‘Las nubes más brillantes’: el mar, la memoria y la materia en la nueva obra de Iván Blasser

  • 22/08/2026 00:00
La exposición, que se presenta en la galería Mateo Sariel, reúne fotografía, collage, metal, madera y objetos encontrados en una exploración intuitiva sobre el paso del tiempo, la memoria y la transformación de las imágenes al paso del tiempo

Hay obras que nacen de una idea preconcebida y otras que aparecen durante el proceso. ‘Las nubes más brillantes’, la nueva exposición de Iván Blasser, pertenece a la segunda categoría.

La muestra —que se puede observar por estos días en la galería Mateo Sariel— surge de una exploración espontánea en el estudio, en la que el artista comenzó a jugar con diferentes materiales, bastidores, imágenes, metales y superficies sin tener completamente definido hacia dónde iba a llegar el trabajo que estaba en proceso. Blasser descubrió en el interín que los propios soportes —como el metal de los camiones tipo ‘mula’ que se aprecia en varias de sus obras— podían adquirir protagonismo y convertirse en algo más que el lugar donde se coloca una imagen.

“No hubo un plan, no hubo un croquis, no lo dibujé, no lo pensé”, explica Blasser al recordar el origen de una de las primeras piezas de la serie. Un pedazo de metal incorporado casi accidentalmente a un bastidor terminó revelándole un camino que luego se convertiría en el lenguaje de la exposición.

El resultado es un conjunto de obras en las que la imagen fotográfica ya no ocupa necesariamente el centro. En palabras del artista, los bastidores “se fueron comiendo las imágenes”. Lo que antes funcionaba como soporte terminó convirtiéndose en obra.

Blasser explicó a La Estrella de Panamá que el punto de partida de su trabajo – que se exhibe en una exposición curada por Jonathan Harker - se encuentra en el collage y el engrudo, pero también en el llamado ‘palimpsesto urbano’, tal como se le conoce al conjunto de materiales como las capas de afiches, anuncios, grafitis y materiales que cubren las paredes de las ciudades y que, con el paso del tiempo, son deteriorados por la lluvia, el viento y el sol.

Ese deterioro no representa para el artista una imperfección que deba corregirse. Al contrario, se convierte en una fuente estética digna de convertirse en arte. Las vetas de la madera, el óxido del metal, las superficies desgastadas y los materiales aparentemente inacabados adquieren una nueva dimensión si se los mira con otro prisma que esté situado más allá del mero deterioro.

“Quizás lo que tú llamas ‘inacabado’ es el acabado”, señala Blasser en una de las frases que se desprenden de la conversación sostenida con Harker y que está incluida en el material de la exposición.

Cuando el soporte se convierte en protagonista

Uno de los cambios más significativos respecto a trabajos anteriores es precisamente ese desplazamiento de la imagen hacia el objeto.

Blasser comenzó trabajando con fotografía, tanto comercial como editorial y callejera. La observación de afiches deteriorados, vallas antiguas y superficies descascarilladas lo llevó progresivamente a preguntarse cómo una imagen podía convertirse en objeto y, al mismo tiempo, cómo un objeto podía transformarse en imagen.

En ‘Las nubes más brillantes’, esa búsqueda llega a un nuevo punto. El bastidor deja de ser un elemento secundario y adquiere una autonomía propia. La imagen permanece, pero muchas veces como un rastro, como la huella de algo que estuvo allí y que aparentemente desapareció.

De ahí que los vacíos también tengan un papel fundamental. El artista compara esos espacios con los silencios en la música: aquello que no está puede ser tan importante, o incluso más que aquello que ocupa la superficie.

Asimismo, el mar atraviesa buena parte del universo creativo de Blasser. Así como Playa Teta adquiere un lugar especial en el corazón de Harker, así lo es la playa de Morrillo (Veraguas), en la que colecciona momentos y experiencias. Esa misma sensación se la brindan las playas estadounidenses y caribeñas como las de Florida y Jamaica, respectivamente. Ellas forman parte de un archivo visual que el artista ha ido construyendo durante años como un refugio personal y su espacio de creación.

El agua también tiene para Blasser una dimensión íntima. Practicante del surf, reconoce el mar como un espacio de conexión y una fuente permanente de inspiración e información visual. En sus obras aparecen, de manera directa o transformada, elementos asociados a ese universo: arena, palmas, rocas, conchas, semillas, islas y nubes.

Del collage al metal

La experimentación que caracteriza la muestra también incorpora el metal. Blasser lo describe como ‘el sol plasmado en la tierra’: un material que puede reflejar la luz, calentarse, oxidarse y adquirir nuevas tonalidades.

El proceso de oxidación se convierte así en una herramienta artística. El artista expone el metal al oxígeno, utiliza agua de mar y arena y permite que aparezcan texturas y trazos producidos por el paso del tiempo.

La oxidación introduce otro concepto central de la exposición: la entropía. Entendiendo este concepto, se deduce que a medida que la imagen desaparece, los objetos que la sostienen adquieren mayor presencia. La madera, el metal, el papel, la goma y otros materiales terminan funcionando como espacios donde se acumulan historias.

Buena parte del proceso creativo de ‘Las nubes más brillantes’ se desarrolló sin bocetos previos. Blasser habla de ‘jugar’ con los materiales y de reconocer el momento en que una combinación funciona.

Esa intuición está presente en obras como ‘As The Day Dissolves’ (‘Cuando el día se disuelve’, en inglés), que nació precisamente de la incorporación espontánea de un fragmento metálico a un bastidor.

El artista también trabaja con materiales encontrados y objetos vinculados a la cultura del souvenir como cortinas o toallitas, particularmente aquellos que encuentra durante sus viajes por zonas costeras. Una cortina de bambú adquirida originalmente para su baño terminó formando parte de una de las piezas de la exposición.

La incorporación de estos elementos responde a su interés por objetos que parecen extraños, artificiales e incluso kitsch, un término que alude a un tipo de relación estética del ser humano con las cosas o con el ambiente, pero que adquieren una nueva lectura cuando son trasladados al espacio artístico.

En cambio, el título de la exposición también nació de una coincidencia vinculada con la música.

Blasser ya había decidido llamar a la muestra ‘Las nubes más brillantes’ cuando el curador Jonathan Harker le recordó una frase de la canción ‘Vuelta por el universo’, de Gustavo Cerati y Daniel Melero: “Nuestras almas al flotar son las nubes más brillantes”.

La música terminó convirtiéndose así en un hilo conductor de la exposición. Harker y Blasser recurrieron a las letras de ‘Vuelta por el universo’ y ‘Spinning Away’, de Brian Eno y John Cale, para encontrar los nombres de varias de las obras, y esas canciones son las mismas que suenan en una radio FM que se encuentra en la entrada de la galería como una especie de abrebocas para el espectador.

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