El juguete mágico

  • 11/05/2014 02:00
A sus 40 años el cubo de Rubik ha demostrado ser uno de los artefactos más admirados por artistas, diseñadores, científicos y matemáticos

El cubo de Rubik es considerado por muchos el juego contemporáneo más popular del siglo XX, por encima del yo-yo y el hula-hula. Y ese puesto se lo ha forjado no solo por ser un objeto de diversión que cuenta entre sus asombrosas cifras haber vendido 350 millones de ejemplares en cuatro décadas, ni porque le hayan abierto las puertas en los grandes museos de arte moderno. El punto crítico es, quizá, que el invento de Rubik encierra simultáneamente los conceptos de genialidad y frustración.

El propio Erno Rubik, el profesor húngaro que lo diseñó, cree que su universalidad radica precisamente en su naturaleza contradictoria: cualquiera con sentido común puede intentar resolverlo, pero muy pocos lo logran de manera intuitiva. ‘Es un juguete pero también un acertijo que ha inspirado a la sociedad en muchas áreas’, señala Paul Hoffman, director del Liberty Science Center, de Nueva Jersey, que organizó una gran exhibición para celebrar el cumpleaños número 40 del cubo.

DE DESCONOCIDO A MULTIMILLONARIO

Nada de este futuro glorioso pasó por la cabeza de Rubik en 1974. En ese entonces ganaba 200 dólares al mes como profesor de diseño y su motivación era demostrar que una estructura en tercera dimensión podía mover sus partes de forma independiente sin desbaratarse. Con cubos de madera, cable y un par de clips creó el prototipo, pero solo comprendió que se trataba de un interesante acertijo cuando cada uno de los pequeños cubos que lo conforman se desorganizaron y no tuvo idea de cómo volverlos a poner en su lugar.

Luego de patentar el invento, el reto más grande fue convencer a sus posibles comercializadores de que el juego se podía resolver. El mismo Rubik tardó un mes en lograrlo. Finalmente se lanzó en Hungría en 1977 y en 1980 en Estados Unidos y Europa, donde generó un furor sin precedentes. Rubik se convirtió en una celebridad que recibía regalías mensuales por 300 mil dólares, lo que lo llevó a convertirse en multimillonario en su país.

HERRAMIENTA EDUCATIVA

Aunque la popularidad del cubo se desvaneció, en los últimos años ha logrado conquistar públicos más jóvenes. Esto no habría sido posible sin internet, desde donde los fanáticos del juego han compartido a través de videos las instrucciones para resolverlo. Solo en 2008 se vendieron 15 millones de ejemplares, un aumento vertiginoso en las cifras que el año anterior habían registrado apenas tres millones.

Anthony Brooks es uno de ellos. Nació en 1983 en pleno auge del cubo, y aunque se interesó en el juguete desde muy pequeño, como la mayoría, lo abandonó por la frustración de no poder resolverlo. Solo a los 14 años redescubrió su magia. ‘Un amigo de bachillerato me enseñó a solucionarlo y seguí practicando. Desde que escuché sobre las competencias he estado involucrado en el tema’, le dijo a SEMANA. Su récord está entre 8 y 9 segundos en 45 movimientos. Ese número fue superado en 2013 por el holandés Mats Valk, quien logró la hazaña en 5,5 segundos. Como el reto es resolver el acertijo en el menor tiempo posible, los cubos de hoy se fabrican para que el roce entre las partes sea mínimo. La mayoría de estos artefactos son copias chinas que le drenan a SevenTowns, dueña de la licencia, 500.000 dólares al año en costos legales para proteger la marca.

Gracias a ese nuevo aire, cada dos años la Asociación Mundial de Cubistas organiza una competencia en la que jugadores de muchos países participan en varias modalidades: armarlo con una mano, con los ojos vendados o con los pies.

El cubo ha sido utilizado por educadores para fomentar la confianza entre los niños. ‘La sensación de seguridad cuando un estudiante lo resuelve sin guía les hace cambiar su disposición frente al estudio’, dice Scott Mercer, director de la campaña que busca introducir estos juguetes en las aulas de clase de los colegios de Nueva York.

Su referencia en la cultura popular también es inmensa. En la película The Pursuit of Happiness , sobre un brillante pero desafortunado personaje, Will Smith, el actor que lo interpreta, soluciona el acertijo en menos de dos minutos.

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