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Del periodismo a la Academia: Modesto Tuñón y su labor por el idioma en Panamá
- 07/09/2026 00:00
Para el periodista y docente Modesto Tuñón su ascenso como académico de la Academia Panameña de la Lengua (APL) este próximo 9 de septiembre supone un amplio significado de por sí ya que, según confió en entrevista con La Estrella de Panamá, “no todo el mundo llega a una Academia de la Lengua”. Su labor desarrollada en diversos ámbitos como el periodismo, la educación y la consultoría es reconocida con la silla R, la cual nunca antes había estado ocupada por un académico.
En cambio, su bagaje académico da cuenta de un infatigable estudio de la palabra hablada y la redacción periodística, teniendo en su haber, por ejemplo, el haber sido egresado de la Maestría en Redacción Creativa del Español de la Universidad de Salamanca (España), además de una maestría en Docencia Superior, así como licenciaturas en Periodismo y en Español por la Universidad de Panamá. En esa misma casa de estudios cursó estudios de Lengua y Literatura Francesas.
Su interés en la comunicación también le orilló a estudiar una maestría en Comunicación Social en la Universidad Nacional Autónoma de México, al tiempo que cuenta con una especialización en Planificación de Proyectos e Investigación de la Comunicación en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina, en Quito (Ecuador), y posee un postgrado internacional en Periodismo de Investigación del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en Cuba.
Autor de obras literarias como ‘Salir de entre las calles’ y ‘Desde cualquier parte’, Tuñón busca centrar sus aportaciones en la silla R no solo en lo que se refiere a la salvaguarda del idioma, en línea con los objetivos de la APL, sino en lo que tiene que ver con el uso del español en los medios de comunicación.
“Yo he trabajado mucho con materiales que tienen que ver con comunicación y periodismo, y eso me hace estar al tanto y ser susceptible a la forma en que los comunicadores, y específicamente los periodistas, se desenvuelven en el medio desde el punto de vista del manejo del lenguaje. Hay fenómenos o casos en la prensa panameña que me preocupan y que yo preferiría que tuvieran un mejor desempeño en el manejo del lenguaje. A veces se confunde y se piensa que el medio va a tener mayor sintonía si se utiliza un lenguaje demasiado coloquial y, a veces, hasta morboso o grosero. Eso se ha convertido en una especie de moda. Fundamentalmente, ciertas emisoras de radio utilizan durante todo el día una forma de lenguaje que es grosera y, a veces, obscena. Eso tiene una particularidad: la gente puede llegar a entender que esa es una forma común de desenvolverse y de comunicarse, y eso no es así. Independientemente de que existen términos que son obscenos o groseros, hay un lenguaje normal, hay una tradición de un lenguaje que está unido a nuestras costumbres. Y esas costumbres ni son groseras ni son obscenas”, resaltó Tuñón.
Acto seguido, el nuevo académico de la silla R en la APL profundizó que el lenguaje refleja la forma de ser el individuo y de los grupos humanos, y de los grupos humanos. “De eso se trata: de que podamos desenvolvernos en una realidad sociopolítica, cultural y religiosa, si queremos decirlo así, utilizando un lenguaje que tienda a unirnos más y no un lenguaje que se utilice en función de agredir a otros como una forma normal de desarrollo de la comunicación”, resaltó.
Por ello, otro de sus intereses apunta precisamente a buscar formas de trabajar con el lenguaje y con las formas de expresión de los periodistas para que los medios de comunicación puedan utilizar el lenguaje de una manera mucho más rica, mucho más amplia y mucho más profunda, tal como era en los tiempos de antes.
“Cuando los medios de comunicación surgieron en Panamá, el periodismo en el siglo XIX y la radio a comienzos del siglo XX, en las primeras décadas del siglo XX, quienes iban a trabajar a los medios eran las personas mejor formadas intelectualmente. Se preocupaban porque, a través de la prensa o de la radio, los medios transmitieran los mensajes de manera adecuada. Los que estaban allí eran gente que manejaba muy bien el lenguaje”, precisó.
A partir de ahí, Tuñón puso un ejemplo. Cuando la Academia Panameña de la Lengua se establece en 1926, un alto porcentaje de sus miembros ejercía funciones periodísticas, si bien había literatos como Ricardo Miró – quien era el secretario perpetuo de la APL – y abogados que conformaban la membresía que también integraban periodistas y comunicadores que, a su vez, ejercían la profesión en algún medio de esa época.
“Entonces, si eso es así, estamos viendo que en esa etapa quienes llegaban a los medios de comunicación eran las personas que mejor manejaban el lenguaje. ¿Por qué ahora quienes manejan el lenguaje de una forma grosera tienen que ser los que dominen la forma de comunicación?”, razonó.
De igual forma, Tuñón hizo hincapié en la importancia de tratar al lenguaje como una herramienta de trabajo fundamental para hacer llegar un mensaje a la comunidad.
“No podemos enredar a la comunidad con formas de manejo del lenguaje que no estén vinculadas con nuestras costumbres. Al contrario, en la práctica cotidiana, los campesinos y la gente común crean palabras adecuadas a una determinada realidad. A medida que esas palabras van adquiriendo una importancia significativa, el grupo, el pueblo, la comunidad, la sociedad las adopta. Y la Academia lo único que hace es sistematizar eso y agregarlo al corpus. De eso se trata. Los medios de comunicación tienen la particularidad de que su trabajo es con el lenguaje. Y qué bueno es que cada medio de comunicación use el lenguaje de la manera correcta, de la manera más adecuada, con la finalidad de llevar los mensajes a la comunidad”, dijo, resaltando que los medios de comunicación tienen que reflejar el espíritu y el perfil de la sociedad.
En cuanto al impacto de las redes sociales y la tecnología en la forma de hacer periodismo, el periodista y docente ponderó que cada momento histórico que presenta un cambio, una irrupción, siempre lleva aparejado un cambio en la cultura.
“A veces no es tanto un cambio, sino una modificación en la cultura. También en la comunicación eso se refleja, porque cuando hay cambios sociales y políticos, los medios de comunicación van a experimentar ese tipo de transformación. Ahora nosotros estamos viviendo una explosión en cuanto a la tecnología, y esa explosión tecnológica nos lleva a superar ciertos problemas que había en la comunicación”, mencionó, citando por ejemplo el efecto que la tecnología tuvo en la agilidad de los procesos de trabajo en los medios de comunicación como la inmediatez en la que circula la información.
Por otro lado, puso sobre la mesa que si bien la inteligencia artificial puede convertirse en un buen instrumento de trabajo para acompañar los procesos – y que ya se está usando en diferentes experiencias, funciones y disciplinas – lo que no puede ser posible en todo caso es que la inteligencia artificial sea la que ‘me vaya a decir la verdad’.
“La comunicación trabaja con acciones humanas. Entonces, no es una máquina la que va a decir si algo es verdad o si algo no es verdad. Ese es el problema que tiene la inteligencia artificial. Uno puede usar la inteligencia artificial como una herramienta de apoyo al trabajo que está haciendo. En comunicación, si necesito una información específica sobre una determinada historia, la historia de un concepto, la historia de una realidad, la historia bélica o la historia de un instrumento bélico, por ejemplo, si quiero saber qué países han trabajado con la bomba atómica, la inteligencia artificial puede darme esa información y yo puedo usarla como herramienta para enriquecer lo que estoy diciendo. Pero yo no le voy a preguntar a la inteligencia artificial si el destino de la humanidad va a estar determinado por la bomba atómica o no, porque me va a dar una respuesta sobre algo que todavía no ha sucedido”, reflexionó.
Tuñón igualmente cree que si bien el raciocinio y la inteligencia humana pueden ser lentos y pueden ser imperfectos, son los únicos capaces de dar la pauta de lo que realmente sucede.
“Si nosotros siguiéramos el ritmo de la inteligencia artificial, llegaría un momento en que no necesitaríamos gente. Necesitaríamos que la inteligencia artificial nos dijera cuál es la respuesta que se tiene que dar en un momento determinado como información. Y cuando lleguemos ahí, ya no vamos a necesitar periodistas, porque será la inteligencia artificial la que dará las pautas de lo que se va a poner en la noticia. Muchas cosas se están haciendo ya. En algunos medios de comunicación se está utilizando la inteligencia artificial para saber, por ejemplo, qué tipo de noticia se tiene que dar o qué tipo de enfoque se tiene que hacer sobre una personalidad o una figura determinada para que al público le llame la atención y vaya al medio a buscar la información. Eso ya se está haciendo. Muchas políticas, por ejemplo, trabajan así con la inteligencia artificial. Incluso la inteligencia artificial puede decir qué es lo que debe decir un político en un momento determinado, de acuerdo con el impacto que va a tener lo que diga. Eso ya se hace. Pero dirigir los conglomerados sociales de esa manera no puede ser eterno ni prolongado. Y ahí es donde la inteligencia artificial tiene un límite. De alguna manera, también está limitando un poco la capacidad de la inteligencia humana”, concluyó.