la condición humana con las palabras, llegamos a más lectores’

  • 26/08/2026 00:00
El periodista y cronista colombiano, que participa este año en la FIL, reflexiona sobre los ‘vasos comunicantes’ de la literatura latinoamericana, el futuro del periodismo cultural, la inteligencia artificial y la importancia de leer para construir criterio

El periodista colombiano Juan Camilo Rincón ha construido su trayectoria entre el periodismo, la literatura y la investigación. Magíster en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia, ha investigado durante años las relaciones entre escritores y países latinoamericanos. Sus libros han abordado, entre otros temas, los vínculos de los escritores argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar con Colombia, así como los intercambios literarios entre su país y México.

En sus investigaciones hay una idea que se repite: la literatura latinoamericana se ha construido también a partir de sus encuentros, influencias y diálogos que se establecen a través del relato mutuo de sus historias. Una idea a la que Rincón hace referencia como esos ‘vasos comunicantes’, los cuales el periodista continúa rastreando entre autores, generaciones y países de Hispanoamérica.

Con publicaciones en medios como ‘El Tiempo’ y ‘El Espectador’, Rincón aborda el futuro del periodismo cultural en tiempos de la inteligencia artificial y la inmediatez, así como el potencial de la literatura latinoamericana para tender puentes entre los pueblos con las historias de cada rincón.

El cronista participará de diversos eventos en la Feria Internacional del Libro tales como su participación en el panel ‘Periodismo y cultura’, realizado en el contexto del Primer Seminario Internacional de Periodismo, así como la presentación del libro ‘El hombre’ del escritor mexicano Guillermo Arriaga y una tertulia con el escritor Jorge Franco.

Eres periodista y magíster en Estudios Literarios. ¿Cómo ha influido tu formación y experiencia periodística en tu manera de investigar y escribir sobre literatura?

Hago una combinación muy interesante entre periodismo y literatura. Mi trabajo de investigación está muy cercano al ámbito académico. Siempre he realizado investigaciones en archivos públicos y privados, profundizando en temas relacionados con la literatura hispanoamericana, pero no me quedo ahí.

Gracias al periodismo, durante años he buscado que, tanto en los textos que publico en medios de comunicación como en mis libros, el lenguaje sea cercano y amigable, de manera que toda esa información llegue a las personas de una forma sencilla, pero con un gran bagaje de investigación detrás.

Eso es muy importante. El tema de los estudios literarios también me ha ayudado muchísimo a utilizar herramientas de la ficción para narrar mejor: trabajar con un mejor narrador cuando es necesario, profundizar en determinadas partes de la investigación, manejar mejor los tiempos o representar y entender mejor a los personajes.

Pero siempre teniendo claro que lo que hago es no ficción, es decir, que mi trabajo se basa en hechos reales. Y eso implica ser profundamente estricto con el tema y con las reglas del periodismo. Eso sí, siempre.

Gran parte de tu trabajo se centra en la literatura hispanoamericana. ¿Qué temas o tendencias consideras que marcan actualmente la producción literaria de la región?

Hay algo que me llama mucho la atención: en América Latina se está produciendo una evolución en diferentes aspectos y, de cierta forma, las tendencias apuntan hacia elementos específicos que no solo vemos en nuestra región, sino también en el resto de la literatura, especialmente en Occidente. Pero, centrándonos en la literatura hispanoamericana, hay un trabajo muy fuerte e interesante alrededor de la literatura LGTBIQ+. Podemos pensar en autores como el colombiano Giuseppe Caputo o la catalana Fer Rivas.

Has dedicado libros a figuras como Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. ¿Qué crees que siguen aportando estos autores a las nuevas generaciones de lectores?

Este año se conmemoran los 40 años de la muerte de Borges, y resulta muy interesante porque es un autor que sigue vivo y presente dentro de la literatura. Hace poco hablé con el escritor argentino Alan Pauls sobre la importancia de Borges y su influencia, y es evidente que sigue estando presente. Lo mismo ocurre con García Márquez, que continúa siendo leído por las nuevas generaciones.

Son autores que siempre nos recuerdan cuáles son los caminos de la construcción literaria. También está Julio Cortázar, aunque de una manera distinta.

Cortázar nos enseña y nos recuerda la importancia de jugar con la literatura, de alimentarnos de ella y de reconstruirnos a través de la escritura. Eso es algo que encuentro también en muchos autores y autoras, tanto de ficción como de no ficción: la posibilidad de jugar con los narradores, de utilizar las diferentes herramientas y elementos de la escritura, y de construir, desarrollar y transformar la literatura a partir de esas posibilidades de juego.

En obras como ‘Colombia y México: entre la sangre y la palabra’ exploras los vínculos culturales entre países y personajes. ¿Qué te atrae de estas conexiones históricas y literarias?

Mi trabajo siempre ha estado relacionado con contar la relación de Colombia con muchos países. En el caso de Borges y Cortázar, por ejemplo, mi investigación estuvo vinculada con Argentina. Gané una beca de investigación de la Presidencia de la República Argentina para trabajar sobre el tema de Sábato en Colombia.

Luego trabajé la relación entre Colombia y México, que siempre me ha llamado mucho la atención, especialmente por el tema de las investigaciones, las relaciones y los vasos comunicantes que existen entre los países hispanoamericanos, y por cómo se han ayudado y retroalimentado en la construcción de sus obras.

Te voy a poner un ejemplo: García Márquez leyó los cuentos de Jorge Luis Borges cuando era muy joven, y esa lectura le ayudó a pensar una determinada forma de construcción literaria.

En este momento acabo de publicar en Colombia, junto con Natalia Consuegra, ‘Navegaciones y Viajes Fieros’, sobre los artistas e intelectuales que visitaron Colombia durante el siglo XX. Además, acabo de ganar una beca de investigación sobre los 100 años de la Generación del 27, específicamente sobre los grandes escritores de esa generación española que estuvieron relacionados con Colombia.

Y aquí hay algo interesante: no se trata solamente de quienes vinieron físicamente al país. Estuvieron, por ejemplo, Pedro Salinas y Rafael Alberti, pero Federico García Lorca también tuvo una relación con Colombia a través de la correspondencia que mantuvo con un escritor colombiano muy importante, Jorge Zalamea.

A mí me gusta mucho ese concepto de los vasos comunicantes: cómo nos retroalimentamos, cómo aprendemos unos de otros y cómo se construyen esas relaciones entre las literaturas de nuestros países.

Y esto no ocurrió solamente hace 100 o 50 años. También sucede en este momento. Es muy interesante ver cómo determinados espacios han generado y siguen generando esas conexiones.

En tiempos de redes sociales e inteligencia artificial, ¿qué lugar ocupan la crónica y el periodismo cultural?

Primero que todo, las redes sociales han sido un espacio para desarrollar el periodismo cultural y, especialmente, el periodismo literario.

¿Qué ha pasado? Los medios impresos tradicionales comenzaron a desaparecer y muchas revistas culturales también dejaron de existir. En algunos países, además, cultura y entretenimiento terminaron ocupando el mismo espacio dentro de los grandes medios de comunicación. Esto genera un inconveniente importante porque la literatura poco a poco ha perdido presencia: hay menos pauta en los medios tradicionales y, por lo tanto, menos espacios para desarrollar temas culturales y, especialmente, literarios.

Sin embargo, los medios digitales han abierto otros espacios para hablar de literatura. Hoy existen podcasts y proyectos de conversación literaria muy fuertes. Está ‘Grandes Infelices’, de Javier Peña; está ‘El Club de los Cinco’, que realizo yo; y está ‘Paradero’, de Camilo Hoyos. Son espacios que han permitido que el periodismo literario encuentre nuevas formas de expresión en los medios digitales.

Creo que lo que tenemos que hacer es cambiar la forma de conversación: pasar del concepto tradicional de la radio a los formatos digitales, especialmente al podcast. Eso me llama mucho la atención.

Ahí aparece también otro tema: la inteligencia artificial (IA). Para mí, la IA todavía es una herramienta. No creo que en este momento se pueda construir una obra literaria únicamente con estas herramientas, porque todavía les falta ese componente humano que tenemos los escritores, tanto de ficción como de no ficción, y que permite acercarnos al lector, hacerlo sentir y generar una conexión más íntima.

Si pensamos en la IA como una herramienta, creo que puede ser muy útil para muchos campos. En áreas como las matemáticas, la contabilidad y otras disciplinas ha funcionado muchísimo. Pero considero que, en las artes, todavía está muy lejos de marcar la pauta.

Hay autores que ya han dicho que han trabajado con inteligencia artificial, pero incluso en esos casos no pueden dejar de ser humanos. Ese componente humano es el que le da sentido, forma y estructura a un texto.

¿Qué consejo le darías a los jóvenes que desean dedicarse a la escritura, la investigación literaria o el periodismo cultural?

Yo creo que lo primero es leer. La lectura es esencial para crear criterio.

Hay algo que he pensado toda la vida: existen cientos de miles de libros que son obras maestras y, por más esfuerzo que haga durante esta vida, nunca voy a poder leerlos todos. Siempre va a faltar un libro, una obra maestra que no haya leído.

Por eso, lo que les digo a los jóvenes es que no entren en angustia. Lean las cosas que les llamen la atención, que les marquen el corazón y que les den sentido.

Si hay un libro que todo el mundo dice que es increíble, pero en ese momento no les dice nada, déjenlo. Tal vez en el futuro los marque o los llame. Cada libro tiene su momento específico para llegar al corazón.

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