Las cifras forman parte de las proyecciones de la cartera agropecuaria del Banco Nacional de Panamá, donde existen unos 5,400 productores activos. El banco...
- 09/08/2015 02:01
Es tan íntima la música de autor, tan próxima… y hay que ser valiente para entregarse de esa forma, para dejar un pedazo de lo que eres entre letra y música: esas dos orillas que trazan el cauce por el que navega el cantautor.
Es linda esa palabra. ‘Cantautor', así, una sola, que encierra sentimientos y melodías que recogen historias de luchas y sueños. Una sola, así, pegada: porque quien compone letra y música, cada vez que la interpreta se confiesa y vuelve al punto de partida, a ese momento personal en el que melodía y palabra se hicieron una.
Pero, ¿el cantautor musicaliza poemas o descubre palabras en los acordes? ¿Puede separarse una cosa de otra? ‘La música sostiene sobre el abismo a la palabra', escribió la gran escritora y filósofo española, María Zambrano. La palabra es vibración, el susurro de un amante; la voz de la madre: música. Y es que la musicalidad es su componente indisociable: cantamos historias, van de la mano, música y letra, vibración y significado.
Crecí con Joan Manuel Serrat, ese gigante que nos sigue acompañando y jamás deja de sorprendernos. De la mano de Serrat, viajamos en un ‘Barquito de papel', quisimos tener un ‘Tío Alberto', nos acercamos a esa forma de ser del ‘Mediterráneo'. Bastaban Serrat y su guitarra para ponerle música a nuestros sentimientos, o palabras a las emociones: para cantarle a una generación entera.
Muchas veces, a la música de autor de entonces, se le conocía como ‘Música de protesta'. Eran los turbulentos años '60 y '70, y estos trovadores, además de poetizar sobre sus vidas, cantaban lo que muchos no podían decir: gritaban a los cuatro vientos palabras transgresoras que desenmascaraban la hipocresía, las injusticias de nuestras sociedades y regímenes políticos; o acaso más quedo y entre líneas, aunaban pueblos y sembraban esperanzas.
Hoy día, el diccionario define a un cantautor como ‘un cantante, generalmente solista, que suele interpretar sus propias canciones en las que destaca su contenido crítico o poético.' La tradición es larga, porque el hombre siempre se ha valido de la música para contar historias. Ya desde la Edad Media, los trovadores viajaban de ciudad en ciudad poniéndole música a sus poemas de amor, a sus luchas y vivencias: a su visión del mundo.
Serrat, Luis Eduardo Aute, Joaquín Sabina, en España; la música folk de Joan Baez, Patti Smith y Bob Dylan en los Estados Unidos; la Nova Trova cubana, con Silvio Rodríguez o Pablo Milanés; Mercedes Sosa, Victor Jara, Violeta Parra o Facundo Cabral hacia el sur, por mencionar apenas algunos nombres, con toda esa individualidad que les reservó un sitio en la historia musical, representaban más que la voz de una persona: eran la voz de todos, el clamor de los olvidados. Develaban injusticias, le cantaban a la paz, abriendo pequeños resquicios de esperanza en tiempos oscuros.
Panamá también tiene lo suyo, y muy bueno. No debe sorprender que surgiera un movimiento fuerte de cantautores en las décadas de los '70 y '80: Luis Franco, Anselmo Mantovani, Rubén Blades, Alejandro Lagrotta, Romúlo Castro y su grupo Tuira son algunos de los nombres que han marcado la senda.
LOS LLAMADOS AL RELEVO
Un movimiento que ha ayudado a fortalecer y agrupar a los cantautores nacionales ha sido ‘Tocando Madera'. Fundado en el 2004, el colectivo busca promocionar y dar a conocer la música de autor a nivel nacional e internacional. Muchos han unido esfuerzos para que esto se logre. Una figura clave ha sido Yigo Sugasti, además de Carlos Méndez, Lilo Sánchez, Cienfue y otros muchos que buscan darle a este género el sitial que se merece. La nueva cosecha viene con todo: un grupo solidísimo de músicos y compositores con una voz propia. Mencionarlos sería arriesgarme a dejar por fuera a gente valiosa. Basta ver las giras y conciertos que organiza ‘Tocando Madera' para confirmar que tenemos talento, y del bueno.
En el 2015 Panamá ha sido escenario de grandes: hace poco Joaquín Sabina y, en febrero, el extraordinario cantautor uruguayo, Jorge Drexler. Este lunes 10 de agosto, en el Ateneo de la Ciudad del saber, gracias a la gestión de Tocando madera y la Embajada de Chile, el público panameño tendrá la oportunidad de escuchar a dos poetas de la música: el reconocido cantautor y multinstrumentalista chileno, Nano Stern, seguidor de la gran tradición de la Nueva Canción chilena, y otro grande del patio: el poeta y cantautor, Javier Medina Bernal.
Que mejor forma de describir esta música que en palabras del mismo Nano, ‘a medida que soy capaz de vibrar fuerte, otras personas sentirán esa resonancia. Si es intensa, vibrará todo junto a su alrededor. Al final, eso es la música… uno de los más grandes misterios'.
Ya nos dijo Rómulo Castro en su ‘Rosa de los Vientos' que ‘cada uno lleva encima la huella de sus sueño'. Mientras el hombre sea hombre; mientras hayan amores y desamores, existan las esperanzas y algo por qué luchar, alguna voz, en algún lugar del mundo, entonará poemas de esos que te mueven el piso y te llegan al alma, haciéndote sentir que no estás solo, que esa canción es para ti… y para todos, porque en ese instante eterno, somos hermanos.
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TOCANDO MADERA
El movimiento Tocando Madera, nace con el fin de consolidarse como escenario que promueve la canción de autores panameños poco reconocidos a nivel nacional e internacional. Sus presentaciones se dan en lugares de entretenimiento, culturales y hasta en espacios alternos como hospitales, centros de reclusión, escuelas, plazas y más.