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) abrieron fuego contra las FARC, el ELN y los CAP.

“Estados Unidos también llegó a participar en la operación, disparando indiscriminadamente”, agregó Valentina. “Murieron muchísimas personas, y hasta la actualidad, las familias aún reclaman por sus cuerpos”.

El Centro Nacional de Memoria Histórica detalló que el operativo militar dejó más de 600 víctimas directas entre retenidos, desplazados, heridos, muertos y desaparecidos. Muchos de los cadáveres fueron arrojados en La Escombrera, un terreno de casi tres hectáreas conocida como la fosa común más grande de Latinoamérica.

Las calles de la Comuna 13 se decoran de grafitis y murales que cuentan su historia.
La transformación

Luego de la operación Orión, la Comuna 13 comenzó un periodo conocido por su población como “la transformación”. El sitio donde reinaba el dolor y la violencia, ahora es reemplazado por la música, el arte, el baile y la gastronomía.

La Comuna 13 ahora está formada por líderes ambientalistas, artistas, emprendedores, maestros, madres cabeza de hogar, agentes de turismo y actores sociales que han ayudado a impulsar la comunidad y a prosperar el talento local para alejarlo de la violencia y el narcotráfico.

Al llegar no se hacen advertencias de seguridad, sino de no dar plata a menores de edad ya que como Johanna, otra guía turística de la comuna explicó al diario, “pensarán que es una manera fácil de hacer dinero y no querrán seguir estudiando”.

Sus murales, pintados por artistas locales, cuentan historias de resiliencia y reivindicación. Sus hogares coloridos se deben a un proyecto social llamado “Medellín se pinta de vida” y sus escaleras eléctricas al igual que las líneas del teleférico o Metro Cable se han convertido en un referente de la ciudad que permiten al turista tener mayor acceso a conocer el lugar.

Por las calles se puede disfrutar de sesiones de breakdancing, hip hop, y rap al igual que las famosas arepas y empanadas colombianas. Las paletas de maracumango (maracuya y mango) también han sido de gran agrado y atención para los turistas.

En 2013, Medellín fue denominada como la ciudad más innovadora del mundo y The Wall Street Journal y Citigroup le otorgaron el título de “City of the Year” en reconocimiento al modelo de transformación social de la Comuna 13, a su novedoso sistema de movilidad urbana, su política ambiental, sus centros culturales y sus innovaciones educativas.

Una comunidad en la que una vez mandaba el terror y la violencia, ahora representa un símbolo de resistencia y superación para su población que hasta el momento mantiene su historia en el presente, con el fin de no volver a repetirla.

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