Las cámaras de videovigilancia del Centro de Operación Nacional captaron el momento en que ocrurrió el accidente que dejó 27 personas heridas.
- 09/10/2015 02:00
‘Manos de piedra Durán, un K.O. musical' (obra que estará en cartelera en el Teatro Balboa hasta el este domingo 11) trata, como lo dice su nombre, sobre Roberto Durán Samaniego, el máximo campeón que ha tenido el boxeo panameño y latinoamericano; pero también es un reconocimiento a uno de los personajes con los que la memoria colectiva ha sido más ingrata: Cándido Natalio Díaz, ‘Chaflán'.
Irónicamente, el encargado de encabezar este merecido acto de redención es otro personaje que, posiblemente, no ha sido valorado como se debería: Marko, quien —sin más truco de magia que el clásico gorrito de marino que usaba Chaflán y un actuación inocente, sincera y natural— le da el valor que se merece a un personaje que no solo murió atropellado en Los Andes por un bus el 20 de julio de 1979 (tenía solo 46 años, pues nació en 1933); sino, también, por el paso del tiempo.
¿QUIÉN ERA?
‘Recuerdo a Chaflán, ya que era un personaje callejero popular y todo el mundo lo conocía en el Panamá de ayer.... Solo los viejos lo podrán recordar y para el público joven será un desconocido', comenta Marko sobre el personaje que desarrolla.
Reflexión cruel pero sincera. Sobre todo porque, aunque el campeón diga lo contrario, Durán jamás hubiera sido ‘Manos de piedra' si no se hubiera encontrado a Cándido Natalio en su camino.
Para una publicación que hizo este diario en el 2013 sobre Cándido Díaz, Gustavo Gutiérrez — uno de los tantos muchachos que creció en el barrio y asegura haber conocido a ‘El Cholo' cuando era un niño— comentaba que ‘ante la ausencia de un padre, Chaflán ocupó ese papel. Él le enseñó sus primeros ejercicios'.
El propio púgil consideró esta declaración exagerada y, el mismo día que fue publicada, la negó. Según el excampeón, ‘la gente está equivocada. Nunca tuve una unión con Chaflán como la gente piensa. Yo era uno más del montón que andaba detrás de Chaflán'.
Quizás no eran uña y mugre como se puede pensar, pero de que Chaflán influyó en la formación del futuro campeón no hay forma de negarlo: ‘en los pinitos boxísticos de Durán, Chaflán lo ayudaba en sus entrenamientos', decía Pedro Quintero un buhonero que tiene su puesto frente al Santo Tomás y que asegura que fue vecino de Cándido.
‘A mí nadie me enseñó a boxear, yo nací para ser boxeador. Y si alguien me enseño a boxear fue un señor llamado 'Plomo Espinosa' y, luego, Sammy Medina', aseguraba Durán.
Sin embargo, hay algo que no se puede negar: ‘Manos de piedra' vio en Chaflán algo más que un loco o un payaso que no hacía más que morisquetas en la calle para sobrevivir, vio un amigo: ‘Fui el único que le dio su valor a Chaflán y lo llevé al extranjero', comentaba ‘El Cholo' en noviembre del 2013 a este periódico. ‘Un día yo estaba en el gimnasio y llegó Chaflán y me dijo: 'cuando consigas una pelea de campeonato mundial, yo quiero que me lleves'. Yo le respondí que sí, que lo iba a llevar. Cuando conseguí la pelea, lo llevé porque era mi amigo y me caía bien'.
MUCHO MÁS QUE DURÁN
Pero limitar a Chaflán a la vida de Roberto Durán es una afrenta con este personaje.
Comentaba el escritor Manuel Orestes Nieto que ‘Chaflán no es un eco de Durán, Chaflán no es un episodio de la vida de ‘Manos de Piedra'; sino al revés'.
Más allá de la relación Durán-Chaflán, Daniel Gómez Nates, escritor del libreto de ‘Manos de piedra Durán, un K.O. musical', deja algo en claro: Chaflán es el reflejo de una ciudad que ya no existe, de un Panamá a la que se la han comido el cemento, los tranques y la inseguridad. Donde ya no todos son conocidos y la desconfianza en el prójimo se ha apropiado del ambiente.
Olga Cárdenas, dirigente chorrillera, comentaba en su momento: ‘A Chaflán le gustaba mucho andar con niños a quienes ponía a estudiar, a que hicieran deportes. Él se iba, desde Calle 27 El Chorrillo, hasta la avenida Central, lo que hoy es La Peatonal. Allá se ponía a hacer malabares y morisquetas y la gente le daba algo de dinero. Con eso es que sobrevivía día a día'.
Gustavo Gutiérrez, añadía: ‘También hacía sus espectáculos afuera del gimnasio de El Marañón, donde hoy está el Mercado del Marisco, y en la playa de avenida Balboa, en la cual uno podía aún bañarse'.
Hoy en día, si un adulto se encuentra rodeado de niños que no son sus hijos, ¿qué pensaría la gente ? Seguramente que explota a los chiquillos y que quién sabe para qué suciedades los tiene a su lado. ¿O no?
CHAFLÁN ES PANAMÁ
Cándido Natalio Díaz está presente en prácticamente todo el musical aún después de su muerte en la historia. Y es muy simple entenderlo: Chaflán es El Chorrillo, Chaflán es el barrio.
‘Era un sobreviviente del barrio que llegó a hacer miles de cosas: vendía periódicos, legumbres, especies; todo tipo de artefactos, collares y pulseras, por mencionar algunas. Su familia, inclusive, tenía un pequeño puesto en Salsipuedes', recordaba César del Vasto.
Por más millones que ganara, por más países que conociera, por más grande que fuera, Roberto Durán nunca dejó de ser el niño que lustraba zapatos y vendía periódicos para sobrevivir. ‘El Cholo', ‘Manos de piedra' , tantos años después, luego de ganarse un sitial en el Olimpo del boxeo, sigue siendo como ese panameño que sale a trabajar todos los días y que solo desea juntar un par de ‘reales' para llevar la comida a la casa y que sueña con que sus hijos tengan un destino más benevolente que el suyo. Durán es ese panameño que se sienta en la calle una calurosa tarde de domingo a ‘pintear', comer pesac'o frito con patacones y jugar dominó. Y eso también fue Chaflán. Por eso la imagen de uno estará eternamente vinculada a la del otro.
A RobertoDurán la historia ya le ha dado su lugar; al parecer, a Chaflán, el arte ahora le está haciendo justicia.
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‘Fui el único que le dio su valor a Chaflán y lo llevé al extranjero... lo llevé porque era mi amigo y me caía bien',
ROBERTO DURÁN
EXCAMPEÓN MUNDIAL DE BOXEO